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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 13 de junio de 2010

Un sol entre las sombras capitulo 15

15º- Cita

-Tranquilízate que todo va a ir bien. – le dije.

-Lo intento pero nunca he ido a una cita a ciegas. –contestó titubeando. – ¿Y si no le gusto?

-Hermanita, si no le gustas es que está ciego. –contestó Cristian muy convencido.

-Gracias hermanito.

Llegamos al restaurante y en la puerta estaba mi hermana Adriana, iba de la mano de un chico. Nos acercamos a ellos. El chico tenía los ojos verdes, tenía el pelo negro, musculoso, y guapo.

Junto a ellos había otra pareja. La chica era joven, no muy alta, un poco rellenita, con el pelo negro y los ojos marrones color coca cola. El chico que iba agarrado a ella era moreno con los ojos verdes, muy alto, con muchos músculos, era muy guapo y tenía una expresión amable.

A su lado un poco apartado estaba un chico solo. Nos supusimos que era Darío. Nos estuvimos saludando y presentado. Elena se sonrojó cuando su mirada se encontró con la de Darío. Se notaba que habían congeniado a la perfección.

Pedimos varias cosas para picar entre todos y luego cada uno un plato. Fue una cena muy animada, los chicos gastaban bromas y nosotras nos reíamos mucho con ellos. Me fijé que Elena y Darío no hacían más que cuchichear por lo bajini.

La verdad es que vi cómo se miraban de forma tan inocente que no pude evitar sonreír. Lo cierto es que, verles así despertó en mí esa vena romántica y cariñosa. Me acerqué un poco a Cristian y le besé cariñosamente.

Cristian sonrió ante mi cariñoso beso. – ¿Qué te ocurre esta noche? ¿Estás más cariñosa que de costumbre ¿no?

-Puede… tal vez. –contesté riéndome. –Es que… no sé últimamente estoy más sensible que de costumbre.

Él sonrió y me volvió a besar, después continuamos cenando. Pero me puse a pensar, yo no había tenido las hormonas tan revolucionadas, salvo cuando… Entonces me llevé la mano a la boca y puse los ojos como platos.

¿Sería posible? No había notado nada físicamente, no tenía motivos para pensar que pudiera ser posible, pero… era cierto que era muy probable que así fuera. Pero lo que me preocupaba era cómo se lo tomaría Cristian.

Cristian debió ver mi cara y que había dejado de comer porque me cogió la mano, sacándome de mis pensamientos. –Preciosa, ¿estás bien?

-Pues… creo que sí.
-¿Cómo que crees que sí? –preguntó. –Me estás asustando, dime qué es lo que te pasa.

-En realidad no sé si me pasa o no me pasa. Pero de todas formas no es algo malo, o eso creo…

-Melinda, dinos ya lo que te ocurre que a mi hermanito le va a dar un ataque. –dijo Elena.

-Puede que tal vez… esté… embarazada. –contesté con algo de inseguridad.

-Tú… estás… ¿estás segura? ¿Cómo lo sabes? ¿Cuándo lo has sabido? –preguntaba tan atropelladamente que casi no le entendía.

-Pues es solo una corazonada, pero es muy posible… -respondí suspirando. -¿Qué opinas? ¿Querrías tenerlo en el caso de que realmente estuviera embarazada?

Cristian se quedó unos segundos en silencio, observándome, intentaba interpretar su gesto pero no conseguía descifrar alegría o enfado en él, hasta que por fin habló. –Claro que querría. Eso ni lo dudes.

Me abracé a él por la emoción, que incluso se me saltaron algunas lágrimas. Los demás nos felicitaron. –No nos felicitéis todavía que solo es una corazonada, mañana me haré un test de embarazo.

-¡Es estupendo! Otro sobrinito o sobrinita más. –contestó Elena muy emocionada.

