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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 9 de junio de 2010

Un sol entre las sombras capitulo 9

9º- Cambios y sorpresas

Cristian accedió a que volviera con Evelyn a casa, aunque a condición de que por las tardes y siempre que tuviera tiempo, estuviera con nosotras. Cosa que no era difícil siendo vecinos.

Parecíamos una pareja de casados, salvo por el hecho de no dormir bajo el mismo techo. Era inmensamente feliz, mi cuento particular se estaba haciendo realidad poco a poco.

Además las cosas con Elena iban muy bien. Nos pidió perdón y desde entonces ella y yo nos hicimos inseparables. La verdad es que era una buena amiga, la primera amiga que tenía desde hacía mucho tiempo.

Una tarde de las que Cristian estaba en casa, le notaba bastante ausente, eso era raro en él. –Cristian ¿Te ocurre algo? –pregunté mirándole a sus profundos ojazos azules.

-Bueno… es que llevamos juntos un tiempo y estamos muy bien y pasamos todos los días juntos. Y… me preguntaba si… -decía dudoso. –Me preguntaba si te gustaría que viviéramos juntos. –dijo un poco sonrojado.

Yo me quedé pasmada. Era lo que había estado deseando desde que le vi por primera vez. –Me… encantaría. –dije sonrojándome.

-¿De verdad? Eso es fabuloso. No sabes lo feliz que me haces… -contestó muy ilusionado.

Nos abrazamos y me dio un beso muy tierno. Estábamos muy felices, yo porque veía cumplido mi cuento de hadas y él por mi afirmación de vivir juntos, yo era la chica más feliz del mundo.

Durante unos días tuvimos mucho ajetreo de cosas. Aunque nos cambiamos a la casa de Cristian, pues la mía me traía demasiados recuerdos, sobre todo eran unos recuerdos malos…

A Evelyn le ilusionó muchísimo la idea, hacía mucho que llamaba “papá” a Cristian. Eso me encantaba y Cristian estaba como loco, muy ilusionado. Quería con locura a Evelyn, se pasaban el día jugando y riéndose.

-Mami, te se ovidan mis jubetes… -dijo ella algo molesta.

-Peque, los he llevado ahora, los tienes todos en tu nueva habitación, espero que te guste. –explicó Cristian mientras la cogía en brazos.

Ella se puso como loca, tuvimos que ir en ese instante a ver su habitación. Yo no la había visto y lo cierto es que tenía bastante curiosidad. Entramos y la habitación era preciosa, pintada de azul cielo y con unos muebles preciosos blancos donde estaban colocados todos sus juguetes y algunos más que Cristian había comprado.

-Es preciosa, cielo. –dije mirándole. –Mi pequeña, dale las gracias por los regalos. –añadí mirando a mi hija.

-Gacias papi, te quero. –contestó ella dándole un beso.

-Estoy deseando que llegue la hora de la cena para que ya estéis aquí conmigo. –dijo dándome un beso y abrazando a la niña.

Terminamos de cambiar las últimas cosas y nos pusimos a cenar. Fue una cena muy especial, aunque encargamos una pizza, pero Evelyn nunca la había probado y no teníamos ganas de cocinar.

En seguida, nos fuimos a dormir, habían sido demasiadas cosas para pocos días, estábamos exhaustos de la mudanza. Nada más acostarnos cerré los ojos y me dormí con una sonrisa de felicidad.

Mi madre ya estaba en el centro, pero aún no la había podido ver. Pero Dennis me había explicado que tenía varias secuelas del accidente. Había perdido coordinación en las manos y tenía varias lagunas mentales. Tenía pérdidas de memoria a corto plazo, se le olvidaban las cosas más recientes.

Ese sábado Cristian y yo íbamos a verla, así que Annette y Dennis se quedaban con ella. Yo estaba bastante nerviosa, pero ya me habían advertido que tenía que tranquilizarme para que no me diera otra subida de tensión.

