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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 8 de junio de 2010

Un sol entre las sombras capitulo 8

8º- Un susto y mucha pasión

Fuimos a la comisaría, pero fue Cristian quien puso la denuncia, yo tenía mucho miedo a que me pudiera hacer algo, me quedé paralizada nada más entrar en la comisaría.

Pero cuando rellenaron los datos de Enrique el policía puso una cara de extrañeza, todo era bastante raro, pero decidimos preguntarle para ver lo que ocurría con Enrique.

-Pues verán, hace dos días atracó en una tienda y pegó un navajazo al dependiente. Se está recuperando pero estuvo muy grave. A Enrique le tenemos en prisión preventiva hasta el juicio. Pero con esta denuncia y sus declaraciones, no va a salir en una larga temporada. –Explicó el policía.

Yo no sabía si respirar tranquila porque ahora estaba entre rejas o ponerme más nerviosa porque cada vez era más violento y peligroso; pero tenía como una presión en el pecho, estaba empezando a asustarme por si se escapaba de la cárcel.

-No… puedo… respirar… aire… -dije como pude.

-Preciosa, ¿Qué te ocurre? –preguntó angustiado.

Pero no pude contestarle, me estaba dando un ataque de pánico, sentía esa presión en el pecho y comencé a chillar, me tiré al suelo y empecé a llorar y patalear. Después de eso no pude seguir estando consciente.

No sé cuanto rato pasó, lo último que recordaba era sentir miedo de Enrique por si se escapaba de la cárcel y me hacía algo, o a Cristian o a la niña. Abrí despacio los ojos, miré a mí alrededor.

Estaba en el suelo de la comisaría con Cristian a mi lado, tenía la cara descompuesta. –Preciosa, estaba muy preocupado. –Dijo suspirando.

-No se preocupen, hemos avisado a una ambulancia. –explicó el policía.

-No, no hace falta. –elije intentando incorporarme, pero no pude, la cabeza me daba vueltas.

-Mira, te llevo a casa y que mi padre te examine. Así me quedaré más tranquilo. –contestó Cristian.

Yo tan solo asentí, era mil veces mejor que me revisara Dennis antes de tener que estar en el hospital, era demasiado jaleo, no quería incordiar más, y eso que ya estaba incordiando demasiado.

Cristian me ayudó a levantarme, y antes de que pudiera articular palabra, me cogió en brazos, yo me ruboricé mucho. -¿Por qué me coges? Puedo caminar. –dije con la cara roja.

-De eso nada, no quiero que me des otro susto así. –contestó apretándome más contra él.

Fuimos a su casa, me llevó en brazos, solo me soltó para tumbarme en el sofá, se estaba pasando de sobreprotector. Pero me sentía muy halagada, nadie me había cuidado tanto hasta entonces.

-Ha sido una subida de tensión. Tienes que tener cuidado y tomarte las cosas con más calma. –dijo Dennis muy tranquilo.

-Está bien, es que me asusté. Pero ya estoy bien, sobre todo porque Enrique no nos puede hacer nada a la niña y a mí. –contesté suspirando.

-Por cierto, en unos días llevarán a tu madre al centro. Pues estará mejor atendida allí, pues en el hospital con tanta gente no podemos tener a alguien con ella las 24 horas del días. Pero es mejor que estos días no la veas, porque con lo que te ha pasado no es bueno que te alteres. –comentó algo serio.

-Yo… quiero verla… -dije cabizbaja.

-Mel, por favor, haz caso a mi padre. No quiero que te pase nada. No sabes cómo me sentí cuando te desmayaste en la comisaría. –explicó abatido.

Tan solo asentí y le abracé fuerte. Verle tan preocupado me dejó echa polvo, era una persona tan maravillosa, el chico perfecto, que hacerle sufrir era casi hasta un pecado capital.

-Bueno intenta estar tranquila y relajada. Necesitas descansar. –comentó Dennis.

-Tranquilo, papá. Hoy estará muy relajada, de eso me encargo yo. –dijo Cristian muy alegre.

-De acuerdo parejita, ya os dejo solos. –contestó riéndose.

Dennis se fue y nos quedamos solos. Estaba tan a gusto, abrazada a él… que podría estarme toda la vida así sin necesitar nada más para vivir. –Bueno y ¿qué se supone que vamos a hacer? –pregunté con curiosidad.

-Podríamos aprovechar que mi madre está con Evelyn y disfrutar de un rato para nosotros solos. –respondió.

