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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 23 de junio de 2010

Un amor entre las estrellas capitulo 14

14º- Mala casualidad

Montaron en el metro, y como había ocurrido en la calle, la gente no paraba de mirarlas. Cuchicheaban sobre si serían modelos de la tele, pero ninguno asociaba quién podía ser, o mejor dicho, quién se imaginaba que podían ser.

Tras un rato, salieron del metro y fueron al ZOO, había bastante gente pero Melín y Aileen no se sorprendían tanto, pues llevaban todo el día viendo mucha gente a su alrededor.

Ellas creían que verían a los animales sueltos, correteando, animales grandes, majestuosos mostrando su poder y grandeza. Pero lo que vieron fue un horror. Veían a los animales, bastante más pequeños, pero no era eso lo que las impactó, sino verlos encerrados en pequeñas jaulas, casi sin espacio para moverse.

-Los humanos sois crueles… -Melín estaba al borde de un profundo llanto.

-No digas eso. Es que tenemos otra forma distinta de vivir. –contestó Cristian. –Aunque reconozco que dan mucha penita verlos encerrados.

Se soltó de la mano de Cristian intentando doblar los barrotes de la jaula de los monos, sin ningún éxito. La gente a su alrededor se quedó atónita, aunque pensaron que sería alguna integrante de Greenpeace.

Pedro y Cristian se estaban poniendo nerviosos y para colmo, Aileen se puso a intentar ayudar a Melín. –Vamos a llevárnoslas de aquí antes de que pase algo peor. –dijo Pedro.

Las cogieron por la fuerza y se las llevaron a un sitio apartado para evitar que siguieran mirándolos. Las cogieron de las manos, pues tenían que hablar seriamente con ellas. –Mirad, aquí no podéis hacer esa clase de cosas. Llamáis demasiado la atención. Debéis respetar las normas.

-¿Esas normas? ¿Tener encerrados a los animales? –preguntó Melín mentalmente indignada. –Eso es un castigo. Deben pagar los que hicieron eso.

-Sé que no os gustan esas normas, pero no podemos arriesgarnos a que sepan quiénes sois. –añadió Pedro. –Y si eso ocurriera, nos separarían y os harían mil cosas espantosas…

-¿Cosas espantosas? ¿Por qué?- preguntaron.

-Porque sois únicas, los de la NASA os estudiarían para ver cómo sois y lo que hacéis. Os tendrían encerradas como lo estaban esos animales.

Eso las asustó tanto que se abrazaron a ellos. No volvieron a decir nada. Tan solo a mirar los objetos y sitios que les resultaban muy extraños y curiosos a la vez. Ellos entendían que tuvieran miedo, pero no consentirían que las apartasen de su lado.

Caminaron un rato más por el ZOO, aunque se estuvieron quietas, solo miraban con tristeza a los animales, de vez en cuando se les escapaba alguna lágrima por ellos y eso entristecía terriblemente al par de hermanos.

Mientras miraban a los Koalas, ellos se apartaron un poco para hablar sin que les escucharan. –Oye, yo creo que es mejor que nos las llevemos de aquí, lo están pasando mal. Y yo la verdad es que entiendo porqué se ponen así, también me da pena. –dijo Cristian.

-Tienes razón, iremos a ver otros sitios para intentar distraerlas. –contestó su hermano.

Durante su charla no se dieron cuenta de que alguien se les acercaba por detrás. -¿Cristian y Pedro sois vosotros? –preguntó la voz de un hombre.

Se dieron la vuelta y no podían creer con quien se acababan de encontrar, era el comandante Walter Smith, justo a su lado con una cara de sorpresa total. A su lado había una mujer morena y algo rellenita. Junto a ella iba de su mano una niña de unos diez años muy parecida a la mujer.

-Comandante, ¿Cómo usted por aquí? –preguntó Cristian intentando sonar amable.

-Viendo a los animales con mi familia. Pero, aquí el que debe preguntar eso soy yo. Les dimos por muertos. No obtuvimos localización de la nave. –dijo extrañado. – ¿Cómo habéis regresado y cuándo?

-Pues… verá señor…- empezó a decir Pedro intentando ganar tiempo para decir una mentira.

No pudo seguir hablando pues Melín y Aileen se les acercaron al ver que estaban hablando. Les miraron extrañados y algo desconcertadas, así que cogieron sus manos para que mientras hablasen pudieran enterarse de todo. Walter vio cómo se cogían de la mano y su sorpresa fue en aumento.

-¿Y estas jovencitas?

-Son… nuestras novias, un par de hermanas, que vinieron de…-dijo Cristian. –de Irlanda hace unos días.
-Muy interesante, pero ¿por qué no me informaron de su regreso? –preguntó un poco molesto. –Además aún no me han explicado cómo regresaron a La Tierra.

Los dos hermanos se miraban sin saber lo que responder, y Melín y Aileen veían su preocupación y nerviosismo. Melín mentalmente le dijo lo que debía decir para evitar que se metieran en problemas.

-Dile que os estrellasteis en Neptuno, y que lograsteis reparar la nave tras mucho tiempo. –empezó a hablarle mentalmente, él reproducía lo que le iba diciendo. –Y dile que la nave cayó al mar y lograsteis escaparos antes de que se estrellara.

Cristian terminó de hablar, mientras su hermano sudaba la gota gorda al ver la enorme mentira que estaba contando, pero rezó para que el comandante se la creyera. –No les perdono que no me informaran de su regreso. –dijo seriamente.

Ante eso Pedro respondió rápidamente. –Bueno es que se estampó cerca de Irlanda y ellas estaban cerca, nos atendieron y…. una cosa llevó a la otra…Y usted ya me entiende… -intentó que el comandante captara el doble sentido.

-Entiendo… -dijo algo más convencido. –Mañana mismo deben ir a realizar un informe, contando todo lo ocurrido.

-Sí, tranquilo señor. Mañana a primera hora nos tendrá a los dos allí. –contestó cortésmente Cristian.

Se marcharon por un lado y nada más comprobar que no les miraban, suspiraron aliviados, realmente habían temido que les descubrieran, pero gracias a Melín, habían salvado el pellejo unas horas.

-Madre mía, de la que nos hemos librado… -suspiró Pedro.

-Bueno eso de que nos hemos librado no es verdad. -dijo Cristian. –Verás mañana cuando tengamos que ir.

-Si lo que se inventó Melín estuvo genial. No creo que pongan problemas. –contestó su hermano.

-Iremos con vosotros. –dijo muy convencida Melín.

-No, no podéis, podrían descubriros.-le replicó él.

Melín y Aileen se soltaron de ellos y se quedaron enfadadas mirándolos. –Nosotras ir. –no era una petición sino una afirmación.

Vieron que si no querían tenerlas enfadadas, así que accedieron. Eso sí las advirtieron encarecidamente que no podían ponerse a hablar con su idioma ni separarse de ellos, pues podrían descubrirlas.

El resto de la tarde, estuvieron paseando por la ciudad, y cenaron en casa, pidieron una pizza. Ellas miraron algo reticentes la comida, pero después de olerlo y probar un pequeño trozo finalmente comprobaron lo buena que estaba la comida.
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