Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 15 de junio de 2010

Un sol entre las sombras epilogo

Epílogo

10 años después…

Era nuestro décimo aniversario, y para celebrarlo, nos reuniríamos todos para cenar. Evelyn ya era una adolescente bastante rebelde, aunque se ocupaba mucho de sus hermanos Eric y Luna.

-Hija, llama a la tía, dile que tardaremos un poco más en llegar al restaurante. –le dije.

-¿Por qué?

-Cariño, a parte de porque estoy de siete meses, ya sabes que tu padre aún está convaleciente. –contesté.

-¡Qué asco! –gritó molesta. – ¡Es que parezco vuestra niñera!

Yo me enfadé ante la reacción de mi hija. Me acerqué a ella bastante enfadada. – ¿Cómo dices eso? –pregunté con indignación. –Tu padre sufrió un atropello. ¿Crees que le gusta estar convaleciente?

-¿Qué es lo que pasa aquí? –preguntó Cristian saliendo de la habitación.

-Tú hija que no hace más que protestar. –contesté. Pero como estaba con las hormonas tan alteradas por el embarazo me puse a llorar.

-Mamá no llores… -dijo ella sintiéndose culpable. –Yo no quería decir eso…

-Bueno, tranquilizaos… -contestó Cristian. –Anda daos un abrazo.

Me acerqué a mi hija y la abracé mientras todavía caían algunas lágrimas. Mi hija me miró y vi que también se había puesto a llorar. –Hija, ¿ahora lloras tú?

-Es que no quiero que ni tú ni papá os sintáis mal…

-Bueno, hija, ya está. –respondió Cristian. –pero es cierto que he estado algo pesado desde el atropello.

-Me parece que todos estamos algo nerviosos. Pero vámonos ya que si no, no llegamos hasta mañana. –contesté.

Nos pusimos en marcha, y al llegar, ya estaban esperándonos todos dentro. Adriana y Pedro, tenían al lado a su hijita Sara de cinco años, era tan bonita como una muñequita.

Delia y Kirian, tenían entre ellos a sus gemelos de tres años que eran unos torbellinos, no paraban nada quietos, y nada más ver a Eric y Luna salieron disparados para saludarlos.

Y Elena ya estaba al lado de su marido Darío. La verdad es que desde el día que se conocieron habían hecho muy buena pareja. Y tenían entre sus brazos a sus dos hijos, ambos niños, Dimitri y Dylan. Tenían tres años como los hijos de Delia y Kirian, pues se quedaron embarazadas casi simultáneamente.

-Llegáis un poco tarde ¿no? –preguntó Kirian. –A saber lo que andabais haciendo… -dijo con una sonrisa pícara.

-¡Qué gracioso! –se quejó Cristian. –hemos tardado por mi culpa. Estoy harto de tener mal la pierna…

-Paciencia, ya lo sabes. –dijo su hermana.

-Lo cierto es que me cuesta. Ya sabéis que no puedo estarme quieto. –contestó mi marido.

-Ya lo sabemos, que no estás quieto, sobre todo en lo que se refiere a Melinda. ¿Eh pillín? –dijo Darío partiéndose de risa.

-Nosotros nos pusimos rojos con semejante comentario. –Por favor, que están los niños delante… -susurré.

-Jo mamá, que no soy pequeña. Ya sé que os queréis y os dais el lote y eso. –contestó Evelyn.

-Pero bueno, ¿y eso? –pregunté.

-Mamá no soy tonta, además tampoco soy sorda.

Eso me hizo sonrojar más aún, me daba muchísima vergüenza saber que mi hija nos había escuchado en nuestros momentos íntimos. Pero los demás ante mi reacción no pudieron evitar reírse.

La cena fue muy tranquila y amena, nos reímos mucho, disfrutando de nuestros hijos, de nuestra familia. Estábamos felices porque a pesar de haber pasado tanto tiempo, seguíamos juntos.

Yo estaba feliz. Recordaba mi antigua vida, mi vida que había sido un infierno lleno de sombras, se había iluminado gracias a mi sol particular, que era Cristian. Había hecho que cambiara todo mi mundo, haciendo que cada día tuviera muchos motivos para sonreír plenamente.

Por eso, la vida me sorprendió de esta forma, que me dio un amor tan grande como el que yo quería. Un amor tan fabuloso como el de los cuentos con los que crecí de niña. Y tan solo puedo darle gracias a la vida y al destino por tan maravilloso regalo que me concedieron…


FIN
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3 rosas :

·M dijo...

Me parece increíble la fuerza que tienes para escribir tantas historias y la imaginación ^^.
Una amiga me paso tu blog y sino te importa te seguiré ^^ Un saludo

Cristina dijo...

oooooooooooohh esta historia me ha encantado Mariaaaaaaaa!!! madre mia el final es preciosoo sigue asi guapaa

Daeron dijo...

Tu forma de escribir me engancha, quiero leer un par de capítulos y no puedo parar hasta que acabo la historia. La historia es preciosa ^^ me ha encantado ¡Sigue asi!

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Mi blog es mi casa, donde podéis encontrar novelas, relatos, consejos, videos y varias de mis aficiones, pasiones y locuras. Con los comentarios me ayudáis a mejorar, pero siempre desde el repeto y sin palabras feas ni insultos. Opiniones y críticas si se aceptan siempre

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