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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 16 de junio de 2010

Un amor entre las estrellas capitulo 3

3º- Descubrimiento impactante

Pero se puso a pensar en su hermano, estaba en el transbordador, bastante herido, necesitaba buscar algo que le ayudara a arreglarlo o al menos para comunicarse con la Tierra. Abrió los ojos y se levantó, se puso a caminar, aún se fascinaba por la cantidad de plantas y animales que veía.

Paró para observar unas plantas parecidas a las orquídeas, medían casi dos metros, eran espectaculares, las orquídeas siempre le habían recordado a paraguas, y con el tamaño que tenían, lo cierto era que actuaban como tal, pues le daban sombra. Entonces sintió como si alguien lo estuviera observando, empezó a mirar a su alrededor, pero no veía nada.

Hasta que le dieron un empujón y cayó al suelo. Se dio la vuelta y abrió los ojos como platos. Delante de él había una chica o al menos parecía una chica, iba con un traje que le recordó a las de las tribus indígenas de África. Era tan alta como él, de pelo moreno y largo, y con los ojos tan verdes como las esmeraldas. Era preciosa, nunca había visto una chica tan hermosa.

Se levantó y se acercó a ella, se quedaron mirándose a los ojos. Observándola más de cerca se dio cuenta de que en las manos tenía una especie de pequeños agujeros muy curiosos y que en los pies tenía los dedos palmeados como los patos. Además no tenía tabique nasal, pero sí los agujeros para respirar. Y era muy morena de piel, como si hubiera tomado el sol muchas horas.

Levantó una mano lentamente y la puso en su mejilla, ella la apartó con un dedo y puso la palma de su mano sobre la de él. Entonces sintió un cosquilleo, como si una pequeña corriente eléctrica le recorriera por dentro. En ese instante la chica le miró con más intensidad. –Ven conmigo. –dijo, pero él vio que no había movido los labios, como si lo hubiera dicho mentalmente.

Cristian estaba muy sorprendido, no dijo nada, tan solo se dejó llevar. Atravesaron el espeso bosque, él aún no decía nada, no le salían las palabras idóneas. Entre lo bellísimo que era el bosque y la extraña chica estaba desconcertado.

Llegaron a un claro, había varios árboles pero en medio había una pequeña explanada, un claro. Miró a su alrededor y había una especie de refugios, él se acordó de las tiendas de campaña, solo que esos refugios estaban hechos a partir de plantas; se fijó mejor y se dio cuenta de que no los habían echo, eran plantas que parecían campanas gigantes, que descansaban en el suelo.

-¿Dónde estamos? ¿Quién eres? –preguntó

Ella lo miró pero no le dijo nada. Le arrastró hasta una de esas campanas y se metieron dentro, se sentaron en el suelo uno frente al otro. Se miraban profundamente a los ojos sin mediar palabra.

-Yo Melín –dijo en voz alta con una mano en su pecho. -¿Tú? –dijo señalando a Cristian.

Cristian se quedó sorprendido ante lo que acababa de oír. – ¿Melín? Yo soy Cristian. ¿Entiendes mi idioma?

Ella inclinó la cabeza a un lado extrañada, Cristian comprendió que no le había entendido del todo. Melín cogió su mano para tocarle con los agujeros. -¿Qué quieres? –le preguntó mentalmente.

-Soy Cristian ¿Ahora si entiendes mi idioma? ¿Cómo vives aquí? –preguntó en voz alta.

-Mi pueblo y yo, somos himanis, vivimos aquí desde tiempos ancestrales. ¿Por qué te pareces a nosotros físicamente? –todo lo decía mentalmente mientras le miraba a los ojos.

-Yo soy humano. Debería ser yo el que pregunte por qué tienes aspecto humano.

-Hace millones de años, los sabios de mi pueblo, los “ilaris”, decidieron mandar a nuestros mejores guerreros a investigar el universo, querían poblar cuantos planetas existieran. Pero en la mayoría no podían asentarse pues no tenían las condiciones adecuadas. A excepción de uno, llamado La Tierra. Allí había seres parecidos a nosotros, homínidos.

-Pero los homínidos vivieron hace millones de años. –interrumpió extrañado.

Ella no le hizo caso, siguió hablando mentalmente. –Los homínidos y los himanis se unieron, teniendo descendencia, pero con variaciones físicas, dando lugar a simples humanos, como tú. –explicó.

-¿Es eso posible? –se preguntó a sí mismo, estaba alucinado por toda la historia.

-¿Por qué estás aquí? y ¿Cómo has llegado? –preguntó con la mente.

-Íbamos a investigar el planeta Neptuno, pero una tormenta de asteroides nos desvió del rumbo, mandándonos a este planeta. Por cierto, ¿En qué planeta estoy? –tenía muchísima curiosidad.

-Estás en Him’naj, el gigante del universo. –contestó dedicándole una sonrisa.

-Pero… si mandasteis a guerreros que se unieron a los homínidos… ¿os podéis seguir comunicando con ellos en La Tierra?

-Podemos teletransportarnos en distancias cortas, y con la ayuda de los “ilaris” podemos hacerlo a grandes distancias. Ya veo que los humanos que salieron de la unión entre ambas especies no tienen nada de extraordinario… -dijo mentalmente algo decepcionada.

-Pues yo necesito volver a La Tierra, mi hermano está herido, necesita ayuda. –comentó nervioso.

-¿Herido? Los ilaris pueden sanar las heridas. –le contó.

Cristian se levantó, levantándola a ella delicadamente. –Ven conmigo, ayúdame a traerle para que le sanen. –pidió mirando a sus hojas.

Ella tenía dudas, Cristian podía verlo en la mirada. Finalmente salieron de la campana y se dirigió a otra de ellas. Dentro había 4 hombres, eran físicamente parecidos a Melín, con las mismas características físicas de ella. Se levantaron y tensaron al ver a Cristian.

Melín les habló con ruidos, a Cristian le parecía el mismo lenguaje de los monos, o al menos los ruidos eran muy parecidos. Él no supo lo que Melín les decía, pero al hablar con ellos se relajaron.

Le cogió otra vez la mano para hablar con él. –Le ayudarán pero aquí en el poblado, debes traerle aquí.

-Pero no sé si podrá llegar hasta aquí, está mal herido y no creo que pueda caminar. –comentó preocupado.

-Uno de nuestros guerreros te ayudará, Ashtar es de los guerreros más fuertes de nuestro pueblo. –le tranquilizó.

-¿Y tú vendrás? ¿Me acompañarás? –preguntó mirándole fijamente a los ojos.

-¿Por qué habría de ir? – preguntó mentalmente. –Con Ashtar podrás traer al herido.

Cristian siguió mirándola profundamente a esos ojos tan bonitos, de un verde tan intenso. No supo si fue por su mirada o cuál sería la razón, pero al final movió la cabeza en señal de aceptación.
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2 rosas :

Lidia M dijo...

Qué bonita descripción de Melín.
Te inspiras en alguna obra en concreto?
Un Beso!

Sarah dijo...

Wow esta genial!!!
me encanta!!
me parece q te as inspirado un poco en avatar,no?
lo digo x la descripcion de Melin.
sigue asi wapa!!
bss

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