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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 14 de junio de 2010

Un sol enre las sombras capitulo 18

18º- Algo inesperado

Nos marchamos directos a casa, Cristian nada más escuchar el sonido de la puerta se abalanzó sobre mí, abrazándome fuerte y llorando. –Mi niña, menos mal que estás bien…

Yo disfruté de la protección de sus brazos, sintiendo como su piel me protegía, me traspasaba todo su amor tan solo con ese abrazo. Entonces me levantó el rostro para que le mirara y estaba llorando sin control. – ¿Qué te hicieron esos cabrones? –preguntó al verme en ropa interior y con la chaqueta de Dennis.

-Hijo, cálmate. –dijo su padre. –No llegaron a hacerla nada porque llegamos a tiempo. Aunque para quedarnos tranquilos voy a examinarla.

Cristian me cogió en volandas y me llevó hasta la habitación donde me tumbó con delicadeza. Se sentó a mi lado y no me soltaba la mano. Su padre me estuvo examinando, comprobando la tensión. E incluso me hizo una revisión en mi zona íntima, por insistencia de Cristian.

Por fin había pasado todo. Esas horas habían sido las más largas de mi vida, y en cuanto Dennis me revisó, me fui a abrazar a mis hijos. Los había extrañado mucho, muchísimo.

Cristian no se separaba de mí, no soltaba mi mano y no paraba de mirarme. –Cielo que no hace falta que estés todo el día cogiéndome de la mano. –dije sonriendo.

Se acercó a mí, abrazándome y besándome con ternura. –Es que tengo la sensación de que si te suelto voy a perderte… -su tono era de miedo.

-Mi amor, ya se ha acabado todo. No va a pasar nada más. –respondí apretándome contra él.

-Mel, yo… quería hablar contigo…

-¿De qué, mi amor? –pregunté mirándole.
-Verás… Hoy, cuando llegase a casa tenía pensado hablar contigo, pero con todo este lío al final no he podido. –dijo. –Melinda, desde que te conocí soy el hombre más feliz del mundo. Me haces inmensamente dichoso por tener tu amor, y además tenemos unos hijos maravillosos, y otro que viene en camino.

-Lo sé mi amor, yo también soy muy feliz a tu lado.

-Cuando me enteré de lo que había estado a punto de pasar, casi pierdo la cabeza. –contestó. –No puedo vivir ni un día separado de ti. Por eso… -dijo con una sonrisa.

Se arrodilló delante de mí y sacó una cajita de terciopelo roja, mostrándome un sencillo anillo con un diamante en forma de corazón. –Cásate conmigo y hazme el hombre más afortunado del mundo.

Yo le miré con los ojos como platos, no me esperaba algo así después de todo lo ocurrido ese día. Pero me agaché abrazándole tan fuerte que nos caímos al suelo. Le besé apasionadamente y le abracé todo lo fuerte que pude. –Claro que me casaré contigo, te amo.

Ese momento fue único, fue maravilloso. No pudimos esperarnos a contárselo a los demás, a pesar de que ya se habían marchado. Se emocionaron ante la noticia, sobre todo las chicas.

Durante los siguientes meses nos dedicamos a prepararlo todo, aunque queríamos que la boda fuera después del parto, pues yo no quería salir con barriguita en las fotografías.

Mi embarazo aumentaba, mientras nuestros hijos crecían, Evelyn estaba encantada de verme otra vez con barriguita, y Eric cada día estaba más mayor. Los demás se estaban encargando de los preparativos.

Decían que querían sorprenderme, que yo solo me ocupase del vestido, pero no podría probármelo pues con la barriguita no me cabía. La verdad es que me tenían entre algodones. Y de no haber pasado lo que pasó con Walter y Enrique, creo que hubiera enloquecido por estar tan protegida.

Desde que pasó aquello, yo no había vuelto a ser la misma. Si salía sola a la calle, cosa que rara vez ocurría, no hacía más que mirar a todos lados por si alguien me seguía o algo.

Con Cristian las cosas iban muy bien, sobre todo porque me protegía tanto, en esos momentos con las hormonas tan alteradas le necesitaba así más que nunca. Estaba emocionada por el embarazo, pero en esa ocasión si que habían querido saber el sexo del bebé. Sería una niña, y la llamarían Luna.

Con tanto preparativo y demás, el tiempo se nos pasó volando, y ya estaba de casi 9 meses, estaba a punto de salir de cuentas. Casi no podía andar pues había engordado más de la cuenta. Cristian me llevaba de un lado al otro.

