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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 26 de junio de 2010

Un amor entre las estrellas capitulo 18

18º- Buenos momentos

Todos los himanis, y en especial los ilaris se quedaron encantados. Realmente vieron que tenían un gran corazón. Los ilaris les dijeron que su corazón de guerreros era puro y limpio.

Melin y Aileen respiraron tranquilas, ya no eran repudiadas, y los ilaris estaban relajados. A Ashtar la furia le rezumaba por los cuatro costados, decidió estar tranquilo un rato, pensar las cosas.

Cristian y Pedro, querían probar sus nuevas habilidades, para saber lo que eran capaces de hacer. Aileen y Melín fueron con ellos, aunque estaban algo preocupadas por tanto entusiasmo.

-¿Por qué estáis así de serias? –preguntó Cristian. –Todo ha ido bien.

-Os vemos demasiado emocionados con los poderes de himanis, y sabéis que solo estaréis unas horas así. –comentó Melín.

-Precisamente por eso tenemos que aprovecharlos al máximo. –respondió Pedro.

Pero Aileen y Melín se acercaron a ellos se quedaron a su lado. – ¿Por qué no cambiáis para siempre?

-¿Para siempre? –preguntaron al unísono. –Pues no sé…

-Dejad que nos lo pensemos un poco ¿no? –pidieron ellos. –Es que un cambio para siempre… no sé, es definitivo y a nosotros nos gusta ser humanos.

-Ya hermanito, pero también tener estos poderes y habilidades es una pasada ¿No crees? –le preguntó Pedro.

-Ya lo sé, por eso creo que hay que pensárselo. –dijo. –Lamento ser un aguafiestas…

-No digas eso. –le dijo Melín tocándole la mejilla. –Comprendo que es difícil decidir.

Decidieron dejar de pensarlo, disfrutar de esa igualdad de habilidades y poderes que tendrían durante unas horas. Sus sentidos más desarrollados eran abrumadores, oían y veían a lo lejos. Y al tocar las cosas las sentían más profundamente.

Unas cuantas horas más tarde, sintieron como si su interior se removiera, se retorcía como estrangulándoles cada extremidad de sus cuerpos. Del dolor cayeron al suelo. Ellas solo se quedaron a su lado sin decir nada.

Pasados unos minutos, se relajaron y volvieron a ser humanos. Pedro fue quien se quedó peor. –Vaya… otra vez endebles y corrientes humanos… -protestó sin soltar a Aileen.

-Hermanito, si tú quieres haz el cambio, yo aún no me he decidido. –comentó Cristian para alentarle.
-Si cambio, es para cambiar los dos.

-Pedro, que no somos niños pequeños, que porque uno haga algo no tenemos que hacerlo los dos. –respondió. –Si tú quieres puedes cambiar.

-Pero no sería lo mismo. –dijo. –Además… yo quiero darte capones en igualdad de condiciones humanas o himanis. –añadió con una sonrisa.

Cristian al ver que su hermano ya estaba bromeando se relajó un poco y le siguió la broma. Simularon pegarse como hacían cuando eran adolescentes, se lo estaban pasando realmente bien, pero sus estómagos empezaron a rugir.

-Me parece que tendremos que dejar los juegos para más tarde. –dijo Cristian.

-Si, si… te has salvado por los pelos…

Cazaron y se pusieron a cenar, lo cierto era que estaban hambrientos, tanto habían estado moviéndose toda la tarde que habían gastado muchas energías. Después cada uno se iría a la cándilis con su amada.

-Mañana a primera hora vamos a la nave, hasta que no esté solucionado ese tema no dormiré tranquilo. –Dijo Cristian.

-Vale hermanito, si ves que me he dormido, ven a despertarme. –contestó divertido.

Se fueron a las cándilis correspondientes. Cristian veía todo su entorno de otro modo desde que había tenido las habilidades de los himanis, y seguía dándole vueltas al asunto de transformarse o no.

Melín se dio cuenta de que estaba bastante ausente, así que le puso la mano en el antebrazo. – ¿Qué te preocupa?

-Sigo indeciso sobre si cambiar o no. ¿Tú que opinas?

-Yo no puedo opinar, es tu decisión.

-¿Me prefieres como humano o como himanis?

-Me enamoré de ti siendo humano, y te seguiré queriendo hagas lo que hagas. Siempre serás el más hermoso del universo.

Cristian ante tales palabras se sonrojó, no estaba demasiado acostumbrado a que le dijeran semejantes declaraciones de amor. –Eso ha sido precioso. –contestó mientras se le abría la boca.

Estaba exhausto, y no aguantó mucho más con los ojos abiertos. Se quedó plácidamente dormido como un bebé. Pero Melín no tenía sueño, ella también pensaba en lo del cambio de Cristian. No le importaba la decisión que tomara pero estaba nerviosa por conocer la respuesta.

Le miró dormir, se apoyó en su pecho, para escuchar los latidos de su corazón, tranquilos, calmados, relajados, era casi como una melodiosa armonía muy relajante, que hizo que se quedara dormida en pocos minutos.

Lo bueno era que Ashtar habían decidido calmarse un poco, ya no estaba tan molesto aunque no quería acercarse a ellos ni hablarlos. Ellos casi preferían guardar las distancias por si acaso.

A la mañana siguiente, Cristian se despertó bastante temprano, pero Melín ya estaba despierta, estaba sentada en la cándilis, acariciándose los cabellos para relajarse. Él la encontró muy hermosa.

La besó con dulzura para darle los buenos días, después salieron para buscar a Pedro y Aileen. Ya estaban fuera, despejándose un poco. Y se pusieron en marcha hacia la nave.

Durante el camino disfrutaron de un agradable paseo, pero era cierto que se daban cuenta en ese momento que era algo aburrido no poder correr más ni saltar. En parte se daban cuenta de que les había gustado mucho ser himanis.
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