Pero ese día me había levantado bastante mal, estaba mareada y sentía nauseas, pero si decía que me encontraba mal, Cristian no querría que fuéramos. Llegamos al centro y yo me estaba encontrando peor; no obstante tenía muy claro que no me iría sin ver a mi madre.

Nos metieron en una habitación y luego entró ella en silla de ruedas empujada por una enfermera. La noté muy deteriorada, más delgada y con mala cara… No parecía ella pero nada más verla me acerqué a abrazarla. –Mamá… te echaba de menos… -dije comenzando a llorar.

Ella miró a Cristian muy extrañada pero con curiosidad. -¿Quién es este chico? ¿Dónde está el estúpido de Enrique? –preguntó.

-Pues este es Cristian, llevo un tiempo con él. Enrique está donde merece, en la cárcel. Ya no volverá a molestarnos. –dije muy contenta.

-Yo te echaba de menos hija, no habías venido a verme. –contestó mientras me abrazaba. Miró a Cristian y luego a mí. -¿Quién es este chico? ¿Dónde está el estúpido de Enrique? –volvió a preguntar.

La enfermera nos había advertido lo de las pérdidas de memorias. Durante el rato que estuvimos allí, le presenté a Cristian unas 15 veces y le conté lo de Enrique otras tantas.

Estaba muy contenta de ver a mi madre pero me encontraba más mareada por momentos. Intentaba controlar las nauseas todo lo que podía. Salimos del centro y nos dirigimos al coche, pero ya no pude controlarme más y comencé a vomitar en el suelo.

-Mel, ¿Te encuentras mal? –preguntó sujetándome.

-Estoy algo mareada, pero creo que ya estoy mejor. –respondí.

Me ayudó a subir al coche y fuimos a casa de sus padres a recoger a Evelyn, pero tuvimos que parar 3 veces más por el camino para que vomitara, pues me encontraba peor.

Llegamos a casa de sus padres pero a mi me ayudó a entrar Cristian, y Annette me miró preocupada. –Traes muy mala cara… -

-Papá, ¿La puedes echar un vistazo? –preguntó Cristian.

Me estuvo revisando cuidadosamente. –La tensión la tienes bien. De todas formas te cojo sangre para un análisis y hazte también un test de embarazo. –explicó con calma.

-¿Test de embarazo? ¿Tú crees? – preguntó Cristian sorprendido.

-Por cómo se encuentra, puede ser posible. –comentó su padre.

Con todo el jaleo salió Elena, que había llegado hacía un rato y estaba jugando con Evelyn. – ¿Qué es lo que pasa? –preguntó con curiosidad.

Annette se lo contó y ella dijo que me acompañaba al servicio para hacerme la prueba. Yo ya sabía lo que era ser madre, pero no sabía si Cristian iba a querer tenerlo en caso de estar embarazada. Esos dos minutos fueron larguísimos, se me hicieron eternos… y fue Elena la que miró el resultado…

-¡Felicidades! ¡Vas a ser mamá! –dijo con alegría y dándome un abrazo.

Yo me quedé sin saber qué decir, pero estaba muy feliz, tener otro bebé, y el padre era Cristian, el chico perfecto. El chico perfecto que no sabía si querría a ese bebé…

Elena bajó muy deprisa al comedor arrastrándome con ella. Por su reacción todos sabían lo que significaba, pero ella volvió a gritarlo a pleno pulmón. –Enhorabuena, hermanito. ¡Vas a ser papá! –gritó dándole un abrazo.

Cogió a Evelyn y se acercó a mí, nos abrazó y pude sentir que se había puesto a llorar. –Es estupendo, estoy con mis princesas y ahora este bebé… ¡no sé ni qué decir! –contestó con lágrimas de felicidad en los ojos.

Lo celebramos, todos estábamos muy contentos y la idea de tener un hermanito le encantó a Evelyn. Cristian no paró de sonreír en toda la noche y de acariciar suavemente mi tripita plana.
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