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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 16 de junio de 2010

Un amor entre las estrellas capitulo 2

2º- Reconociendo el terreno

Faltaban todavía unas horas según los cálculos y los radares, estaban relajados, no se esperaban nada de nada hasta estar relativamente cerca de Neptuno, pero sin previo aviso sintieron un gran estruendo, el transbordador dio un tumbo.

-¿Qué ha sido eso? –preguntó Pedro.

-Algo nos ha golpeado, pero creo que no ha sido nada, no creo que haya daños.

-Ey tío, mira eso… -dijo Pedro asustado.

Cristian miró al frente y su cara fue de auténtico pánico, delante de ellos había muchísimos asteroides, se les veían encima. –Mierda, ¡una tormenta de asteroides! –contestó Cristian.

Se acercaban cada vez más a los asteroides, si tenían suerte podrían pasar entre todos ellos sin problemas, pero lo difícil sería que la nave no resultara dañada… recibían golpes por doquier, de tantísimos asteroides.

Hasta que vieron uno de los asteroides, era enorme, gigantesco, a pesar de esa descripción, esos calificativos no expresaban con claridad el tamaño de ese asteroide. Intentaron esquivarlo pero se llevaron un tremendo golpe.

La nave empezó a dar tumbos se iban chocando, y la nave empezó a sufrir daños. Cristian cogió la radio. –Mayday, mayday, estamos en una tormenta de asteroides, la nave está sufriendo daños, perdemos el rumbo.

-Salgan de ahí y vuelvan a su rumbo, comprueben que todos los sistemas funcionan con normalidad. –respondió la voz de la radio.

Pero no pudo responder, el enorme asteroide se les vino encima y aunque Cristian giró, no fue suficiente y el asteroide impactó contra ellos, los sistemas de emergencia saltaron.

Intentaron controlar la nave, pero era imposible, parecía una peonza girando sin rumbo. Los cinturones saltaron y salieron disparados, se golpeaban con las paredes del transbordador hasta que perdieron el conocimiento…

Cristian despertó, abriendo los ojos lentamente, le dolía todo el cuerpo. Sentía un chorro de sangre corriendo por un lado de su rostro. La muñeca le dolía, casi no podía moverla, pero no era el momento de preocuparse por eso. Tampoco sabia cuánto habían estado inconscientes, en ese instante se acordó de Pedro. Se levantó como pudo, y le buscó por la nave.

Todo estaba bastante dañado, los paneles de control rotos, salía humo de uno de ellos, podría ser un peligro, tal vez comenzara a arder. Siguió buscando hasta que lo encontró, estaba en la otra punta de la nave, tirado en el suelo, corrió hasta él.

-Hermanito ¿Estás bien?

Le examinó todo el cuerpo con la mirada, tenía una brecha en la cabeza y pudo ver cómo tenía un hombro desencajado y una pierna rota con fractura abierta. Lo que más le preocupaba era que no despertaba por más que le agitaba y llamaba.

Al cabo de unos minutos reaccionó, abrió lentamente los ojos, parpadeando varias veces. –Me… duele…

-Lo sé. Esto te va a doler, pero tengo que colocarte el hombro e inmovilizarte la pierna. Espero que sirva lo que aprendí de las películas. Muerde este trozo de tela y aguanta, intentaré hacerlo deprisa para que duela lo menos posible. –contestó Cristian.

Cogió el trozo de tela y se lo puso a Pedro en la boca, le miró con miedo, estaba asustado pero no tenía más remedio que aguantar el dolor. –Vale a la de tres. Una… Dos… Tres. –dijo tirando del brazo para colocar el hombro.

Pedro chilló de dolor, pero en cuanto el hombre estuvo en su sitio, se calmó un poco. Por sus mejillas caían lágrimas de dolor, pero tenía que aguantar todo lo posible. Habían entrenado mucho y se habían esforzado mucho, tenía que mostrar su fortaleza.

Le inmovilizó la pierna con un trozo de barra de metal que se había desprendido por los golpes. La brecha se la curó con el botiquín de primeros auxilios. –Tenemos que ver si estamos en Neptuno y pedir ayuda, creo que la nave está muy dañada.

