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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 29 de junio de 2010

Un amor entre las estrellas capitulo 22

22º- La llegada a Him’naj

Pedro se acercó a su hermano y se puso a su lado. Sabía que llevaba razón en todo aquello. –Sé que no me dieron permiso para hablar pero mi hermano tiene razón. Pero yo creo que hay que evitar la lucha cuerpo a cuerpo, es mejor aprovechar las bolas de energía.

Uno de los ilaris iba a protestar porque Pedro hablara sin permiso, pero Melín consiguió calmarle. Todo lo que pudieran contar sobre los humanos era una muy buena ayuda para vencer.

Después de esas palabras, se teletransportaron al río. Algunos guerreros se quedarían encima de árboles como elemento sorpresa, para lanzar las bolas de energía, y los demás escondidos cerca del río.

Los himanis decidieron que los hijos e hijas se quedarían en el poblado con los más ancianos que ya no podían luchar y con un par de mujeres himanis como protección por si les localizaban.

Se fueron al río y allí esperaron. No tardaron demasiado en empezar a escuchar los ruidos de un par de naves. Sabían que faltaba un poco pero que tenían un gran oído. Cristian cogió de la mano a Melín, estaba nervioso y quería intentar calmarse.

Se miraron a los ojos, para que sus miradas conectasen, querían sentirse a salvo por unos segundos, sentir que nada iba a cambiar y que no pasaría nada malo. –Te quiero… -susurró ella.

……………………….

El comandante vio la llegada al planeta, se quedó con la boca abierta, no esperaba que fuera un planeta tan descomunal. –Aterriza cerca del río.

-Si señor. –contestó el piloto.

Cuando la nave tocó tierra y apagaron los motores todo se quedó en calma. Se replegaron para poder atacar a los “extraterrestres”, él iba el primero, estaba deseoso de encontrarse con Cristian y Pedro.

Quería acabar con sus vidas personalmente, retorcerles el pescuezo. Ansiaba tanto ver como se apagaban sus ojos y se extinguían sus vidas. Miraba a todos lados buscando sus rostros para disparar.

……………………..

Los himanis los escucharon nada más poner los pies en tierra. Los estaban esperando y los primeros se lanzaron a luchar nada más los tuvieron a tiro. Empezaron una dura lucha. Los himanis intentaban esquivar las balas pero empezaron las primeras bajas.

Los guerreros apostados en los árboles comenzaron a atacar, con los arcos y las bolas de energía. Se pusieron a luchar durante horas, de forma intensa y sin descanso. Hirieron a unos cuantos, con lo que tuvieron que retroceder un poco para no ser arrasados.

-Señor, hemos tenido que retroceder. –dijo uno de los soldados al comandante Smith.

-¿Cómo? –preguntó irritado. –Son solo unos monigotes con flechas.

-También lanzan bolas de energía, y son poderosos, además de muy rápidos y ágiles. –contestó intentando justificarse.

-Me da lo mismo, ¡dad un rodeo y acabad con ellos! –gritó ofuscado.

………………………….

Cristian vio como los soldados se vieron obligados a retroceder, pero sabía que no se darían por vencidos. Se acercó todo lo que pudo sin ser visto y escuchó lo que el comandante les dijo.

No podía permitir una emboscada. Se dio la vuelta para intentar avisarlos, no consentiría que los dañara. Además en ese grupo estaba Melín, y su hermano con Aileen. No permitiría que nadie los hiriera.

Pero delante se encontró a dos de los soldados que le miraban sonriendo. Suponía que no sabían de quién se trataba ya que tenía apariencia de un himanis. Tenía que escapar y avisar a los demás.

Salió corriendo y llegó hasta donde estaban apostado los demás. Tenía que avisarlos. Pero no tuvo tiempo, empezó a sentir su cuerpo retorcerse. Cayó al suelo ante tal sensación. Sabía muy bien lo que significaba, y llegaba en el peor momento. Estaría desprotegido.

Los dos soldados le miraron atónitos, no comprendían nada de lo que sucedía, hasta que le vieron en su forma humana. –Hombre si es el famoso astronauta… -dijo uno de ellos sonriendo. –Me parece que te tenemos que dar tu merecido por traicionar a nuestra raza.

Dispararon a Cristian al estómago. Melín que estaba escondida al verlo chilló y bajó hasta él. Se puso en plan defensivo, tapándole con su cuerpo para que no le dañaran más.

Estaba furiosa, habían herido a su amor, su lih’ne, no podía dejarlo pasar. Hizo una gran bola de energía que los alcanzó de lleno y los lanzó por los aires. Llegaron casi al lado del comandante. Seria un aviso de que no podían jugar con ella y su pueblo.

Se giró hacia Cristian, que sangraba a borbotones por el estómago. Su hermano se acercó a él. –Hermanito… -dijo alarmado. –Tenemos que curarte.

Cristian estaba perdiendo sangre a la vez que perdía el conocimiento. Hasta que todo se oscureció, mientras los balazos le dolían cada vez más y sentía que a su corazón le costaba más y más bombear sangre a su cuerpo.

Pedro cargó con su hermano y lo teletransportó al poblado mientras Melín y Aileen avisaban a los ilaris para que ayudaran a Cristian. Melín derraba lágrimas sin control, viendo cómo se le escapaba la vida a su amado.

Los ilaris viendo sus heridas se alarmaron mucho, estaba escapándosele la vida por momentos. Se pusieron a su alrededor, taponaron las heridas y formaron un círculo a su alrededor.

Hicieron un conjuro, para el que necesitaron toda su concentración y energía. Mientras los demás observaban atónitos la situación, pues sabían que Cristian había arriesgado su vida para salvarlos.
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