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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 8 de junio de 2010

Un sol entre las sombras capitulo 7

7º- Enfrentamientos

Yo sabía que los padres de Cristian estaban contentos, desde el primer momento nos acogieron muy bien a Evelyn y a mí; y Cristian se desvivía por nosotras. Pero lo de su hermana… me temía que no sería tan fácil.

Aquella noche me fui pronto a dormir, habían sido demasiadas emociones para un día. Además al día siguiente tenía que ir a ver a mi madre pues aún seguía bastante grave.

Me acosté abrazada a Evelyn que se durmió enseguida. Yo… no quería dormir, tenía la sensación de que todo eso era un sueño. Que al dormirme volvería a la realidad: una vida desgraciada al lado de Enrique.

Pero caí presa del cansancio, no paraba de ver a Cristian y cómo Enrique le machacaba a golpes. Comencé a llorar y me puse a gritar. -¡No! ¡Déjame en paz! –

Una mano me asustó al tocarme el brazo. –Ya está, no pasa nada. Solo fue una pesadilla… -dijo Cristian intentando calmarme.

Quería decirle muchas cosas, pero estaba tan cansada que mi cuerpo no respondía a mis órdenes. Sin poder decir nada volví a caer en un profundo sueño… Pero en esta ocasión distinguía a Evelyn y Cristian jugando en el parque cercano a casa.
Era un sueño conmovedor, un sueño que deseaba que fuera verdad. Empezaba a creer que era posible que ese sueño se cumpliera; aunque no solo ese sino el suelo de tener a “mi príncipe azul”, un amor maravilloso con él y para toda la vida.

A excepción de la pesadilla, después tuve una noche bastante tranquila; sobre todo veía el rostro de Cristian. Recordando lo ocurrido por la tarde en el baño, ese amor que nos dimos…

A la mañana siguiente, me desperté con una sonrisa en los labios. Jamás había comenzado un día sonriendo, pues mi vida era muy desgraciada, pero era el primer día que me sentía con ganas de sonreír y estar contenta.

En mi cama encontré una nota. “Para la chica más hermosa. Me tienes loco de amor por ti. Te espero para desayunar juntos. Te amo”. Al leerla casi me pongo a dar brincos, pero pude controlarme.

Desperté a la niña y nos vestimos, yo cogí algo cómodo. Lo cierto es que la ropa era de mi gusto, sencilla y cómoda. Y para la niña había varios vestiditos. Suspiré de alivio pues era tan muy presumida.

Una vez que estuvimos vestidas bajamos a la cocina. Allí pude admirar a Cristian, casi me caí de un desmayo al verle tan solo con los pantalones del pijama y sin camiseta.

Nada más vernos se le iluminó la cara, dio un tierno beso a Evelyn en la frente. Inmediatamente se puso muy cerca, mirándome fijamente. Sus ojos eran tan profundos que me estaba perdiendo en su mirada…

-Buenos días. Os esperaba impaciente. -Reconoció.

-Lamento haber tardado, pero no sabía qué ponerme. De verdad que no era necesario lo de la ropa. –contesté algo retraída.

-Claro que sí, no ibas a ir desnuda. Aunque… -se puso pensativo. -… bien mirado no estaría tan mal que estuvieras desnuda… -dijo con cara de pillo.

-Muy gracioso… -contesté sacándole la lengua.

Me besó muy despacio, yo me perdí entre sus brazos. Sus labios se acomodaban a los míos de una forma muy tierna. Me dejaba llevar, estaba muy a gusto, pero pude oír que alguien tosió.

Salí de ese trance y miré en la dirección de la que se oyó la tos. Era la Elena con una cara de enfado que hasta daba miedo, yo me puse colorada pero no dije nada de nada.

-Hermanito, avisa que vas a hacer esas cosas y así me evito tener que vomitar. –dijo en tono muy seco.

-Hermanita, no digas eso, solo era un beso. –contestó Cristian.
-Pues os los guardáis para otro momento… -replicó muy borde.

-Si estás de mal humor con nosotros no lo pagues. –contestó algo molesto.

Elena no dijo nada más, entró en la cocina a desayunar y no nos hizo ni caso. Cristian nos estaba preparando unos chocolates para desayunar. Evelyn estaba casi dando saltitos de lo impaciente que estaba. Daba vueltas por la cocina, hasta que chocó con Elena sin darse cuenta.

A Elena se le vertió la leche en la ropa. Una blusa de seda morada que tenía toda la pinta de ser carísima. Elena al ver la mancha, miró con furia a Evelyn y antes de que pudiera reaccionar, dio un bofetón a la niña.

Evelyn comenzó a llorar de una forma muy intensa, y vino corriendo hacia mí. –Mami… -dijo entre llantos.