Cristian ayudó a Pedro a levantarse, y le llevó hasta el asiento para que descansara. Estuvieron revisando las cosas, los paneles estaban muy dañados, y lo peor, la radio no daba señal… si no arreglaban la nave por sí mismos no podrían regresar…

-Quédate aquí, voy a investigar dónde estamos… Necesitamos arreglar la nave.-contestó Cristian muy serio.

Se bajó de la nave con el traje y el casco. Nada más bajar se quedó asombrado y con los ojos como platos. Él esperaba un paraje desierto, o al menos poco poblado de vegetación, pero le sorprendió ver un bosque inmenso, los árboles eran majestuosos. Para definir cómo de grandes eran esos árboles pensó en tiranosaurios, pero como 5 veces más grandes. Eran árboles frondosos, el grosor de los troncos era de record.

Tenía muchos arbustos, matorrales y plantas de todos los colores. Pudo ver un río, un río muy ancho, a lo largo del río vio una planta que le resultaba conocida. Le recordó al Amazonas, pues a lo largo de la orilla crecía la Victoria amazónica, una planta de hojas circulares que alcanzaban más de un metro de diámetro.

Empezó a ver algunos insectos, eran similares a los que ya conocía, vio unos saltamontes, o al menos tenían el mismo aspecto, pero el tamaño era diferente, esos eran de grandes como un Yorkshire toy. Pasaron volando a su lado lo que parecían mariposas con mucho colorido en las alas, pero del tamaño de una cabeza humana.

Todo lo que veía tenía similitudes con los seres vivos de la Tierra, pero con diferencias, sobre todo en el tamaño, se sentía como una pequeña marioneta en una casa de muñecas gigante.

Caminó un poco, estaba maravillado con lo que veía, había una riqueza vegetal descomunal, no tenía palabras… era bellísimo el lugar. Observó unas flores, eran como calas, de color morado, y tan altas como él, eran unas flores hermosísimas, y olían deliciosamente bien.

No podía dejar de mirarlas, eran magníficas, observó que a su alrededor había muchas más calas de distintos colores. Pero esa alegría y expectación por ese magnífico lugar fue interrumpida por un sonoro rugido…

Cristian se dio la vuelta despacio, y allí vio a un animal, era como un tigre de bengala pero de dos cabezas, no sabía lo que hacer, no había cogido armas, no tenía cómo defenderse. El tigre dio un zarpazo y le destrozó parte del traje.

Él se asustó, por si no había oxígeno y se asfixiaba, pero pronto comprobó que podía respirar con normalidad, así que echó a correr y el tigre de dos cabezas le siguió. Se quitó el casco y el traje para poder aligerar peso. De esa forma ganó algo de ventaja.

Duró poco esa ligera ventaja que tenía, porque cayó en un agujero muy profundo. El tigre intentó alcanzarle, pero a parte de ser bastante profundo, era muy estrecho, su gran cuerpo y dos cabezas no podían acceder dentro.

Tras un rato, el tigre se cansó de dar zarpazos para intentar atraparle y se marchó. Cristian suspiró aliviado, al menos el mayor peligro había pasado, el asunto que le ocupaba en ese instante era cómo salir del agujero.

Vio que las paredes tenían salientes, pensó que podría aprovecharlos como si fuera la pared de un rocódromo. Empezó a trepar, le costaba bastante, pues hacerlo a pulso y sin arnés asustaba un poco, pero había echo entrenamientos muy duros como para asustarse por algo así.

Con mucho esfuerzo consiguió llegar arriba y salir del agujero, se tumbó en el suelo para recuperar el aliento. Cerró los ojos, necesitaba relajarse un poco, pues en poco tiempo habían sucedido demasiadas cosas.
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1 rosas :

Lidia M dijo...

Hola :)
Me parece interesante la historia y pasaré a leerla cada vez que publiques algo, si no te importa avisarme soy Lidia Martí en tu tuenti.
Sin embargo me parece que la forma de hablar que tienen Cristian y su hermano es un poco infantil, no? Deberías perfeccionar su vocabulario para que parezca más creible.
Pero sólo es una opinión, claro.
Un Beso!

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