La velada fue más agradable aún si podía ser posible. Cristian no apartó la mirada de mí. Verle tan emocionado por la noticia era como un regalo para mí. Ya teníamos a Evelyn y a Eric, pero ver que deseaba tener más hijos era maravilloso.

Después de la cena nos fuimos a tomar algo a un Pub cercano. No era demasiado grande pero estaba bien. Me fui al baño, así que los demás se quedaron pidiendo las copas.

Al salir del baño me tropecé con un chico. –Perdona, no te había visto, lo siento… -me disculpé.

Cuando alcé la vista no podía creer quién estaba delante de mí. Era Enrique, que sonrió al verme. –Pero si es mi novia…

-Yo no soy tu novia. –contesté bruscamente.

-¡Te largaste para irte con ese niñato! –gritó enfadado. –No te lo voy a perdonar y ¡me las vas a pagar!

Me cogió la muñeca muy fuerte, me la retorció e intentó acercarse más a mí para tocarme. Entonces escuché una voz. –Déjala tranquila, no se te ocurra tocarla.

Miré y era Cristian que le miraba con odio y rabia. Enrique le miró y se puso a reír. –Anda… no me hagas reír… ¿Acaso vas a montar una escenita delante de tanta gente?

-Me importa muy poco montar o no una escenita. –contestó. –Suéltala si no quieres que te de tu merecido.

Enrique me empujó y caí al suelo. Entonces las chicas vinieron a ayudarme para que me levantara. Cristian me miró y al ver que me Enrique me había tirado, apretó los dientes. –Serás cabrón…

-¿Quieres pegarte por ella? –preguntó. –Adelante…

Pero antes de que empezaran a pegarse, Kirian, Pedro y Darío se acercaron a Cristian. –No merece la pena. -Le dijeron.

-No sabéis las cosas espantosas que le hizo a Melinda. –contestó

-Déjalo de verdad. –dijo Darío. –No merece la pena que te ensucies las manos con un mierda como este…

-¿Tú qué coño andas diciendo de mi? –preguntó Enrique echo una furia. Se acercó a él y le pegó un puñetazo a Darío.

Entre Pedro, Kirian y Cristian agarraron a Enrique, le dieron varios puñetazos. Yo me estaba poniendo nerviosa por momentos. Me acerqué a ellos. –Por favor, dejad de pelear. –les pedí.

Pero ellos no me prestaban atención, solo pegaban a Darío, estaban como locos. Yo cada vez me estaba poniendo más y más nerviosa. Mi respiración empezó a acelerarse y cada vez me costaba más que entrara aire en mis pulmones.

Las chicas debieron darse cuenta de que me estaba alterando porque Adriana se acercó a mí para que intentar respirar más tranquila. Mientras Elena y Delia se acercaron a los chicos. –Dejadlo ya, que Melinda está se esta poniendo demasiado nerviosa.

Cristian me miró y al verme así bajó la guardia, cosa que Enrique aprovechó y le pegó un rodillazo en el estómago que hizo que se cayera al suelo. Varias personas que estaban en el Pub vinieron y echaron a Enrique fuera del local.

Me ayudaron a sentarme en una silla y me estuvieron dando un poco de agua para que me calmara un poco. Cristian se acercó a mí con la cara descompuesta por la preocupación. – ¿Cómo te encuentras?

-Bastante asustada… -reconocí enterrando mi cara en su pecho.

-Ya ha pasado todo. Mañana le ponemos una denuncia. Esto no puede quedar así. –contestó él.

-Ya no quiero más problemas. Enrique es muy peligroso… -respondí.

-Precisamente por eso no se pueden quedar las cosas así. –añadió Elena.

-Claro. –dijo Darío. –Esto si lo denunciáis es mejor. Pero vamos, que como ese gilipollas se os acerque a alguna de vosotras ya se puede ir preparando…

-No hagáis ninguna tontería. –comentó Delia.

-Lo único que haremos será manteneros a salvo. –respondió Kirian.
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