-Yo he pensado que podíamos ir a mi casa, además ya que Enrique no va a volver, no tengo miedo, y quiero estar en mi casa. –contesté con determinación.

-Está bien, pero no sé… no me hace gracia que estéis solas en casa. –dijo algo tenso.

-Tranquilo, no nos pasará nada. Ahora vamos a disfrutar como tú has dicho antes. –respondí dándole con el índice en la nariz.

Él finalmente asintió sonriendo y nos fuimos a su coche. Aunque a veces estábamos callados, en el ambiente se respiraba mucho amor. Yo estaba cada vez más enamorada, aunque en realidad me enamoré de él nada más verlo.

Pensando en lo mucho que le amaba, me había quedado sonriendo embobada. Cuando quise darme cuenta estaba detenido el coche al lado de mi casa. Solo había estado un par de días fuera pero me había parecido mucho más tiempo.

Entramos y todo estaba exactamente igual que el día que me fui. Pero todo me importaba muy poco. Allí estaba en mi casa y con el chico perfecto, mi “príncipe azul”, era como un sueño…

Quería asegurarme de que no era un sueño, que todo era real. Levanté la mano y le acaricié la cara y luego el cuello. Enrosqué mis manos en su cuello y le di un beso muy corto.

Él suspiró y me acarició la mejilla con la yema de sus dedos. –Te amo… -dijo para después comenzar a besarme.

Nos besábamos de forma muy intensa y apasionada. Estábamos ardiendo en deseos por estar juntos, nada más tocarnos saltaban chispas, miles de corrientes eléctricas me atravesaban todo el cuerpo.

Le quité la camiseta, era tan perfecto que parecía imposible que fuera real. Pero pasé mi mano por su torso. Y claro que era real, era muy real y estaba en mi casa, sin camiseta y dispuesto a amarme…

Me quitó la camiseta y me acarició haciendo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Pero esa sensación y toda la pasión del momento se interrumpió por el sonido del móvil de Cristian.

Ambos sonreímos algo decepcionados pero descolgó el móvil, era Elena. -¿Qué pasa, Elena? Ahora estoy… algo ocupado… -dijo riéndose por lo bajini.

No sabía lo que le contaba, pero él mantenía la sonrisa, así que al menos no estaba discutiendo, me quedé escuchando a la espera.

-Vale, tranquila. Cuando vaya a casa hablamos. Te quiero hermanita. –dijo alegremente antes de colgar el teléfono.

Él sonrió y me dio un beso, pero yo me aparté un poco. –Bueno ¿Qué te ha dicho? –pregunté muy intrigada.

-Quería disculparse. La pobre está muy arrepentida. –contestó volviéndome a besar. –Bueno… creo que antes de que nos interrumpiera, te iba a besar… -dijo mirándome con los ojos encendidos de pasión.

Me cogió en brazos y me tumbó en el sofá, pero claro, no cabíamos bien. Yo me reí. –Mejor vamos a la habitación, estaremos más cómodos. Es la primera puerta a la izquierda. –contesté aún riéndome.
Volvió a cogerme mientras me besaba, dando tumbos llegamos a la habitación y nos tumbamos en la cama. Me quitó rápidamente los pantalones y se quitó los suyos después.

No tardamos mucho en quitarnos la ropa interior para poder sentirnos aún más. Nos acariciábamos por todas partes, yo cogí su miembro erecto y lo acaricié, él suspiró y emitía gemidos que me encendieron.

Me puse encima de él haciendo que me penetrara, ambos emitimos un sonoro gemido a la vez. Él estaba con los ojos cerrados, se notaba que estaba disfrutando y eso me encantó.

Cristian me había ayudado mucho desde que nos conocimos, yo quería agradecérselo como se merecía, y me pareció que darle mucho placer sería una buena forma.

Me movía de forma rítmica, él me seguía de muy buena gana. –No pares… eres una diosa… -dijo entre gemidos.

Así estuvimos inmersos en ese baile de amor y pasión descontrolada. No supe cuanto tiempo estuvimos así. Yo solo era consciente de todo el placer que sentía y del placer que quería darle a Cristian.

Llegamos juntos al clímax y tan sólo pude abrazarle y besarle de forma apasionada. Pero me miró de forma muy pícara. –Necesito más… -dijo mientras me dio un leve mordisquito en el cuello y me volvía a penetrar.

Comenzamos de nuevo a sentir un placer único, por cada célula de mi ser sentía un enorme placer. Un placer que me hacía sentir Cristian, no solo me daba placer, sino también todo su cariño y amor…
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