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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 21 de junio de 2010

Un amor entre las estrellas capitulo 9

9º- Chantaje

Esperó impaciente a que terminaran de hablar, era muy frustrante escucharles sin entenderlos, pero tampoco podía hacer nada, y no iba a tener a Melín de traductora, pues le daba la sensación de que Ashtar no tendría paciencia para algo así.

Por fin, terminaron de hablar y dirigió una mirada de pocos amigos a Cristian antes de marcharse por donde había venido. Nada más ver que se marchaba Cristian miró a su querida Melín que tenía la cara llena de preocupación.

-¿Qué ha dicho? ¿De qué habéis hablado?

Ella se acercó más a él y se sentaron de nuevo en la piedra. –Ashtar está muy enfadado, dice que si no te marchas le dirá a los ilaris que nos hemos unido y también dirá que tú intentarás matarlos.

-Pero eso es mentira, yo no quiero hacer daño a nadie. –respondió indignado.

-Eso los ilaris no lo saben, y creerán antes a Ashtar que a ti que eres un visitante. –contestó. -Debes marcharte.

-NO, jamás me iré de tu lado. –dijo con resolución en la voz.

-Yo no quiero que te vayas pero no quiero que sufras ningún daño. Y si Ashtar les dice eso a los ilaris, sufrirás una muerte horrible, te absorberán el alma con los ventin. Serás un cuerpo vacío, incapaz de sentir nada, será como estar muerto en vida… -explicó temblando solo de pensarlo.

-Debe de haber algún modo. ¿Por qué no hablas con los ilaris? –preguntó Cristian.

-Está bien. Tú te quedarás al margen, no dirás nada, pues podrías empeorar las cosas, y eso que ya están muy complicadas. –dijo mirándole a los ojos.

Cristian tan solo asintió con la cabeza y siguió a Melín hasta los ilaris para intentar solucionar las cosas. Pero antes de llegar a la cándilis de los ilaris, varios de los guerreros apresaron a Cristian inmovilizándolo en el suelo.

Melín se puso muy nerviosa a hablar con los guerreros con ese lenguaje que tanto irritaba y divertía a Cristian. No quisieron escucharla, se lo llevaron a rastras hasta los ilaris, y ellos le miraban con cara de odio. Ashtar estaba a su lado con una sonrisa en la cara.

Empezaron a hablar con su idioma, Cristian no entendía nada de nada, pero sabía que las cosas no iban bien si Ashtar estaba allí sonriendo, y por la cara de Melín y de los ilaris, no podía ser nada bueno.

Pasado un buen rato terminaron de hablar, y Melín estaba con los ojos vidriosos, no dijo nada, salió de la cándilis arrastrando a Cristian de la mano para que le siguiera. Caminaron un largo rato por el bosque hasta que Cristian se cansó y quiso saber lo ocurrido.

Se detuvo y agarró la mano de Melín. -¿Qué ocurre, Melín? ¿Qué es lo que han dicho los ilaris?

Ella bajó la mirada, y no dijo nada, se quedó estática. Pero por fin se puso a hablar. –Dijeron que Ashtar había dicho que querías matarlos, y que no podías seguir ahí. Pero también les contó que nos habíamos unido, por eso yo tampoco puedo seguir allí. –explicó con los ojos llorosos.

-Lo siento, todo esto es culpa mía… -dijo Cristian cerrando los ojos.

-No tienes la culpa, yo me uní a ti porque quise, ni tú ni nadie me obligó, además tu eres mi lih’ ne, y ante eso no pueden hacer nada, ni siquiera los ilaris. –contestó acercándose a él para abrazarse.

Cristian sujetó la cara de Melín entre sus manos y la miró profundamente. Se acercaron poco a poco hasta que sus labios se unieron en un intenso pero tierno beso, en el que sus lenguas jugueteaban deprisa, casi sin darse tiempo a respirar.

Estaban embargados por una sensación muy extraña, agridulce, pues era triste lo ocurrido pero a la vez, daban gracias por seguir con vida y juntos. Aunque no pudieran estar en el poblado con ellos, seguirían siempre juntos.

-¿Qué haremos?

-Dentro de la catarata, hay unas cuevas, podemos ir allí, pues por la noche no es seguro deambular por el bosque.

Cristian asintió apretando más a Melín contra él para sentirla, para transmitir tranquilidad y seguridad, pues estaban solos, en un mundo que Cristian no terminaba de comprender del todo.

Se pusieron a caminar, Cristian sabía que a Melín no le gustaba ir tan despacio, pero en ese momento no protestó, estaba abatida y derrotada. Lo peor de todo era saber que él era el causante de todo lo ocurrido.

Caminaron y caminaron por el frondoso bosque hasta que llegaron a la catarata en la que había rescatado a Melín. Cristian pensó que darían un rodeo pues no había forma de bajar, de no ser con ayuda.

No tuvo tiempo de decir nada, sintió cómo los pies se le despegaban del suelo, como todo empezaba a verse borroso y a perder su forma, como cuando ves la cera de una vela derretirse. Los colores y las formas se mezclaron, haciendo que todo pareciera una masa deshecha y sin forma definida, hubo un momento en que todo fue oscuridad, una oscuridad muy profunda y aterradora…

Pronto empezó a poder enfocar de nuevo, el color negro se aclaraba dejando paso a los distintos colores, las formas empezaban a definirse, esa masa deshecha, volvía a separarse en distintas formas y colores que sus ojos podían ver y clasificar.

Hasta que pasados unos segundos pudo ver todo su alrededor como lo había sido hacía unos minutos. Ya sentía el suelo bajo sus pies y eso le hizo sentirse seguro, a salvo, pero no estaría a salvo si Melín no estaba a su lado.

Sintió una mano que le apretaba la suya, y miró a la derecha. Allí estaba Melín tan hermosa como siempre y con una amplia sonrisa. – ¿Estás bien?

-¿Qué es lo que nos ha pasado?

-Teletransporte, para poder entrar en la cueva que tenemos al lado de la catarata. –comentó mentalmente muy tranquila.

Al oír esas palabras miró a su alrededor, ya no veían la gran catarata desde arriba, porque estaban abajo, a los lados de donde acababa la catarata, había unas bonitas flores, siempre grandísimas claro, de colores muy llamativos y vivos.

-Vaya… no sé me sentí muy raro, como si todo desapareciera poco a poco. –contestó algo desorientado por lo ocurrido.

-Es normal las primeras veces, pero te acostumbras.

-¿En serio? Pues yo no sé si me acostumbro a esto. –dijo un poco mareado.

Ella le hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera, pasaron por una zona rocosa que sobresalía por detrás de la gran catarata, y pudo ver la entrada de una cueva. Pero no se veía nada, todo era oscuridad, una tenebrosa oscuridad que hizo que sintiera un escalofrío.

¿Qué le pasaba? ¿Miedo a una cueva a oscuras? Era un gran astronauta muy preparado, no podía consentir tener miedo de una cueva sin luz. Respiró hondo y se tranquilizó, estaba algo paranoico.
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