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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 19 de junio de 2010

Un amor entre las estrellas capitulo 7

7º- La catarata

Ella asintió y se acercó a Ashtar muy tranquila. Empezaron a hablar en ese idioma de ruidos que ninguno de los dos comprendía, pero se quedaron a la espera viendo como discutían.

Al cabo de unos minutos, la discusión estaba aumentando de volumen, todos los demás himanis salieron de sus cándilis a causa del alboroto, miraban con curiosidad la escena pero no se acercaban.

Aileen retrocedió hasta donde estaban Cristian y Pedro y cogió la mano de Pedro. –La tiene en un árbol al lado de la catarata, en un rato, la cuerda se romperá y caerá al fondo que está lleno de rocas afiladas. –explicó.

Pedro abrió los ojos como platos y Cristian se asustó ante la reacción que había tenido. – ¿Qué ocurre? ¿Dónde la tiene?

-En una catarata, y caerá dentro de poco a un fondo de rocas afiladas si no la ayudamos. –explicó Pedro.

Cristian enloqueció en ese momento, miró con furia a Ashtar que les miraba con cara de asco, y se abalanzó sobre él. Ashtar cayó al suelo y Cristian estaba encima pegándole puñetazos y gritando. –MALDITO ASQUEROSO, DEVUÉLVEMELA.

Pedro se acercó a él y le sujetó por los brazos quitándoselo de encima a Ashtar que se había protegido de los golpes como había podido. –Tranquilo, hermanito, la salvaremos…- intentó calmarle. –Aileen nos llevará, sabe dónde está la catarata.

-Está bien, pero rápido, no podría soportar que le ocurriera algo malo.

Aileen les dio dos piedras afiladas, parecían dos cuchillos. Los miró y se puso a hablar con ellos. – Peligros, proteger con “sifal”. Vosotros seguir a mi.

Echó a correr y saltar alejándose del poblado, ellos no conocían esa zona pero estaba claro que Aileen sí, la siguieron, aunque les costaba bastante, eran criaturas muy ágiles y rápidas, y aunque ellos estaban bien entrenados no eran ni la mitad de veloces y ágiles que los himanis.

-Seguir a mí, ya cerca, oír agua. –dijo Aileen.

Ellos mientras corrían se miraron extrañados, si ellos no escuchaban nada, tan solo sus propias zancadas. Pero decidieron pasar del tema y continuar para poder llegar cuanto antes a la catarata.

Después de otro largo rato al fin vieron que Aileen se detuvo. Se acercaron a ella y echaron un vistazo, delante de ellos había un río. A lo largo de toda la orilla se veían unos majestuosos árboles, de grandísimas dimensiones y con unas copas que daban tanta sombra que parecía que estaba atardeciendo. Se aproximaron al río con cautela y mirando hacia un lado vieron una inmensa catarata.

Se asomaron con sumo cuidado, de un árbol que nacía en las rocas laterales de la catarata estaba colgada Melín por las manos y tenía los pies atados también. En el fondo lleno de agua, había infinidad de rocas muy puntiagudas y afiladas. Cristian al verla se puso muy nervioso.

-¿Qué hacemos? ¿Cómo vamos a bajarla de ahí? –preguntó poniéndose histérico.

Aileen empezó a mirar por los alrededores, ninguno de los dos sabía lo que andaba buscando, hasta que volvió con una liana muy gruesa. –Bajar y coger a Melín.

-Yo lo haré. –dijo muy decidido Cristian.

-Hermanito, ¿estás loco? Tú nunca has hecho algo parecido. Además Aileen se conoce el terreno.

-Me da igual, no voy a dejar que le pase nada. –contestó atándose un extremo de la liana por la cintura. Le dio el otro extremo a su hermano. –Por favor… te necesito aquí haciendo un estupendo nudo de los que tú sabes. –dijo en tono de súplica.

-Agg… está bien… pero como te rompas la cabeza, quiero que sepas que no me sentiré culpable porque la culpa será enteramente tuya. Por querer hacerte el héroe. –respondió mientras empezó a atar la liana a un grueso árbol.

-Eres el mejor. –contestó sonriéndole.

-Que sí, que sí. Deja los peloteos para más tarde.

Cristian se acercó al borde rocoso de la catarata y empezó a descender despacio, no quería resbalar. Poco a poco fue bajando hasta que llegó a la altura de Melín. Ella no le miró, estaba como dormida o inconsciente, no era capaz de saberlo.

Se acercó a ella y con mucho cuidado desató sus muñecas, y la cogió en brazos. –Vale, ya la tengo, podéis tirar.

-De acuerdo, hermanito. –respondió Pedro.

Empezaron a subir, Cristian sujetaba con fuerza a Melín, que descansaba entre sus brazos, más hermosa todavía. Él se asustó por si la ocurría algo malo, pero hasta que no estuviera en tierra firme no podría comprobarlo.

Notó como subían, pero tras haber subido un pequeño tramo, empezaron a desestabilizarse. – ¡LA LIANA SE VA A ROMPER! –Gritó Pedro desesperado.

Cristian escuchó ese grito de su hermano y se desesperó, intentó agarrarse a los salientes de las rocas, pero al llevar a Melín le resultó imposible. Sintió como la cuerda se rompió y empezaron a caer. Él estaba aterrado, por suerte Melín no se enteraría de nada, no sufriría.

Se abrazó a ella lo más fuerte que pudo y beso sus labios con dulzura, sería su beso de despedida, el último beso a su ángel. Cerró los ojos y se acercó a su oído para susurrarle. –Te quiero…

Esperó una caída espantosa, dolorosa como nada en el mundo, esperó unos segundos no estarían ya lejos de esas afiladas rocas, pero… no sucedió nada. Sintió como si el estómago le diera un vuelco, como en las montañas rusas, y después… tan solo calma…

Abrió lentamente los ojos y estaba tumbado en la hierba con Melín entre sus brazos, no lo comprendía, no sabía cómo habían llegado ahí. Miró a su alrededor y Pedro y Aileen estaban a su lado mirándolos.

-¿Qué ha pasado?

-Aileen se teletransportó para cogeros al ver que la cuerda se rompía. –dijo Pedro. –Menudo susto me he dado… -suspiró aliviado.
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