-¿Por qué hiciste eso? Es solo una niña. –dije bastante molesta.

-Me ha estropeado esta blusa tan cara. No tiene modales. –replicó señalando su blusa.

-¿Y qué más da tu estúpida blusa? –preguntó Cristian bastante enfadado.

Se acercó a nosotras y acarició los cabellos de Evelyn. Ella le miró haciendo pucheros y llorando intensamente. Extendió los brazos hacia él para que así le cogiera y se abrazaron.

-Papi… ella e mala… -contestó la niña entre sollozos.

-¿Cómo que mala? –preguntó Elena encarándose. – Mala eres tú, ¡Mira lo que hiciste! –gritó con enfado.

-¡Basta ya! Es solo una niña. Déjala tranquila. –respondió Cristian.

-No la defiendas, además ¿Por qué te llama papi? Ella no es nada tuyo. –contestó en tono despectivo.

-Melinda y Evelyn ahora están bajo mi cuidado. Son mis princesas. Así que más te vale tratarlas bien. –dijo Cristian en tono amenazante.

-No discutáis por nosotras. Yo no quiero que seamos una molestia. –comenté.

-¿No? Pues entonces largaos de aquí. –contestó señalando la puerta.

-¿Pero qué te has creído? Ellas no se van porque yo no quiero. Y deja esa actitud, pareces una niña estúpida y caprichosa. –respondió Cristian.

Ella le miró con mucha furia y rabia, sus ojos se pusieron llorosos y se marchó corriendo al piso de arriba. Se oyó el portazo desde la cocina y eso que era una casa muy grande.

-Yo… de verdad que lo siento. No quiero que te enfades con tu hermana por mi culpa. –me disculpé.

-No te disculpes, la que se ha comportado mal ha sido mi hermana. No puede trataros así. –dijo cogiendo mi mano.

Me sentía mal por la situación, al menos sus padres no estaban. Su padre se había ido a trabajar y su madre estaba haciendo unos recados. Era una situación incómoda, no quería molestar y menos a Cristian con lo bien que nos trataba.

-Solo te estoy causando problemas. –Comenté triste. –Además yo… tendría que volver a casa. –dije.

-Eso no lo pienses. Solo de pensar en lo que os puede hacer ese salvaje y me pongo de los nervios… -contestó apretando sus puños.

-Pero ese es mi sitio. No merezco otra cosa. –respondí con los ojos llorosos.

-Tú… tú mereces todo lo mejor. Eres maravillosa y quiero que Evelyn y tú estéis a mi lado. Quiero cuidaros y estar con vosotras.-contestó.

Al escuchar semejantes palabras me sonrojé mucho. Nadie me decía esa clase de cosas, no estaba acostumbrada. Le miré con las lágrimas aún en los ojos que él secó mientras me sonreía.

Evelyn ya había dejado de llorar y nos miraba con cara de curiosidad. Cristian la miró y le acarició la mejilla. -¿Ya no te duele? – preguntó.

Evelyn negó con la cabeza mientras esbozaba una amplia sonrisa. –Papi y mami se queren… -dijo casi canturreando.

Ambos nos sonrojamos sobre todo yo. Pero nos reímos, pues la niña tenía toda la razón, nos queríamos y mucho, demasiado… Era increíble todo lo que sentía estando a su lado, casi no me lo podía creer.

Aunque no me sentía feliz del todo, pues el enfrentamiento con su hermana no se había solucionado. Yo quería que las cosas se arreglaran sobre todo por Cristian, pues podía notar lo mucho que se querían y la relación tan especial que existía entre ellos.

Pero tenía la certeza de que no iba a ser fácil solucionar las cosas, pues había visto que su hermana tenía mucho carácter. De todas formas, no sabía si era impresión mía o es que era lo que ocurría de verdad, pero la actitud de su hermana era más de celos que de molestia y enfado por la mancha.

Decidí no pensarlo más, dejar que las cosas se calmaran, pues así en caliente ella no iba a dar su brazo a torcer. Incluso me daba cuenta de que Cristian era bastante cabezota, pues de no haber sido por su cabezonería no estaría durmiendo en su casa. Pero la vida me estaba dando un respiro y parecía que al menos durante un pequeño periodo de tiempo podía ser feliz y sonreír, y todo se lo debía a Cristian.
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1 rosas :

Daeron dijo...

jolín, no he podido parar y me los he leido de tirón jajaja.
Normalmente las historias de amor no son lo mío, pero me gusta mucho la realidad tan directa que has creado...ojalá nadie tuviera que sentirse tan desdichada como Mel.
Estaré atenta para ver como sigue ^^.

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