Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

COMPRAR

En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

COMPRAR

Bienvenid@s




Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 10 de junio de 2010

Un sol entre las sombras capitulo 11

11º- Reconciliación

Intentaba estar alegre, por el bebé y por Evelyn pero me resultaba casi imposible. Mirara a donde mirara, cualquier cosa me recordaba a Cristian. Como si una gran espada se clavara más profundamente en mi corazón.

Una tarde llamaron a la puerta, abrí y eran de un servicio de entregas. Era my extraño, yo no había comprado nada, aún así cogí el paquete y me senté en el sofá para abrirlo.

Traía un sobrecito azul con una nota dentro, “Lamento lo ocurrido. Mi alma está incompleta si no te tengo conmigo, eres todo mi mundo”. Esa era la letra de Cristian la reconocí al instante.

Fue inevitable que me pusiera a llorar, además mis hormonas estaban muy alteradas a causa del embarazo. Me puse a abrir el paquete y dentro había un vestido precioso vestido morado de pre-mamá.

Dentro del paquete pude observar que había otra nota, “Póntelo y a las 8 te espera una sorpresa”. Al leerlo me quedé sin habla. Estaba muy dolida por lo que dijo pero su ausencia era como una muerte en vida. Mi alma no soportaba estar separada de Cristian, le necesitaba más que a mi vida.

Decidí finalmente, ponerme el vestido. Me maquillé un poco, pues después de tantos días llorando no tenía buena cara. Y me puse unos botines negros sin tacón, pues con el embarazo ya no aguantaba los tacones.

Me senté en el sofá mirando el reloj, no sabía porqué estaba tan nerviosa, con todo el dolor que estaba sintiendo a causa de las palabras de Cristian. Que en ese momento, fui consciente de que hacía ya un mes que estábamos separados.

La niña, que estaba en su cuarto jugando, salió y me miró con una sonrisa de oreja a oreja. -¡Qué gapa, mami! Pareces una pinsesa. –dijo muy contenta.

-Gracias, tesoro. Es un regalo de papi. –contesté esbozando una pequeña sonrisa.

-¿Papi ya volve? –preguntó ilusionada.

-Todavía no lo sé… -dije suspirando.

En ese momento, llamaron a la puerta. Despacio me levanté pues mi barriguita de 8 meses estaba demasiado inmensa. Llegué a la puerta, suspiré y la abrí. Allí estaba Cristian, tan guapo como la última vez, traía un ramo de 12 calas blancas y me sonrió.

-.Estás muy hermosa con el vestido. –susurró.

-Gracias… -dije sonrojándome.

-¡Papi, papi, papi! –gritaba de alegría.

-Mi pequeña, te extrañaba… -soltó un suspiro.

-¿po qué no tas aquí con nosotas? ¿Ya no me queres? –preguntó.

-Claro que sí, tesoro. Pero me había portado mal con mami…-comentó abrazando a la niña mientras me miraba.

-¿Ya no queres a mami? –preguntó extrañada.

-Claro que la quiero, con toda mi alma. Pero… a veces papi es un idiota. Vas a pasar la tarde con la tía Elena. ¿Te apetece? –le preguntó.

-¡Sí, quero jubar con la tita! –gritó emocionada.

Salimos de casa, fuera estaba esperándonos Elena. Me abracé a ella y comencé a llorar. –Cuñadita, tranquila que yo tenía razón. Mi hermano le pasa como al refrán “perro ladrador…” –no terminó la frase.

-Gracias por quedarte con la pequeña, hermanita. –dijo Cristian abrazándola.

Ella se llevó a Evelyn, irían a casa de los abuelos. Pues llevaban más de un mes sin ver a su querida nieta. Yo sabía lo mucho que la echaban de menos, esta tarde la disfrutarían al máximo.

Su Volvo estaba aparcado delante de la casa. Cristian me ayudó a montarme, pues cada vez estaba más torpe y cansada. Teníamos muchas cosas de las que hablar, pero ya tendríamos tiempo.

Arrancó el coche, ninguno de los dos dijo una sola palabra. Yo jugueteaba con mis manos que reposaban en mi enorme barriguita. Al cabo de un rato el coche se detuvo.

Cristian se bajó y me ayudó a bajar. Miré a mí alrededor, estábamos al lado de un restaurante francés de 4 estrellas, que era muy elegante solo con ver la fachada. –No hace falta que vengamos a un sitio tan lujoso. Además con la pinta que traigo no creo que me dejen pasar. –comenté mirando mi aspecto.

-Estás perfecta, hermosa, como nunca… -susurró con una sonrisa.

Aún quería sus disculpas, pero esa sonrisa y esas palabras tocaron mi fibra sensible y me fue inevitable ponerme roja; siempre lo conseguía y más cuando sonreía de esa forma.

