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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 14 de junio de 2010

Un sol entre las sombras capitulo 17

17º- Valentía

-¿Qué queréis? –pregunté con la voz temblorosa.

-A ti… -dijo Enrique con voz perversa.

Se acercaron a mí, dejándome sin escapatoria. Yo les miraba temblando, estaba aterrada porque no podía pedir ayuda. El miedo me invadía sin control haciendo que mi cuerpo temblara.

-No me hagáis nada… -contesté atemorizada.

-Es justo lo que pensamos hacer, aunque todavía no sabemos el que… -dijo Enrique bastante pensativo.

No tuve tiempo de reaccionar, cuando me cogieron entre los dos y me metieron por la fuerza en un monovolumen negro. Yo miré por la ventana, golpeándola y gritando con la esperanza de que alguien me oyera o me viera y viniera a socorrerme.

Entonces me pareció ver a Dennis llegando hacia el portal. Intenté gritar lo más fuerte que pude y golpear el cristal. Pero el coche salió disparado y ya no pude seguir pidiendo socorro.

Pasados unos minutos, yo miraba por las ventanillas, intentando saber dónde me llevaban. Y a lo lejos me pareció distinguir el BMW negro de Dennis. Intenté golpear con más fuerza el cristal, pero Enrique que iba en el asiento del copiloto me agarró del pelo para agacharme.

-¡Estate quieta, zorra! –grito furioso.

Yo me quedé inmóvil, no quería que me hicieran algo, sobre todo tenía que pensar en la seguridad de mi bebé. Afortunadamente aún no se notaba casi nada la barriguita.

El coche siguió un largo rato en marcha, hasta que por fin paró. Me sacaron a la fuerza del coche y me arrastraron dentro de una casa. Me ataron a una silla y se quedaron observándome.

-Cuánto tiempo sin verte, preciosa… -dijo el inspector riéndose.

-No te emociones Walter, que es para mi primero. –contestó Enrique.

-¡Dijimos que la compartiríamos! –gritó enfadado.

-Ya bueno pues si lo quieres bien y si no te largas. Esta era mi zorrita mucho antes de que tú y yo nos conociéramos.

Enrique se acercó a una mesa que había. El comedor no tenía más muebles que esa mesa que parecía bastante cara. Intenté fijarme en lo que hacía Enrique, y cuando se dio la vuelta, empuñaba un gran cuchillo en la mano.

Eso hizo que me pusiera a temblar, intentaba zafarme de las ataduras pero me resultaba imposible. Se acercó lentamente a mí, esbozando una amplia sonrisa, yo temía por mi vida…

Se puso a mi lado y me acercó el cuchillo. Instintivamente intenté apartarme pero al estar atada era algo inútil. Con el cuchillo me rasgó la camiseta haciéndola harapos.

-Ya no recordaba ni como eras… -dijo mirándome. –No sabes las ganas que tengo de metértela…

-No me hagáis nada… por favor… -supliqué mientras las lágrimas caían descontroladamente por mi rostro.

Pero Walter se quedó quieto mirándome y Enrique no se apartó. Al contrario, se acercó más todavía. Me dio un empujón con lo que caí hacia atrás al estar atada a la silla.

Se puso a mi lado y empezó manosearme, mientras me quitaba el pantalón, dejándome solo con la ropa interior. En ese instante, comencé a llorar con más intensidad. Él ante mi reacción se puso a reír.

Sus manos, su lengua y su boca rozaban todo mi cuerpo, y yo no podía moverme, sentía repulsión a cada contacto que sentía. Cerré los ojos, intentando pensar en mi familia, en mis hijos, en Cristian…

Entonces escuché dos golpes sordos, las manos de Enrique se quedaron quietas y todo se quedó en silencio. Decidí abrir un poco los ojos para investigar lo que había ocurrido.

Encontré a Enrique a mi lado inconsciente, con las manos sobre mi cuerpo y al lado estaba Walter en el suelo. Miré a mí alrededor y pude distinguir a Annette y Dennis.

Se acercaron a mi y me desataron, yo al verlos lloré con fuerza y me abracé muy fuerte a ambos. – ¿Cómo me habéis encontrado? ¿Y qué les hicisteis?

-Te vimos a través de las lunas del coche y seguimos el coche. Entonces cuando estuvieron distraídos, cada uno golpeó a uno con unos palos. –explicó Annette.

-¿Estás bien? ¿Te hicieron algo esos desgraciados? –preguntó Dennis.

-Solo me manoseó un poco Enrique. –contesté haciéndome una bola.

Dennis se quitó la chaqueta y me la dio para que me la pusiera, yo le sonreí tímidamente. No los solté estaba demasiado aterrada. Nos levantamos para irnos, pero antes de que pudiera moverme, sentí como me agarraron el pie.

Enrique ya no estaba inconsciente e intentaba retenerme. Annette tiraba de mí para intentar soltarme del agarre de Enrique pero no lo conseguía. Entonces vi cómo Dennis cogió el cuchillo que estaba en el suelo y se lo clavó a Enrique en la espalda.

Él gritó de dolor y al sacar el cuchillo la sangre empezó a salir a borbotones. Sin tiempo a reaccionar, se acercó a Walter y también le clavó el cuchillo. En su mirada había mucha rabia e ira.

-Cariño, ¿Qué haces? –preguntó Annette de los nervios.

Eso parece que le hizo reaccionar, porque alzó la vista, nos miró y soltó el cuchillo de golpe. Se acercó a nosotras y nos abrazó. –Perdón es que se me cruzaron los cables cuando pensé que podían haceros algo…

-Vamos a llamar a la policía. –comentó Annette.

-Pero entonces se llevarán a Dennis. –dije con desesperación. –No pueden meterle en la cárcel por mi culpa…

-Tranquila, no va a pasarme nada. Ha sido en defensa propia porque Enrique te iba a atacar. –contestó Dennis rozando mi mejilla.

-Pero ¿y lo de Walter? –pregunté contrariada.

Annette hizo que la mirara y tenía una expresión seria. –Mira Melinda. Ese hombre en cuanto hubiera recuperado la consciencia nos hubiera atacado. Además era una mala persona. –dijo ella. –Debemos decir que los dos se despertaron.

-Cariño, no debéis mentir por mí, asumiré las consecuencias de mis actos. –contestó Dennis con seguridad.

-No soportaría perderte. –respondió Annette comenzando a llorar.

-Y yo no soportaría ser la culpable de que fueras a la cárcel. Si no fuera por mi no habría pasado todo esto. –dije convencida. –Por mi parte diré que fue en defensa propia, y yo soy la víctima, seguro que me creerán. –dije con gran decisión.

Annette me miró y me abrazó. –Gracias de verdad… Me alegra tanto que formes parte de nuestra familia…
-Nadie podrá enterarse jamás de lo que ha pasado aquí. –comentó Dennis. –Nadie, ni nuestros hijos ni nadie.

-Lo sé. Jamás diré nada.

-Cariño, sabes que yo tampoco. –dijo besándole con ternura.

Llamamos a la policía para que vinieran. Además llamamos a Cristian y a los demás. Cristian se puso histérico al otro lado del teléfono. Nos dijo Elena que habían tenido que sujetarle entre Kirian, Darío y Pedro.

Cuando nos tomaron declaración y recogieron las pruebas y los cuerpos dijeron que ya podíamos irnos a casa. Habíamos mantenido la versión de que había sido todo en defensa propia y nos creyeron.
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