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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 10 de junio de 2010

Un sol entre las sombras capitulo 12

12º- Miedo…

-Si hace falta te parto la cara. –dijo Cristian amenazante.

-No me hagas reír...

-¿Qué ocurre aquí? –Interrumpió uno de los camareros.

-Este hombre es un grosero y un degenerado, le ha metido mano a mi novia.

-No se preocupe, tomaremos medidas al respecto. –respondió el camarero.

Llamó a los de seguridad que cogieron al hombre por los brazos. Montó un escándalo mientras intentaban echarlo fuera. -¡NO ME TOQUÉIS! No se os ocurra ponerme un dedo encima… -amenazó.

-Señor, márchese ya, o llamaremos a la policía. –dijo seriamente el camarero.

-¡ESTO NO VA A QUEDAR ASÍ! Cuando menos lo esperéis la cogeré y la haré mía. –juró mirándome.
Al final consiguieron echarle entre los de seguridad y los camareros. Yo me quedé muy asustada, comencé a hiperventilar, sentía cómo me faltaba el aire.

-Preciosa, cálmate. Respira conmigo… -pidió Cristian angustiado.

Toda la gente que estaba en el restaurante se había quedado con la boca abierta y vieron mi reacción. Me sentaron en una silla y me trajeron agua. Una señora que estaba en una de las mesas contiguas, se acercó y me dio aire con su abanico.

Mi respiración se calmó poco a poco hasta que volvió a la normalidad. Lágrimas descontroladas empezaron a caer por mis mejillas sin control… Estaba muy asustada por las palabras de ese hombre.

Recordé su cara y vino como un flash a mi mente. Había visto alguna vez más esa cara, pero no era capaz de recordar dónde. –Cielo, creo que al hombre le conozco. –dije saliendo de mi trance.

-¿Qué le conoces? ¿De qué? –preguntó extrañado.

-No sé… pero sé que he visto antes esa cara… Tengo miedo… -dije abrazándome a su cuello.

-Tranquila… no te va a hacer nada. –susurró acunándome.

Por todo lo ocurrido nos invitaron a otra cena para el día que quisiéramos. Lo cierto, es que me daba igual, pero desde luego era otro bonito detalle por parte del dueño del restaurante.

Cristian me llevó al coche en brazos, pues me temblaba todo el cuerpo y temía que me fuera a caer. Yo no dije nada, no quería hablar, no tenía ganas de nada en absoluto en ese momento.

Llegamos a casa y me cogió en brazos para entrar dentro. Elena se había quedado dormida en el sofá, estaba muy graciosa así dormidita, que me hizo esbozar una sonrisa.

Cristian me llevó a la habitación y me sentó en el borde de la cama. –Voy a ver si Evelyn está dormida. –dijo dándome un tierno beso en la frente.

-Tapa a tu hermana con una manta, no quiero que se resfríe. –le pedí.

Él asintió con la cabeza y salió de la habitación. Cogí mi móvil para llamar a Dennis. No tardó mucho en cogerlo y supuse que vería mi nombre en la pantalla. –Hola, ¿Paso ya a buscar a Elena?

-No, mejor que pase aquí la noche. Está dormidita en el sofá y no quiero que se despierte. –comenté.

-Vale, sin problemas. Oye ¿Qué tal la cenita? ¿Os gustó el restaurante que le recomendé a Cristian?
-Si, era muy bonito y elegante… -dije.

Pero entonces empecé a recordar el altercado con ese hombre, veía su cara, sus ojos… y entonces fue como si una descarga eléctrica hubiera sacudido mi cerebro. Ese hombre era el inspector del colegio. Su cara me sonaba porque le había visto cuando había hecho la última inspección antes de darme la baja.

Empecé a ponerme muy nerviosa, le conocía, y estaba muy cerca de mí. Una presión muy grande empezó a oprimirme el pecho, comenzaba a faltarme el aire y mientras la voz de Dennis sonaba al otro lado del teléfono.

-¿Melinda, sigues ahí? ¿Estás bien?

Yo comencé a llorar y a gritar, me apreté contra la pared y me hice una bola, protegiendo mi barriguita, ocultando mi rostro. El móvil se había caído al suelo, y Dennis ahora pegaba gritos.

-MELINDA, ¿QUÉ OCURRE? ¿POR QUÉ GRITAS?

La puerta de la habitación se abrió de golpe. –Mel ¿Y esos gritos? –preguntó Cristian.

En cuanto me vio se le pusieron los ojos como platos, corrió hacia mí y cogió mi rostro entre sus manos. Por mis mejillas caían innumerables e incontrolables lágrimas, mientras gritaba.

-Mel, preciosa ¿Qué te ocurre? –su voz sonaba angustiada.