Cristian tenía una reserva, cosa comprensible, pues el sitio parecía muy exclusivo. En una pequeña parte de mi, la culpabilidad me golpeaba en el pecho. Cristian se iba a gastar un dineral en ese sitio para que le perdonara. Pero, desde luego mi ego se estaba regocijando de lo lindo.

Nos sentamos y nos pusieron los entrantes, todo estaba resultando muy rico. Pero Cristian dejó de comer y me miró fijamente. –Mi comportamiento no tiene ninguna excusa… Lamento profundamente lo que te dije… -empezó a disculparse.

Yo le miraba sin pronunciar palabra. Su mirada estaba cargada de arrepentimiento. Sus ojos comenzaron a estar vidriosos, y eso hacía que todo mi interior se tambaleara.

-Yo… necesito que me perdones, sin ti no sé vivir. Te amo demasiado como para que estemos alejados. –dijo.

Se acercó a mí y se arrodilló. Yo había empezado a llorar, veía lo mucho que me amaba y que sus disculpas eran muy sinceras. –Te perdono… -susurré.

-¿De verdad, mi princesa? –preguntó ilusionado.

-Claro. No sabes lo mucho que te echamos de menos… -contesté acariciando mi barriguita. –Y Evelyn no para de preguntar por ti. –le conté.

Se acercó a mi cara y me miró fijamente con los ojos llorosos llenos de ilusión. –Jamás voy a volver a fallarte, lo juro.

Yo tan solo pude sonreír y secarme las lágrimas. Terminamos de comer y nos dispusimos a salir del restaurante. Caminábamos despacio hacia la salida, pues estaba muy torpe.

Entonces tropecé con algo y caí al suelo, aunque Cristian intentó evitarlo, había sido tan repentino que no pudo reaccionar a tiempo. Yo puse las manos en mi tripita para intentar protegerla todo lo posible.

-Mi niña ¿Estás bien? –preguntó angustiado.

Dos de los camareros ayudaron a Cristian a levantarme, me sentaron en una silla y me trajeron una tila, yo la verla puse cara de asco. –No, lo único que la calma es el chocolate, y más desde que está embarazada. –les explicó.

Muy amablemente uno de los camareros, me trajo el chocolate. -¿Se encuentra bien, señorita? –preguntó entregándome el chocolate.

-Si, eso creo. Aunque no sé, yo diría que tropecé con algo. –expliqué.

Miré al lugar donde me había tropezado, estaba muy cerca de donde estaba sentada en ese instante. Y vi a un hombre de unos 50 años, de pelo canoso que me miraba sin cesar.

Como acto relejo me asusté y me agarré a Cristian, como cuando de pequeña te asustas de algo y te escondes tras tu papá; eso fue lo que me sucedió a mí en ese mismo instante.

-Preciosa, ¿De qué tienes miedo? –preguntó al ver mi reacción.
-De ese hombre. –dije señalándole con la mirada. –Creo que él me hizo tropear. Además me mira raro, no me gusta. –dije aún asustada.

-Tranquila, no pasa nada. –contestó acariciando mis cabellos.

-Quiero irme a casa, no me gusta que me siga mirando. –respondí.

-Está bien, nos vamos, cálmate. –dijo al fin Cristian.

Por las molestias dijeron que la cuenta la pagaba la casa, la verdad es que el dueño estaba siendo muy amable. Y para qué negarlo, era un bonito detalle, a pesar de haber sido un tropezón.

Nos levantamos para salir, pasamos al lado del hombre que no dejaba de mirarme, y al pasar por su lado, sentí que una mano me rozaba el culo. Giré la cabeza y me puse de los nervios.

-¿Qué hace tocándome el culo, cerdo? –grité.

-¿Qué usted ha hecho el qué? –preguntó Cristian incrédulo.

-¿Y qué si lo hice? Madre mía… es que está para quitarle la ropa y follármela aquí mismo. –dijo él traspasándome con la mirada.

Todos los presentes en el restaurante se quedaron con la boca abierta, yo la primera por semejante respuesta. Pero Cristian… él empezó a ponerse muy furioso. –Pedazo de depravado… Ni se le ocurra acercarse a mi novia. –amenazó Cristian.

-¿Y qué me vas a hacer? ¿Me vas a pegar, niñato? –preguntó muy presuntuoso.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

0 rosas :

Publicar un comentario

Mi blog es mi casa, donde podéis encontrar novelas, relatos, consejos, videos y varias de mis aficiones, pasiones y locuras. Con los comentarios me ayudáis a mejorar, pero siempre desde el repeto y sin palabras feas ni insultos. Opiniones y críticas si se aceptan siempre

Así que, deja tu rosa después de la señal,piiii:

 
comentarios.

© Mi sueño de Papel, plantilla y gráficos hechos por ML Diseños, 2011

© Actualización de la plantilla y nuevas características por Daniel Ruiz, 2013

De nuevo ARRIBA   


DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.