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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 2 de julio de 2010

Un amor entre las estrellas capitulo 25

25º- Emboscada como en Troya

Cristian se dejó llevar por los dos soldados hasta el refugio que se habían construido. Le llevaron ante el comandante Smith, que sonrió de forma perversa al verlo. –Hombre… pero si aquí tenemos a Cristian que ahora es también un monstruito.

-Vamos al grano. –dijo Cristian muy serio. –Quiero que dejes de atacarnos.

-¿Y eso lo dices tú y tengo que hacerte caso? –preguntó con ironía. –No me hagas reír, por favor…

-Bueno mira, yo quiero que esto se acabe ya. –dijo Cristian. –Di lo que quieres y lárgate de este lugar.

-¿Lo que quiero? –preguntó. –Lo que quiero es la fama que me proporcionará el descubrimiento de este planeta.

-Tú no sabes nada sobre Him’naj, no te permitiré que lo destruyas. –dijo amenazante.

-Me parece que no estás en las mejores condiciones para negociar. –respondió el comandante. –De momento esta noche te quedas aquí, ya veré lo que hago mañana contigo.

Dos soldados volvieron a cogerle y le maniataron a un gran tronco. Le dejaron solo y se fueron a dormir. Cristian observó su alrededor y se detuvo a escuchar, necesitaba comprobar si todos se habían dormido.

Tal como pensaba, todo estaba en calma total, solo se escuchaban armoniosos ruidos nocturnos de la fauna del lugar. Era muy melódico e hipnotizante. Conseguía que Cristian estuviera tranquilo.

Así tenía que estar si quería que su plan saliera bien. se teletransportó al poblado, con lo que se deshizo de sus ataduras. Creía que todos estarían descansando pero se encontró a todos los himanis hablando.

Cuando Pedro le vio se sobresaltó. Se acercó a él y le abrazó con todas sus fuerzas. - ¡Has escapado!

-No hay tiempo para saludos. Tenemos que trazar un plan. –dijo Cristian bastante nervioso.

Cristian estuvo contando lo poco que había hablado con el comandante Smith. Y quería contarles el plan que tenía pensado para derrotarlos, pero debían darse prisa y no tardar demasiado.

-Quiero que hagamos como el caballo de Troya. –dijo Cristian.

-¡Claro! ¡Es una idea estupenda! –contestó su hermano con alegría.

Pero los demás no entendían nada, así que les estuvieron contando a grandes rasgos la historia de Troya y la gran estrategia del caballo. –Entonces ¿debemos construir un gran caballo? –preguntó Aileen.

-No, no tenemos tiempo. –contestó Cristian. –Iré allí, y vosotros estaréis cerca. Cuando compruebe que siguen dormidos les asaltaremos para derrotarlos. –añadió.

Una vez que todos comprendieron el plan, estaban de acuerdo en llevarlo a cabo. Pero Cristian tenía algo importante que hacer. – ¿Y Melín dónde está?

-Ay hermanito… -dijo su hermano con una sonrisa. –Ya decía yo que tardabas mucho en preguntar por ella…

-No seas pesado y dime cómo está. –contestó Cristian ligeramente sonrojado.

-Estoy aquí. –interrumpió la voz de Melín

Él se giró y nada más ver sus preciosos ojos verdes la cara se le iluminó. Aceleradamente se acercó a ella, rodeó con sus brazos la delicada cintura de Melín y se besaron cariñosamente.

-Estaba preocupada por ti, cuando tu hermano me contó lo que hiciste casi salí a buscarte. –le dijo ella acariciando su rostro.

-¿Te encuentras bien? – preguntó Cristian. –Cuando vi que te atacaron…

-Hermanito, sé que la echabas de menos pero tenemos algo muy importante que hacer. –le interrumpió su hermano.

-Perdón, tienes razón. –se disculpó Cristian.

Él se teletransportó de nuevo al refugio, tenía que comprobar que todos seguían dormidos. Se concentró y observó con detenimiento el lugar hasta que comprobó que todo estaba en calma.

Les hizo la señal a los demás que entraron sigilosamente en el refugio. Comenzaron a pegarles. El ambiente tan apacible y tranquilo se vio envuelto en unos gritos y golpes que retumbaban en el inmenso bosque.
Todos se despertaron, comenzaron a luchar como pudieron y a defenderse de la mejor forma posible. Pero pronto, con los combates cuerpo a cuerpo, los soldados empezaron a ver mermado su número de forma notable.

Unos cuantos cayeron, y otros se rindieron, no querían correr la misma suerte que los demás. Al ver que estaban ganando decidieron acabar con la lucha. Haciendo prisioneros a los que se habían rendido.

Los ataron y amordazaron a todos juntos para evitar que escaparan o que volvieran a atacarles. El comandante Smith sabía defenderse mucho mejor, y no lograron apresarle. Cristian y Pedro se enfrentaron a él.

-¡Qué ganas tenía de enfrentarme a ti y pegarte una buena paliza! –dijo Pedro con una sonrisa.

-Niñato, ¿Acaso crees que podrás vencerme? –preguntó con prepotencia el comandante.

-No lo creo, lo sé. –contestó atravesándolo con la mirada. J

-Claro os aprovecháis de las bolas de energía que generáis siendo estos monstruitos… -dijo. –pero en un combate cuerpo a cuerpo no tienes nada que hacer contra mí.

-¿Eso crees? –le preguntó Pedro. –Puedo derrotarte sin usar bolas de energía.

El comandante se abalanzó sobre Pedro, comenzaron una lucha cuerpo a cuerpo. Demostrando su valor y su fuerza, ambos ansiaban quedar por encima del otro, no solo por la batalla, sino por orgullo masculino.

Cristian no había intervenido todavía, comprobaba como se desarrollaba el combate, mientras echó un vistazo a su alrededor. Los soldados estaban atados y los himanis los vigilaban amenazándolos con los sifales.

Continuó siguiendo de cerca el combate, ambos se propinaban golpes muy certeros que hacían que los dos sisearan de dolor al recibirlos. Pero Pedro sabía que tenía ventaja aun sin usar las bolas de energía. Pues su cuerpo de himanis era más resistente y potente.

El comandante veía que poco a poco perdía terreno, perdía fuerzas y que Pedro cada vez le estaba machando más y más. Hasta que con un gran golpe certero le empotró contra un árbol.

Cayó al suelo haciendo un gran estruendo y perdiendo el conocimiento por semejante golpe. Pedro se apresuró a maniatarle y ponerle junto a los soldados. Sin dejar de exhibir ante los demás una amplísima sonrisa ante su proeza.

-¿Viste? –preguntó. –Le vencí y casi sin esfuerzo.

-Bueno no te andes con tantas chulerías. –contestó. –Además esto todavía no ha terminado, y lo sabes.
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1 rosas :

Cristina dijo...

que pasadaaaaaaaaa!! esta super interesante tiaa!! sigeu asi espero el proximoo!!

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