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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 13 de junio de 2010

Un sol entre las sombras capitulo 16

16º- Malos pensamientos

Habíamos puesto la denuncia, pero las semanas siguientes, los chicos estaban paranoicos, a todas horas estaban junto a nosotras. Y encima al haber confirmado que estaba embarazada, la actitud sobre protectora era más exagerada. Era agobiante sentirse vigiladas las veinticuatro horas del día.

-Me parece que os estáis pasando. –me quejé.

-Pues yo creo que no. –respondió Cristian.

-Chicos, es la verdad, os estáis pasando. –Dijo Adriana para apoyarme.

-No tenéis nada que decir. Hasta que Enrique no esté entre rejas seguiremos así. –contestó Kirian.

¡Pero es que no somos prisioneras! –dije casi a gritos.

-¿No entiendes que Enrique podría hacer algo? –preguntó Cristian bastante enfadado.

-¡Y por eso tenemos que estar encerradas como si fuéramos criminales! –me quejé.

-Desde luego si por ti fuera, es que te entregabas a Enrique en bandeja. –dijo con cara de enfado.

-¿Qué estás diciendo? –pregunté con indignación. –Tú mejor que nadie sabes las cosas horribles que me hizo pasa. ¿Crees que quiero que vuelva a hacerme lo mismo?

-Por tu actitud parece que sí. –contestó mientras en su ojos veía toda la rabia que estaba sintiendo.

Me sentó tan mal su insinuación que no me lo pensé dos veces. Me di la vuelta y salí corriendo. Me puse a caminar, sin ningún rumbo fijo. Necesitaba pensar, despejarme.

No entendía cómo Cristian podía ni insinuar que yo quisiera volver con Enrique después del calvario que había pasado. Ya era de noche y había salido con lo puesto, empecé a notar algo de frío.

Crucé los brazos para intentar darme un poco de calor, pero no me servía demasiado. No sabía cuánto rato llevaba caminando, me estaba alejando bastante pero me daba igual.

Decidí acercarme a casa, aunque no quería subir. Así que me senté bajo un árbol de mi parque favorito. Ese lugar siempre me había relajado, me apoyé en el tronco del árbol. Pero tras un rato pensando, decidí volver, pues los escalofríos eran más constantes y no quería dañar al bebé.

Miré el reloj y me di cuenta que había estado fuera cerca de dos horas. Volví a casa y vi en la puerta del portal a Adriana y a Pedro. Al verme se quedaron con los ojos como platos.

-¿Dónde estabas? –preguntó ella.

Pero yo no tenía ganas de hablar, les esquivé, subí a casa y me tumbé en la cama. A los dos minutos se abrió la puerta de la habitación. Cristian se acercó a la cama y se sentó a mi lado.

-¿Dónde fuiste?

Pero por mi parte solo recibía silencio. –Mel por favor… no sabes lo preocupado que estuve cuando te fuiste.

-¿Y eso por qué? –pregunté furiosa. –Si de verdad crees que querría volver con Enrique no entiendo por qué estabas preocupado.

-No quise insinuar algo así…

-Pero lo hiciste. –contesté cortante.

-Yo… estaba de los nervios y…-comenzó a decir. – ¿Tan difícil es que entiendas mi punto de vista?

-Pues sí, es difícil. –contesté. –no puedes pretender que estemos así.

-Solo quiero manteneros a salvo.

-Pues mejor no hagas nada. –contesté mirándole enfadada.

Entonces Cristian me miró con los ojos llenos de lágrimas, se levantó de la cama y salió de la habitación dando un sonoro portazo. Me sentí indignada por su actitud. Era yo la que estaba encerrada por su actitud paranoica ¡y se había enfadado él conmigo!

Al día siguiente, yo creía que Cristian me pediría perdón por su comportamiento, pero no dijo nada. Ni se acercó a mí, no me dirigió la mirada en todo el día, como si no existiera, como si no estuviera allí.

Esa actitud me molestaba más todavía, hacía como si no estuviera allí, y los demás le seguían la corriente. La única que me hablaba era Adriana. Esa ignorancia que todos sentían por mi estaba haciendo mella en mi estado anímico.

Y pasaron un par de días y su actitud seguía igual. Yo empecé a negarme a comer nada más que lo justo. No hablaba con ninguno de ellos y me pasaba las horas tumbada en la cama sin salir de la habitación.

Cristian ni siquiera dormía conmigo, se iba al sofá. Yo cada vez estaba más deprimida pues aunque estaba rodeada de gente, me ignoraban y me sentía tremendamente sola.

Una noche me dormí pensando en Cristian. No comprendía por qué no me pedía perdón por su comportamiento. Empecé a soñar con él, le veía caminando por la calle, y de repente aparecía Enrique acompañado del inspector del colegio.

Cogían de improvisto a Cristian y comenzaban a golpearlo, para terminar apuñalándolo y cortándole el cuello. Al ver esa imagen no pude evitar despertarme emitiendo un grito desgarrador.

A los pocos segundos se abrió la puerta de la habitación de golpe. Era Cristian. –¿Qué es lo que pasa? Me has asustado con los gritos.

Yo estaba algo descolocada. Ese sueño había sido muy fuerte, en ese momento me di cuenta del punto de vista de Cristian. Me levanté de la cama y le abracé muy fuerte. –Lo siento… Lo siento mucho…

Él me miró algo sorprendido porque no estaba comprendiendo lo que estaba sucediendo en ese instante. Vio que estaba bastante nerviosa así que me abrazó para intentar calmarme. – ¿Me quieres contar lo que ha pasado? –preguntó con una voz muy dulce.

-Soñé que… soñé algo horrible. –dije enterrando mi cara en su pecho. Algunas lágrimas empezaron a brotar de mis ojos. –Siento haber sido tan cabezota…

-No pasa nada… -contestó. –Yo estaba muy apenado porque solo quería que comprendieras que quiero protegerte a ti, a los niños y al bebé.

-Perdóname, he sido una estúpida… -respondí.

-Bueno, ya está. –dijo acariciando mis cabellos. –Pero dime lo que has estado soñando.

Estuve contándole el sueño y solo de recordarlo me puse a temblar. Él me acunó entre sus brazos cariñosamente. Le pedí perdón dos veces más, me sentía terriblemente mal por todo lo ocurrido.

Unos días más tarde todos estábamos algo más relajados, aunque los chicos seguían con algo de miedo. No se quedarían tranquilos hasta que pillaran a Enrique. Yo iba con miedo al colegio, pues no quería encontrarme con el inspector por nada del mundo.
Me dijeron el día que iba a pasarse por el colegio, así que mentí, diciendo que estaba enferma, así no me lo encontraría. Como estaba Adriana en casa conmigo decidí bajar a comprar un par de cosas que hacían falta.

Así ella se quedaría con los niños y yo bajaría, además no tardaría demasiado. Además de lo que hacia falta para la cena, compré unos chocolates para tomarlos entre todos en la cena.

Pero cuando regresaba a casa y ya estaba casi en la puerta, sentí un agarrón desde atrás. Miré como pude y distinguí a Enrique, junto a él estaba el inspector, no podía ni creérmelo. Era imposible, ¿Cómo se conocían?
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