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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 12 de junio de 2010

Un sol entre las sombras capitulo 14

14º- Conociendo a Adriana

Nada más colgar, estaba asombrada, tenía una hermana de la que mi madre nunca le había hablado. Lo cierto es, que siempre había querido tener una hermana, pero mi madre nunca quiso tener más hijos.

La verdad es que estaba muy ilusionada con la idea de conocer a mi hermana mayor. Así que llamé a Cristian para contarle la buena noticia. –Hola preciosa ¿Estás bien?

-Sí, estupendamente. Es que quería contarte algo. Me ha llamado una chica, Adriana. Es mi hermana, mi madre la tuvo con quince años y la dio en adopción. Hemos quedado esta tarde para conocernos. –expliqué.

-¿Una hermana? Pero ¿No pensarás ir sola, no?

-Pensaba que vendrías conmigo.

-Claro que voy, ni loco te dejaría que fueras sola.

-Vale, nos vemos esta tarde, te quiero.

-Yo también te quiero.

Las horas pasaron algo lentas, estaba impaciente porque llegara la hora de ir. Aunque tenía que esperar a que Cristian llegara. Nada más sentir la puerta me lancé para abrazarle.

-¡Qué efusiva! ¿No?

-Es que estoy muy contenta. –reconocí. –pero tendremos que llevarnos a los niños también ¿No?

-Bueno si quieres los podemos dejar en casa de mis padres.

-Si mejor, porque estoy algo nerviosa. –comenté.

Salimos con tiempo de casa para pasar por casa de los padres de Cristian para dejar a los niños. Ellos dijeron que estaban encantados de poder disfrutar de sus queridos nietos durante una tarde.

Después nos fuimos directamente al Mesón los Verdes para poder encontrarnos con “mi hermana”, aún se me hacía raro decir esa palabra, pues siempre había estado acostumbrada a ser hija única.

Llegamos al local que estaba bastante vacío y en una de las mesas había una chica que enseguida me recordó a mi madre. Tenía que ser ella. Me acerqué algo dubitativa. – Perdona ¿eres Adriana?

-Sí, y tú debes ser Melinda. –contestó levantándose.

Nos dimos dos besos y la miré de arriba a abajo, realmente era clavada a mi madre. –Mira él es Cristian, mi novio.

-Es un placer conoceros a los dos. –dijo muy alegre.

Nos sentamos con ella a tomar algo y hablar, sobre nuestras vidas, cuando le dije que tenía dos hijos casi no se lo podía creer. Me contó que estaba casada desde hacía muy poco con un chico llamado Pedro, que habían sido novios desde el instituto.

Fue una tarde de lo más entretenida, era una chica encantadora y muy simpática, realmente la sentía como parte de mí, como si ya la conociera tan solo de esa tarde. –Nos tenemos que ir ya a recoger a los niños, porque Eric estará a punto de pedir su toma.

-Vaya es una pena. –dijo apenada. –Oye crees que… ¿podría ir con vosotros para conocer a mis sobrinos?

-Claro. –contesté sin pensármelo.

Pero miré a Cristian que no estaba convencido del todo, sabía que estaría dubitativo porque la acababa de conocer, pero yo sentía que debía conocerla y seguramente nos llegaríamos a querer con locura.

Fuimos a casa y les presenté a los padres de Cristian. Después entré en la habitación donde estaba jugando Evelyn y Eric estaba en la cunita. Al verme ambos se pusieron muy contentos. –Mami, toy quidando al manito.

-Ya lo veo cariño. –contestó sonriéndola. –voy a darle de comer que seguro que tiene hambre.

Le cogí y le amamanté, yo tenía razón, tenía mucha hambre. Después de que Eric terminara de mamar hablé con Evelyn, pues Eric era demasiado pequeño para comprender nada todavía.

-Mira mi niña, en el comedor esta una chica que es mi hermana, así que es tu tía. ¿Te apetece conocerla?

-Vae.

Salí con Eric en brazos, y Evelyn que iba corriendo. Se lanzó a los brazos de su padre para abrazarlo. – ¡Papi!

-Mi princesita ¿Cómo pasaste la tarde?

-Estuve jubando.

-Me alegro. –contestó él con una sonrisa. –Mira ella es Adriana.

Evelyn se acercó a Adriana y la miró detenidamente con mucha curiosidad. –Hola. –dijo ella.

-Hola pequeña, ¿Cómo te llamas?

-Evelyn. Y teno tes años. –contestó.

-Eres una niña muy guapa, te pareces mucho a mamá. –dijo. –Y también te pareces un poco a papá.

-Bueno pues eso si que es extraño. –comentó Cristian. –Porque no soy su padre biológico.

-¿Ah no? –preguntó asombrada. –pues diría que os parecéis.

-Es que se quieren tanto que su forma de ser es igual. –contesté sonriendo a mi hija y a mi novio.

Al final después de tanto hablar, se hizo algo tarde, así que cenamos allí todos juntos. Adriana y Elena también hicieron muy buenas migas. Después de cenar estuvimos hablando un rato mientras los padres de Cristian recogieron la cocina. –Pues si queréis podemos quedar algún fin de semana.

-Claro. –contesté.

-Yo no sé si ir, porque no quiero estar de carabina.

-No digas eso cuñadita. –dije intentando animarla.

-Es la verdad. –contestó algo triste.

-Bueno mira, mi cuñado se llama Kirian, y su novia Delia tiene un hermano de vuestra edad. –comentó Adriana. –Igual podría decirles que se vinieran y así os conocéis.

-¿Una cita a ciegas? –preguntó. –No sé…

-Vamos hermanita, si como vamos a ser bastantes no vas a estar sola. –comentó Cristian.

-Claro, además piensa que al menos conoceremos gente nueva. –intenté animarla.

-Está bien. –dijo al fin. -¿Cómo se llama?

-Darío, es moreno, bastante alto y con cara de niño. –contestó Adriana.

-Vale, voy. –dijo con una tímida sonrisa.

Quedamos para el siguiente fin de semana, ella iría con su marido, su cuñado y la novia y el famoso Darío. Esa semana Cristian no hacía más que gastarle bromitas a su hermana con lo de la cita a ciegas.

Yo me enfadaba un poco con él, era bastante mayorcito para andarse con esas bromitas, y yo veía que su hermana se moría de la vergüenza cada vez que se sacaba el tema.

Se notaba que quería conocer al chico pero también sentía vergüenza por si no congeniaban o por si no se gustaban mutuamente. Pero intentaba alentarla para que no estuviera nerviosa. Cosa que era bastante difícil con Cristian gastando bromitas todo el día.

Ese sábado habíamos quedado para cenar así que por la tarde fuimos a casa de los padres de Cristian para que cuidaran de los niños. Y de paso recogimos a Elena, no quería ir sola en su coche. Durante el trayecto jugueteaba con sus manos de lo nerviosa que estaba. Pocas veces la había visto así desde que la conocía.
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