La verdad es que se desvivía por mí y por los niños. Y le notaba muy agobiado, quería compensarle por lo maravilloso que era y por todo lo que hacía. Llamé a las chicas para que vinieran a hacerme una visita, necesitaba que me ayudasen.

Llegaron y se pusieron a acariciarme la barriguita como hacían siempre, sabían que me relajaba mucho. –Nena, ¿Cómo vas hoy?

-Puf… yo creo que debo de estar a punto porque es que no puedo más… -me quejé un poco cansada.

-Es normal, pero dentro de nada verás que tendréis aquí a la pequeña Luna. –dijo Delia.

-Chicas yo quería pediros algo. –comencé a decir. –Quiero darle una pequeña fiesterita a Cristian. Está desviviéndose por mí, por los niños, por la boda… y quiero darle una sorpresita.

-¡Suena genial! –comentó Adriana.

-Pues sí, mi hermanito se va a quedar con la boca abierta. –añadió Elena.

Estuvimos hablando sobre los preparativos que sería el sábado, pondríamos cosas para picar. Las chicas dijeron que pedirían ayuda a los chicos. Ellas prepararían todo en casa mientras los chicos distraerían a Cristian hasta la hora de la fiesta.

Cuando estuvo todo listo me ayudaron a prepararme, mi estado no me permitía moverme demasiado bien. Después llamaron a los chicos para que vinieran a casa. Nada más abrir la puerta nos vio a todas allí con todo preparado.

-¿Y esto? –preguntó realmente sorprendido.

Me ayudaron a acercarme a él con cuidado y él me abrazó. –Esto es una sorpresa porque te lo mereces.

-Pero si no he hecho nada. –dijo extrañado.

-Te estás desviviendo por mi y por los niños, es lo menos que podía hacer. –contesté. –Bueno, aunque yo no he podido hacer nada…

-Nena, estando como estás es mejor que no hicieras nada. –comentó Elena.

-Bueno, basta de cháchara, que tengo hambre… -se quejó Darío.

No pudimos evitar reírnos y nos sentamos a comer. Intentábamos no armar demasiado jaleo, pues los niños dormían en la habitación. Pasado un rato, empecé a sentir molestias, pero intenté aguantar todo lo que pude, no quería ponerles histéricos por una falsa alarma, ya había tenido tres en esa semana.

Cuando nos levantamos para ir al sofá, sentí más molestias hasta que sentí cómo un líquido resbaló por mis piernas y puse los ojos como platos. –yo… creo que viene el bebé…
-¿No es una falsa alarma? –preguntó Cristian.

-He roto aguas…

Cristian se quedó blanco al verme, parecía que le iba a dar un infarto. Pedro se acercó a él. –Cálmate, que estás blanco como una pared.

Cogieron la bolsa con mis cosas que ya tenía preparada desde hacía muchos días. Pero como los niños estaban en casa, Adriana, Elena y Delia se quedarían con ellos en casa.

Entre Darío y Cristian me llevaron al coche, mientras Pedro y Kirian lo acercaron a la puerta. Mientras Kirian conducía, Pedro iba con el pañuelo blanco por la ventanilla para que fuéramos más deprisa.

Mientras yo iba detrás con Darío y Cristian. Que intentaban calmarme cada vez que sentía una contracción. En un rato que se me hizo eterno, llegamos al hospital. Me prepararon y llevaron a la sala de partos.

Cristian entró también. Yo intentaba aguantar las contracciones como podía pero me dolían bastante. No entendía cómo habiendo tenido más hijos me seguía asustando. Habían llamado a Dennis, que fue al hospital lo más rápido que pudo.

Como Dennis no llegaría a tiempo me atendió otro médico del hospital. Me ayudó a tranquilizarme. Y el parto fue bastante tranquilo, y casi no me enteré de lo rápido que fue.

Cristian se quedó anonadado nada más ver a la niña, yo sonreí desmesuradamente al ver semejante cara de felicidad. Se acercó a mi y se quedó mirándome.

-Lo hiciste muy bien, es una preciosidad.-dijo en un susurro para luego besarme.

-Esto lo hemos hecho juntos. –contesté. –Aunque lamento que no pudieras disfrutar de la fiesta que te había preparado.

-Mi niña, me acabas de dar la mejor sorpresa del mundo. Nuestra niña es preciosa y está sana. Es lo mejor de la noche. –respondió.

-Te quiero.

-Yo sí que te quiero. Eres la mujer de mi vida, y dentro de muy poco, mi mujer para toda la vida.
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