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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 11 de junio de 2010

Un sol entre las sombras capitulo 13

13º- Pequeño milagro

Estaba muy asustada ya de por si por dar a luz y más en casa, sin medios y de forma imprevista.

-Hijo trae muchas toallas y agua, vamos a tener que hacerlo juntos. –dijo Dennis.

Cristian salió de la habitación para coger las cosas que le había pedido su padre. Yo intentaba aguantar las contracciones como buenamente podía, pero era un dolor tremendo.

Volvió con las toallas y el agua. –A ver, ponte detrás de Melinda para que se apoye en tu pecho y le ayudes a empujar. –pidió su padre. –Cuando notes que te da otra contracción quiero que empujes lo más fuerte que puedas. –me explicó mientras yo solo asentí con la cabeza.

Noté mucho dolor con la siguiente contracción y empujé con todas mis fuerzas. Después de varios empujones oí el llanto de un bebe. – ¡Es un niño! –dijo muy ilusionado.

Le cortó el cordón umbilical y le tapó con una de las toallas. Yo ya descansaba algo más relajada. Era un bebé precioso, tenía la cara de Cristian, con unos ojos preciosos, mezcla del verde de los míos y del azul de los ojos de Cristian.

-Es precioso… -suspiré.

-Como su mamá. Mi niña, lo has hecho muy bien. –dijo Cristian dándome un beso muy tierno.

-¿Cómo lo llamaremos? Porque yo solo había pensado nombres de niña. –dije.
-Bueno… a mí para niño siempre me gustó Eric. No se si a ti te gusta.

-Me parece que es el nombre ideal para nuestro pequeño. –respondí sonriente.

Entonces llegó la ambulancia. Querían revisarnos para comprobar que los dos estábamos en perfecto estado. Cristian fue en el coche con Dennis, Elena y la niña, logramos convencerlo, aunque quería ir en la ambulancia.

Al cabo de unos minutos llegamos al hospital, nos estuvieron revisando tanto al bebé como a mí, y estábamos perfectamente. Aunque le faltaba un mes a Eric, estaba bastante grande, pues había engordado más de la cuenta.

Recomendaron que estuviéramos unas horas allí, así que llamaron a Annette pues estaba sola en casa y no sabía nada. Se puso loca de contenta por la noticia. Y vino lo más deprisa que pudo. Mientras pasó Elena con Evelyn para conocer a Eric.

La niña se quedó con la boca abierta al ver al niño. –Ete e como mi queco, mami. –Dijo asombrada.

-Si, pero es tu hermanito, y es un bebé de verdad. Tienes que cuidarlo mucho y enseñarle todo porque no sabe hacer nada. –expliqué.

-Vae yo quero manito.

-Es un bebé precioso. Ojala tenga yo algún día uno como este, aunque para eso me hace falta un chico que me quiera. –comentó haciendo un puchero.

-Tranquila hermanita, seguro que conoces a algún chico fantástico, tienes que tener paciencia. –le dijo su hermano.

-Eso espero.

Al cabo de unas horas nos dieron el alta, yo ya tenía ganas de volver a casa y descansar con nuestro pequeño. Nada más llegar nos metimos en la cama, queríamos dormir y dormir.

Pero no me quitaba de la cabeza al inspector, me asustaba la idea de poder encontrármelo y que me hiciera algo, no solo a mí, sino también a los niños. No podía dejar de pensar en ello.

Empecé un buen sueño, con el pequeño Eric, pero veía aparecer a ese hombre que intentaba quitármelo. Me desperté sudando y de golpe, además de muy asustada. Cristian por suerte no me había oído, dormía plácidamente.

Yo estaba asustada por Eric y por Evelyn, así que me levanté y fui a verlos. Evelyn descansaba en su camita. Y Eric estaba dormidito muy tranquilo y tan adorable… que me imposible no esbozar una sonrisa.

Entonces sentí que unos brazos me rodeaban por la espalda, sentí el aliento de Cristian en el cuello y eso me hizo estremecer. –No te vi en la cama…
-Perdona es que no podía dormir bien. –dije dándome la vuelta para mirarle a la cara.

-Bueno… tal vez pueda ayudarte. –contestó levantando una ceja.

Me dio un beso muy lento y tranquilo rozando mis labios con su lengua, yo le seguí encantada en ese beso. Antes de que me diera cuenta que cogió en brazos y me pegó a él todo lo que pudo, yo ante eso solo pude sonreír.

-No creo que debamos hacer esto ahora, todavía me duelen los puntos.

-Es cierto, soy un idiota… perdóname…

-Bueno aunque se me está ocurriendo algo… -dije pensativa. –llévame a la cama y verás…

-Encantado. –respondió besándome.

Llegó a la habitación y me tumbó en la cama con delicadeza. Él se puso a mi lado. Pero yo me incorporé, comencé a besarle por el cuello y fui bajando poco a poco. Le bajé el pantalón del pijama y los boxers y acaricié su miembro que se puso erecto. –Vaya… veo que se alegra de verme… -contesté con una pícara sonrisa.

No esperé respuesta alguna por parte de Cristian, me metí en la boca su miembro y pude escuchar un gemido. Eso hizo que aumentara la velocidad, haciendo que emitiera más gemidos, hasta que cogió la almohada y mordió una esquina.

Durante un largo rato estuve así hasta que llegó al clímax, fue una bonita sensación saber todo el placer que le había proporcionado a mi amado. Me acerqué a su cara y le sonreí.

-Ha sido estupendo… -suspiró.

-Pero ¿Desde cuándo muerdes la almohada? –pregunté intrigada.

-Lo hice para que no nos escucharan los niños. Es que no sé… no podía controlarme… -reconoció sonrojado.

-Eso esta bien, mi amor.

Esa noche dormimos muy bien aunque seguía algo asustada, sabía que al lado de Cristian estaba a salvo. Decidí dejar de darle vueltas al tema y relajarme, aún tenía que recuperarme del parto.

Según pasaban las semanas y los meses, todo iba mejorando. Eric era muy bueno, casi nunca lloraba y podíamos dormir estupendamente. Cristian no paraba de hacerle fotos con Evelyn, iba con la cámara a todos lados.

Incluso me hizo varias amamantando al niño, cosa que me molestó bastante, salía espantosa, además que nunca me había gustado que me hicieran fotos, pues me daba la sensación de verme feísima; aunque Cristian opinaba que era preciosa.
Todavía seguía de baja, no había vuelto al colegio y una mañana llamaron por teléfono. – ¿Diga?

-Hola eh… ¿Eres Melinda Fernández? –preguntó la voz de una chica joven.

-Sí, soy yo. ¿Quién es?

-Me llamo Adriana y… bueno… soy tu hermana…

-¿Cómo?

-Sí, verás, tu madre… o sea nuestra madre, me tuvo con quince años y como era muy joven me dio en adopción. Aunque siempre mantuvo contacto conmigo todos estos años. –explicó ella.

-Vaya… nunca me dijo nada….

-El caso es que me enteré hace poco que estaba en un centro y la hice una visita. Me dijo que quería que nos conociéramos, que era su ilusión y que me dio tu número.

-Estoy sin palabras…

-A mi me haría mucha ilusión conocerte, si tu quieres, claro.

-Bueno, supongo que si somos hermanas deberíamos conocernos.

-¿Cuándo te viene bien? –preguntó.

-Ahora mismo estoy de baja, así que dime cuándo tienes tú libre.

-Esta tarde si quieres en “El Mesón los Verdes” ¿Lo conoces?

-Sí, allí nos vemos a primera hora de la tarde. Adiós.
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