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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 22 de junio de 2010

Un amor entre las estrellas capitulo 12

12º- Vuelta a casa

Llegaron al poblado, donde todos los miraron sorprendidos al cargar el Keiwe. Se lo pusieron delante a los ilaris que los miraron con asombro. Se pusieron a hablar con Melín y Aileen, ellos sabían que mientras debían esperar.

Les mandaron sentarse enfrente, y los miraron con mucha atención, sentían como si les fueran a atravesar con la mirada. Pero el ilari de ojos negros y expresión amable, no hacía más que mirarlos.

No era expresión desafiante, sino más bien de admiración o respeto, eso los estaba extrañando demasiado. No entendían esa expresión en su mirada, aunque era mejor que las miradas furiosas de Ashtar.

Al fin, tras un rato de incertidumbre y de no saber lo que pensar, Aileen y Melín les cogieron las manos para poder comunicarles la decisión de los ilaris. –Ellos están sorprendidos, no creían que siendo humanos pudierais cazarlo.

-Bueno, es que valemos bastante más de lo que pensáis. –dijo Pedro muy orgulloso de sí mismo.

-Nos ayudarán a ir a La Tierra, pero os habéis ganado su respeto. Nos ofrecen su ayuda si alguna vez la necesitásemos. –contestó mentalmente Melín.

-Dale las gracias de nuestra parte. –dijo Cristian.

Melin se giró y les habló de nuevo en ese idioma, Cristian y Pedro supusieron que esos sonidos significaban “gracias” en su lenguaje. Pero Pedro estaba algo indignado en ese sentido. – ¿Las gracias por qué? Encima que nos echan…

-No seas desagradecido. Podían habernos matado y sin embargo van a ayudarnos a volver.

-Vale, vale, no me des sermones… -se quejó Pedro.

Según indicaron Melín y Aileen, se tumbaron en el suelo, todos juntos. Los ilaris formaron un círculo a su alrededor y empezaron a hablar en ese lenguaje. Ellos estaban algo desconcertados.

Cristian miró a Melín algo preocupado, no sabían lo que sucedería a partir de ese momento. –Tranquilo. –dijo cogiéndole la mano. –Dirán el conjuro y nos teletransportaremos. Deben decir el conjuro ya que La Tierra está muy lejos.

Él tan solo asintió y le dedicó una sonrisa a su preciosa Melín. Entonces recordó que dijeron que debían hacer un conjuro para que los humanos no las vieran extrañas, y pensó que no sabía qué aspecto tendría. – ¿Cómo te veré allí?

-Como me ves aquí pero los rasgos de humanos. Seré muy parecida. –respondió apretando su mano para transmitirle fuerzas.

Entonces cerró los ojos, con la mano entrelazada con la de Melín. Pedro cogió la mano de Aileen y también cerró los ojos. Ambos recordaban que no era demasiado agradable el teletransporte, y menos si era una larguísima distancia, sería peor aún.

Cristian abrió ligeramente los ojos y vio cómo todo empezaba a desdibujarse y los colores a mezclarse. Sabía que ya había empezado así que cerró los ojos. El estómago parecía que se le saldría por la boca, sentía que su cuerpo no estaba apoyado en el suelo si no que levitaba.

Era una sensación rara, pero no estaba mal una vez que te acostumbrabas. Pasado un rato, no supieron cuanto, empezaron a notar algo bajo su espalda, empezaban a estar apoyados sobre algo duro y rígido.

Abrió lentamente los ojos y allí se encontró a una chica muy hermosa, con esos preciosos ojos de Melín, la piel blanca y lisa, ligeramente sonrojada en los pómulos pero hermosísima. – ¿Melín?

Se levantó para verla mejor. Se dio cuenta de que si la consideraba hermosa, ahora la veía mucho más hermosa. Pues ella era una criatura bella, pero teniendo apariencia de humana lo era más, ya que no existían humanas tan lindas y preciosas.

Ella sonrió, se acercó a él, y le besó. Él siguió encantado ese beso tan dulce y suave. –Soy yo.

-¿Ahora ya puedes hablar?

-Tú enseñar. –dijo ella.

Se quedó algo sorprendido, pues miró a su alrededor y reconoció el lugar, se encontraban en casa, en su casa. ¿Cómo sabían dónde vivían? Era algo inexplicable, pero agradecía que los hubieran dejado allí.

Miró a su lado, y estaba Pedro abriendo los ojos junto a Aileen. Él nunca la había considerado tan guapa como a Melín, pero reconocía que como humana era bastante bonita y hermosa.

-Hermanito, nos dejaron en casa. –dijo Cristian.

-Ya lo veo. Pues casi mejor, así nos ahorramos un viaje. –contestó levantándose.

Echaron un vistazo y todo estaba igual que cuando se habían marchado, ya había pasado mucho tiempo así que todo estaba cubierto por una buena capa de polvo. Pero Melin y Aileen estaban asombradas por tantas cosas.

Lo miraban todo con detenimiento, investigándolo. Y Cristian pensó que podían empezar a enseñarles las cosas de La Tierra. Se acercó al equipo de música y lo encendió, comenzando a sonar música.

Ellas se asustaron al escuchar de repente el ruido, pero se calmaron en seguida. Cristian y Pedro cogieron a sus chicas para poder hablar con ellas. –Eso que oís es música, se escucha y se baila.

-¿Baila? –preguntaron intrigadas.

Los dos hermanos se agarraron a sus novias, ahora humanas, y empezaron a moverse de forma acompasada con la música. Ellas al principio estaban desorientadas y se movían torpemente, pero les gustaba moverse de esa forma junto a sus amados.

-¿Veis? Es divertido. –dijo Cristian.

-Divertido. –repitieron.

Estuvieron todo el día enseñándoles, la televisión, los electrodomésticos, pues todo les llamaba la atención. E incluso lo de dormir en una cama, ellos se habían adaptado bien a dormir en las Cándilis, pero en cuanto se tumbaron en la cama cayeron rendidos.

Ellas no encontraban cómodo del todo dormir en algo así en lugar de hacerlo en el suelo, pero estaban muy a gusto abrazadas a sus amores. Melín no podía dormir, veía a su alrededor y quería investigarlo todo, pero luego miraba a Cristian dormir plácidamente y tenía la imperiosa necesidad de estar a su lado.

Durmieron unas doce horas, el teletransporte les había dejado agotados. Cuando despertaron Melín y Aileen llevaban horas investigando por la casa todo lo que veían. Lo tocaban, hasta lo probaban para ver lo que era. Ellos sonrieron, tenían tanta curiosidad como los niños pequeños pues estaban en un mundo desconocido.

-Buenos días. ¿Os gustan las cosas que tenemos? –preguntó Pedro
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