Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 17 de junio de 2010

Un amor entre las estrellas capitulo 4

4º- Conociendo a los himanis

Los tres fueron por el bosque, caminaban muy deprisa y de vez en cuando iban saltando, Cristian iba corriendo pues, si no, los perdería. Estaba desorientado, no recordaba haber pasado por esa parte del bosque, tenía unos Dientes de León enormes, y seguía asombrado de las similitudes que tenían las cosas de ese planeta con las cosas de La Tierra.

Tras un largo rato, llegaron al transbordador, Cristian estaba sorprendido, habían llegado y él ni siquiera les había dicho donde habían caído. -¿Cómo habéis encontrado la nave?

Melín le cogió la mano y parecía algo molesta. –Nos guiamos por el olfato, pues esa nave apesta, huele mal, a metal, a podrido, destaca entre todo el olor del bosque. –contestó a su pregunta.

Entró y su hermano estaba inconsciente en el asiento. Intentó que despertara. –Pedro, hermanito, traigo ayuda para que te curen las heridas. Despierta.

Pero Pedro no despertaba, empezó a ponerse algo nervioso. Antes de que le diera tiempo a nada, Ashtar cogió a Pedro como si fuera un saco de patatas y salió del transbordador.

Cristian le siguió, Melín estaba esperando fuera. Ashtar se paró al lado de ella y comenzó a hablar con ese lenguaje de ruidos parecidos a los de los monos. Parecía muy enfadado. Cristian no había entendido nada y tenía curiosidad por saber lo que había dicho.

Cogió su mano para que los agujeros rozaran su piel, sintiendo esa pequeña corriente eléctrica. –Melín, ¿Por qué esta enfadado Ashtar?

Ella levantó una ceja ante la pregunta de Cristian. –Está enfadado conmigo porque te hablo, y porque no sabe lo que tienes de especial para que te hable de esta forma.

-¿Tan extraño es que me hables?

-Las hembras de los himanis, solo hablan con los machos de esta forma cuando han escogido a su mitad. Cuando escogen con quien quieren pasar la vida, es porque sienten una corriente eléctrica en los ventin. - dijo enseñando los agujeros de la otra mano. –A eso lo llamamos “lih’ne”

-Oh… eso es… asombroso… -comentó Cristian embobado. –Y entonces… ¿escogiste tu mitad? –preguntó mirándola fijamente.

-Lo cierto, es que jamás pensé que mi mitad fuera un humano… -contestó sonrojándose.

Cristian se quedó sin palabras ante eso, se acercó lentamente a ella, estaban a pocos centímetros, podían sentir sus respiraciones, sus alientos se entremezclaban. Todo lo demás había desaparecido para ellos… Se acercó lentamente a ella, puso la mano en su mejilla, sus labios estaban tan cerca que casi saltaban chispas entre ellos.

Pero se alejó de golpe antes de que se besaran. Aún tenían las manos unidas, así que Cristian podía entenderla. –No, no te acerques… -dijo antes de empezar a moverse.

Cristian se quedó extrañado, decepcionado, triste, nunca le habían roto el corazón, no había tenido un desengaño amoroso, hasta ese instante. Ese instante en el que la criatura más hermosa y maravillosa que jamás había conocido le había rechazado.

Sentía como si tuviera una herida sangrando en su corazón, se daba cuenta en ese instante de que Melín era su mitad, la parte que le completaba, el amor de su vida. La necesitaba, la quería, la amaba… Deseaba amarla, abrazarla, acariciarla, besar sus carnosos labios, admirar sus hermosos ojos como el color de la esmeralda.

Salió de su ensimismamiento, tenía que saber si su hermano estaba bien, si le podrían curar las heridas. Era su hermano, la única familia que le quedaba, y le necesitaba. Así que corrió en dirección al poblado, no sabía muy bien por dónde era, por lo que decidió fiarse de su instinto que pareció ser acertado.

Llegó al poblado, entonces había muchos himanis, le observaban intrigados, mirándole. No le gustaba ser el centro de atención, así que decidió meterse en la campana en la que había estado con Melín, que aún no sabía cómo se llamaba.

Allí estaba ella, tan hermosa, tan linda… Cristian pensó que se le saldrían los ojos de sus órbitas de tanto mirarla. Nada más ver que Cristian entraba se acurrucó lo más lejos de él que pudo. Cristian se fijo, ella tenía los ojos llorosos, ignoraba que también pudieran llorar, pero le dolía el alma ver así a Melín.

Se acercó a ella, le ofreció la mano para así poder hablar con ella. Melín estaba dubitativa pero al final cogió su mano. Cristian volvió a sentir esa corriente en la mano, lo sentía ya como algo familiar. -¿Por qué huyes de mí?

-Es mejor que no hablemos, ni estemos cerca. No pertenecemos al mismo mundo. –comentó triste.

-Pero eso me da igual, lo eres todo para mí… -dijo Cristian acercándose a ella.

-Sal, deberías ir a ver al humano que te acompañaba. –contestó cortante.

-¿Han curado a mi hermano Pedro? ¿Dónde está? –preguntó nervioso.

Ella se levantó, rompió el contacto entre ellos saliendo de la campana, para entrar en otra, estaba bastante cerca. Entraron y allí estaba Pedro tumbado, dormido o inconsciente, Cristian no lo sabía con seguridad. A su lado había una chica, se parecía bastante a Melín, aunque tenía los ojos marrones y para la opinión de Cristian no era ni por asomo tan guapa como ella.

-¿Está bien? ¿Se va a recuperar? –dijo tocando a Melín en la mano.

-Está dormido, tardará unos días en recuperarse del todo, pero los ilaris son muy buenos. Aileen se quedará con él, para que no esté solo. Tú estarás en otra de las cándilis para que descanses. –explicó para luego romper el contacto físico con él.

Cristian tan solo se dejó llevar, estaba triste, estaba apenado porque Melín no le correspondía. Bueno, si le correspondía, y le dolía aún más saber que no quería corresponderlo, eso era peor, el peor de los castigos que podía sufrir.

Se fue a la cándilis que le indicó Melín con la mano, se metió dentro y se tumbó. La planta era preciosa, atrayente, hipnotizaba a pesar de ser muy sencilla y simple de color verde oliva. Le daba paz, tranquilidad, justo lo que más anhelaba en ese instante. Y Melín la había llamado “cándilis”, un bonito nombre para esa planta.

Quería pensar, pero necesitaba desconectar. Su cerebro estaba asimilando demasiada información en tan poco tiempo, que necesitaba un descanso, evadirse a manos de Morfeo…
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1 rosas :

Lidia M dijo...

Me gusta la historia, parece interesante, piensas alargarla mucho o sólo vas a publicar unos cuantos capítulos? Has intentado que te editen alguna?
Te voy a seguir desde mi blog.
Un Beso!

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DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.