Yo no respondí, me moví y le abracé todo lo fuerte que me permitían los brazos, para seguir llorando con más intensidad. Solo se escuchaba mi llanto, que únicamente fue interrumpido por la voz de Dennis. -¿MELINDA? ¿CRISTIAN? ¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

Cristian alargó la mano y cogió el móvil del suelo para ponérselo en la oreja. –Papá, soy yo, Mel… no sé, tiene como un ataque de pánico o algo así, luego te llamo y te cuento cuando logre calmarla un poco. –dijo Cristian para luego colgar.

Yo no paraba de llorar, y patalear, estaba cada vez más nerviosa. Sentía las manos de Cristian que me abrazaban y sus labios rozaban sus cabellos. –Mel, por favor, ¿Qué te ocurre? Háblame por favor, dime algo… -suplicaba.

-Yo… ese hombre… ese hombre… sé quien es… tengo miedo… -contesté entre sollozos.

-Shhh… calma, nadie te va a hacer nada, no temas, mi niña. –susurró.

Parece que las palabras de Cristian consiguieron que al menos dejara de patalear. Tan solo me abracé a él, necesitaba sentirme protegida entre sus brazos. Pero claro, tantos gritos y llantos habían despertado a su hermana; que vino corriendo y al verme aterrorizada y llorando se puso muy nerviosa.
-¿Qué ha pasado? Escuché gritos.

-Es que Mel, ha recordado que conoce a un hombre con el que hemos tenido un incidente en el restaurante. –explicó Cristian.

-Mi bebé… mi bebé… -empecé a susurrar, no podía pensar en ninguna otra cosa.

-Calma, el bebé está perfectamente. Te tumbo en la cama e intentas dormir, preciosa mía. –dijo dándome un beso en la frente.

Sentí como me cogía y me tumbaba en la cama, arropándome. –Tranquila, te traeré chocolate caliente para que te calmes. –contestó Elena muy amable.

Elena me trajo el chocolate y después de tomármelo estaba más tranquila. El ataque de pánico me había dejado exhausta. Oí que Cristian, que estaba sentado a mi lado en la cama, marcaba un número con el móvil.

Pero estaba medio adormilada, se me abrían y cerraban los ojos, pero pude escuchar cómo hablaba por teléfono. –Papá, ya se le ha pasado, está medio dormida, pero me he llevado un susto de muerte… -suspiró y se quedó unos segundos en silencio. –Vale, aquí te espero. Un abrazo.

A los pocos minutos caí en un profundo sueño. Había sido un día lleno de demasiadas emociones y mi cuerpo ya no resistía más, necesitaba un respiro; caer en los brazos de Morfeo era lo que necesitaba.

Estuve soñando con el bebé, le veía precioso en los brazos de Cristian. Tenía mi cara pero con los preciosos ojos de Cristian, de su mismo color ese azul intenso y penetrante. Pero me sobresalté sentí que alguien me rozaba el brazo.

Abrí los ojos lentamente y vi a Dennis y Cristian a mi lado. –Lamento haberte despertado pero tenía que revisarte.

-¿Qué pasó?

-Te dio un ataque y cuando estuviste más tranquila le pedí que viniera a revisarte. –comentó Cristian.

Me dieron un masaje en las espalda decían que tenía que liberar la tensión acumulada y estar más tranquila o la vida del bebé podría correr peligro. Cristian se quedó tumbado conmigo para que intentara dormir. Yo no tenía sueño pero vi como al cabo de un rato él estaba profundamente dormido.

Parecía un angelito estaba tan guapo… tenía una suerte inmensa de haberle conocido y estar con él. De repente sentí una contracción muy fuerte y un dolor agudo en la parte baja de la barriguita; en ese momento rompí aguas. Me asusté bastante y llamé a Cristian.

-Mi amor… despierta…

-Mm… aún es temprano quiero dormir más… -dijo aún dormido.

-Cielo, el bebé ya viene.

Entonces abrió los ojos como platos y se incorporó mirando mi barriguita. -¿Estás segura? Aún falta casi un mes.

Destapé las sábanas había roto aguas y estaba todo manchado… -Si, estoy segura llama a tu padre.

Salió corriendo de la habitación a buscar a su padre que por suerte aún no se había marchado. Y entraron los dos en la habitación. –Sabía que estando de 8 meses y con semejante sobresalto supuse que te pondrías de parto.

-Vamos a llevarla al hospital. –dijo Cristian.

-No va a dar tiempo está dilatando muy deprisa. Mejor la atendemos aquí hasta que llegue la ambulancia. –comentó su padre.
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1 rosas :

nicol dijo...

Dios me he leido los 12 capitulos en menos de 1 horaa_!! esto es impresionantee ^^

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