Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

COMPRAR

En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

COMPRAR

Bienvenid@s




Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 7 de junio de 2010

Un sol entre las sombras capitulo 6

6º- Pasión…

Nos sentamos en la cama, yo intentaba calmarme pero no era fácil. Había visto como casi se le iba la vida a mi pequeña, a mi tesoro, lo que más me importaba en mi vida.

Cambié a la niña que ya estaba más tranquila y la tumbé en la cama, le di un beso y enseguida cayó dormida. Me giré para mirar a Cristian. –Menudo susto me he llevado… -dije aún un poco nerviosa.

-Saldré y así te cambias de ropa. –comentó

-No, no te vayas… quédate aquí conmigo, por favor… -le pedí suplicante.

Me abracé a él muy fuerte, él me agarraba con fuerza. Sentía su calidez, me transmitía mucha calma, paz y tranquilidad y en ese momento la necesitaba y mucho, con todo lo ocurrido.

Allí estábamos con los trajes de baño aún puestos y mojados abrazándonos en silencio. No sé si fue todo lo que había pasado o que ya no aguantaba más, busqué sus labios y comencé a besarle muy lentamente. El correspondió a mis besos de una forma muy tierna.

Caminé hasta llevarle al baño, él se dejó llevar, pues mi hija descansaba plácidamente en la cama. Cerró la puerta del baño y seguimos con los besos, además de acariciarnos por cada parte a la que llegábamos.

Nunca me había gustado entregarme a nadie, ya que Enrique me forzaba cada noche, pero necesitaba sentir a Cristian, comprobar si lo que empezaba a sentir por él era real. Me desabroché la parte de arriba del bikini.

Yo nunca había querido mostrarle mi cuerpo a nadie, y en cuanto me di cuenta de lo que había hecho intenté taparme, pero las manos de Cristian agarraron mis manos para detenerme.

-Por favor, no te tapes, eres tan hermosa… -dijo casi en un susurro.

Me dejé llevar, mi cuerpo actuaba por voluntad propia, yo no controlaba los movimientos. Cristian se quitó el bañador dejando al descubierto por completo su cuerpo y estaba a la vista su miembro erecto.

Me quitó la parte de abajo del bikini casi con urgencia. Se estaba desatando una pasión desenfrenada que ambos estábamos sintiendo en nuestro interior. Podía notar que a Cristian le ocurría lo mismo pues tenía una mirada ardiente de pasión.

Comenzó a acariciarme por el cuello, fue bajando con sus manos hasta llegar a mis pechos, se paró para rozar con sus labios mi cuello, y seguidamente se paró para rozar mis pechos. No pude evitar emitir un leve gemido, pues nunca había experimentado una sensación igual.

Me cogió en brazos mientras me seguía besando y me sentó en el lavabo. Nos acercamos mucho y nuestras zonas íntimas cada vez estaban más cerca. Yo respiraba de una forma entrecortada y pude notar que a él le ocurría lo mismo.

Me volvió a coger en brazos y se metió en la amplia bañera, abrió el grifo y todo sin dejar de besarme ni un solo instante. Me transmitía mucha pasión y también mucho amor.

En ese instante supe lo que quería, quería que me hiciera suya, que me diera placer y dárselo a él también. Le bajé una de sus manos hasta mi intimidad y con la otra mano cogí su miembro. Lo acaricié de arriba a abajo y vi como se le ponían los ojos en blanco, sentíamos mucho placer los dos.

-Ya no aguanto más, necesito hacerte mía… -dijo como pudo.

Movió mis caderas y me penetró, emití un gemido sordo, era tanto placer el que sentía que no me enteraba de nada de mí alrededor. Sólo era consciente de Cristian y de darnos mucho amor y pasión. Pues en ese momento supe que entre nosotros crecía un amor puro y sincero.

No supe cuanto tiempo estuvimos inmersos en ese frenético baile de pasión casi animal. Pero me sentía poderosa, la más afortunada por estar junto a este ángel, y eso incrementaba con creces el placer que estaba experimentando.

Llegamos juntos al clímax, y fue una sensación única y que experimentaba por primera vez. Fue un momento mágico, especial y único que recordaría para el resto de mi vida.

Nos miramos a los ojos sin decir una palabra, no hacía falta decir nada. Nos habíamos demostrado los sentimientos y estábamos felices. Yo jamás había sentido algo tan profundo por nadie, y no creí merecerme el amor de nadie hasta que Cristian apareció en mi vida.

En ese instante, me vinieron a la mente dos frases de una de mis canciones favoritas, Flor de loto de Héroes del Silencio. “Nunca quise tanto a nadie en mi vida…. Hasta que vi frente a mi, por quien yo moriría…”. En ese instante comprendí a la perfección que esas dos frases expresaban muy bien mis sentimientos por Cristian.

Nos miramos y estaba sonriendo al pensar en las frases de la canción. Era como lo que decían de la “media naranja”, Cristian era la mitad que me completaba, que me hacía estar pletórica y muy feliz.

-Eres maravilloso, te adoro. –le dije ruborizándome ligeramente.

-Te amo, eres como una muñequita, mi princesa particular. –contestó acariciando mi nariz con la suya.

-Tendríamos que vestirnos que la niña está en la cama y podría entrar. –comenté besándole tímidamente.

Él hizo un puchero y se acercó más a mí, yo no pude evitar reírme. –Me apetece quedarme así contigo. Espera cinco minutos más –pidió.

Me besó de una forma tan convincente que me fue imposible replicarle. Yo estaba encantada con que me besara de esa forma, me tenía como hechizada y se me hacía imposible resistirme. Como una droga, o como cuando comes pipas y te dices a ti mismo “venga, esta es la última”, pero es imposible cumplirlo.

A mi me ocurría eso, no paraba de necesitar sus besos, mis labios buscaban los suyos de una forma urgente, hasta que se escuchó una vocecita. –Mami, ¿ónde tas? –preguntó Evelyn.

-Ya voy mi niña. –la dije.

Cogí el bañador y me lo puse, no iba a salir sin ropa. Le acerqué a Cristian su bañador, y se lo puso. Salí y abracé a mi hija. –Mi pequeña, ¿Ya estás mejor? –pregunté intrigada.

-Si, mami. Pedo teno ambe. –dijo ella tocándose la tripita.

Cristian se acercó a ella y la sonrió. –Pues vamos a coger algo a la cocina, mientras mami se cambia de ropa. –comentó.

-Vae. –dijo contenta. -¿Tú aoda ere mi papi? –preguntó cogiéndole la mano.

Yo al escuchar eso me quedé con la boca abierta y los ojos como platos. Miré a Cristian que se había quedado quieto, examiné su cara y vi que en sus ojos había lágrimas, que comenzaban a caer por sus mejillas.

-Me encantaría ser tu papi. Si mami quiere, claro –dijo mirándome a mí.

Yo estaba aún un poco descolocada lo que menos me esperaba era que Evelyn hiciera esa pregunta. –Claro que quiero, no imagino a nadie más, sobre todo tratando como tú tratas a la niña. –comenté con una sonrisa.

Él se acercó a mí con la niña, la cogió en brazos y nos abrazó a las dos. Era un momento muy especial, había encontrado a un chico fabuloso y perfecto que me quería y que adoraba a mi hija. Y mi hija lo quería con locura y le trataba como si fuera su padre.

Pero mi pequeña y adorable hija, interrumpió ese momento tan emotivo. –Mami, que teno ambe. –dijo insistente.

-Vale, no seas impaciente que ya vamos. –contesté.
Ellos dos salieron de la habitación para que pudiera cambiarme. Pero me esperaban en el pasillo, pues Cristian también tenía que cambiarse y ponerse ropa. Cuando los dos estuvimos con la ropa puesta bajamos a la cocina.

Estaban sus padres allí que al vernos sonrieron. Annette estaba preparando algo y yo mientras ayudé a poner la mesa. Después, tras unos minutos nos sentamos para comenzar a cenar. Pero observé que éramos cinco en la mesa pero había seis cubiertos.

No hacía más que mirar a todos lados para ver quien faltaba. Hasta que apareció en la cocina una chica alta, morena y delgada, era muy guapa y tenía los ojos muy parecidos a los de Cristian.

La miré y ella me miró con cara de pocos amigos. Me acordé de aquella expresión que se dice, “si las miradas matasen…”, si eso fuera cierto había caído muerta en aquel instante.

-Melinda, esta es nuestra hija Elena. Es la melliza de Cristian. –comentó su madre.

-Encantada. –dije algo retraída por al mirada que me había lanzado ella.

-Lo mismo digo. –contestó medio amable y se sentó al lado de Cristian.

La cena fue bastante relajada, por lo menos para todos, pero para mí no lo estaba siendo. Pues Elena me observaba constantemente. Tampoco le echaba buenas miradas a la niña, eso era lo que más me molestaba. Pero en cuanto Cristian la miraba ella disimulaba con una sonrisita muy falsa.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

0 rosas :

Publicar un comentario

Mi blog es mi casa, donde podéis encontrar novelas, relatos, consejos, videos y varias de mis aficiones, pasiones y locuras. Con los comentarios me ayudáis a mejorar, pero siempre desde el repeto y sin palabras feas ni insultos. Opiniones y críticas si se aceptan siempre

Así que, deja tu rosa después de la señal,piiii:

 
comentarios.

© Mi sueño de Papel, plantilla y gráficos hechos por ML Diseños, 2011

© Actualización de la plantilla y nuevas características por Daniel Ruiz, 2013

De nuevo ARRIBA   


DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.