Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 7 de agosto de 2010

Pequeño milagro de amor capitulo 1

1º- Los comienzos son difíciles

Cristian era un chico alto, musculoso pero no demasiado, es decir, con un cuerpo fibroso; y con unos ojos azules, tan azules como el océano. Acababa de quedarse solo con su pequeña Evelyn, pues su novia Elena no quería saber nada de ninguno de los dos.

Elena era una chica morena, bastante alta y con un buen tipo, delgadita y a la que le encantaba la moda, y con unos ojos negros muy intensos. Pero que había rechazado a la pequeña nada más verla, aunque Cristian intentaba que cambiara su actitud.

-Vamos Elena, por favor, ¿Vas a ser capaz de abandonar a nuestra pequeña? –preguntó Cristian alterado.

-Yo no quiero a la niña, que me quedara embarazada fue un accidente, no quiero que me estropee la vida… -respondió mirando con asco a la niña que descansaba en la cunita del hospital con un pijamita blanco.

-No sé cómo eres capaz de decir eso de tu propia hija. –Cristian se estaba enfadando.

-Pues si tanto la quieres quédatela, yo no pienso hacerme cargo de ella. Pero si te la quedas dime adiós, me iré para no volver.

Cristian miró a Elena, había sido su novia desde los 17, pero al ver el desprecio que mostraba por su hija se dio cuenta de la clase de persona que era. –Pues entonces adiós. Voy a ocuparme de ella.

Elena se indignó muchísimo ante su respuesta, no esperaba que saliera con esa contestación. –Entonces lárgate con la mocosa. No os quiero aquí a ninguno de los dos cerca de mí.

-Me parece estupendo, me muero de ganas porque mis padres la conozcan. Espero que te vaya bien en tu “maravillosa vida”. –contestó con desprecio.

Cristian cogió a la pequeña Evelyn en brazos envolviéndola en una mantita y salió de la habitación, fue por los pasillos directo al despacho de su padre, Dennis, trabajaba allí como neurocirujano, era el mejor del país.

Llamó a la puerta del despacho y esperó a que le diera permiso para pasar, no quería molestarle por si estaba con un paciente. Una vez que le dio permiso entró; Dennis nada más verle se levantó de la silla.

Era un hombre bastante joven, de pelo castaño clarito, unas facciones perfectas, alto, fuerte y con unos ojos tan azules como los de Cristian, algunos incluso los confundían, los daban por hermanos.

Se acercó y miró a la pequeña con una sonrisa. –Es preciosa… enhorabuena, hijo. –dijo Dennis dándole un pequeño abrazo.

-Gracias papá, aunque… no estoy todo lo contento que me gustaría… Elena no ha querido saber nada de ella. Así que lo hemos dejado, yo me haré cargo de mi niñita preciosa. –contestó besando en la frente a la pequeña.

-¿Estás seguro? Ser padre soltero no es fácil.

-Jamás he estado más seguro de algo, como de cuidar a mi pequeña Evelyn. –contestó apretándola contra su pecho.

-Bueno, tu madre y yo te ayudaremos en todo lo que necesites. –añadió.

-Lo sé, estoy deseando que mamá la conozca, le va a encantar.

Salieron del despacho, para recoger los papeles del alta de la niña, Cristian no podía estar más feliz, sabía que iba a ser una vida difícil pero haría lo que fuera por su pequeña.

Annette era su madre. Una mujer muy hermosa, parecía que su cara era como la de las muñecas de porcelana y tenía unos ojos verdes, tan verdes como dos esmeraldas. Ella se quedó encantada con la pequeña, decía que era el bebé más precioso que había visto nunca. Cristian no podía estar más de acuerdo con su madre, al mirarla se le iluminaba la mirada…

Se pidió una excedencia en el trabajo, trabajaba como profesor de piano y de guitarra en un conservatorio. No llevaba demasiado tiempo, pero los primeros meses quería cuidar a su niñita del alma.

Cristian se veía algo torpe, evidentemente se alimentaba con biberón, al principio lloraba muchísimo, le daba muy malas noches, no paraba de llorar. Había pasado un mes y todas, absolutamente todas las noches había llorado por lo menos unas 4 horas seguidas.

La tenía cogida en brazos y daba paseos por la habitación, para intentar calmar a la niña. –Peque, por favor… deja de llorar.

Entonces empezó a tararear una canción Claro de Luna de Debussy, era una de sus canciones favoritas, siempre que la escuchaba se quedaba relajado, y pensó que a su hijita le pasaría igual.

Tardó un largo rato, pero finalmente se durmió, estaba tan bonita dormida… Desde ese día Cristian le tarareaba la canción y la niña cogía en seguida el sueño, Cristian fue cogiendo el truco a eso de ser padre.

Se entendía a las mil maravillas con la niña, estaba… como un niño con un juguete nuevo. Evelyn crecía por momentos, era una niña muy despierta e inteligente, con los preciosos ojos de su padre, y aunque al nacer había sido regordeta, según pasaban los meses había crecido y no estaba tan gordita.

Casi sin darse cuenta, la niña ya tenía 6 meses, estaba preciosa y a Cristian se le caía más la baba cada día con su princesita. Y los abuelos adoraban a su nietecita, decían que era su pequeño tesoro.

A Cristian ya se le acababa la excedencia, había apuntado a la niña a una escuela infantil privada de mucho prestigio en la zona, pero la llevó cuando tuvo 6 meses que era cuando finalizaba su excedencia.

Era un día de otoño, del mes de noviembre, hacía bastante frío, por lo que puso a la niña un conjunto abrigadito de color azul cielo, regalo de su abuela. Estaba adorable y antes de salir le hizo una foto, en realidad desde que había nacido Cristian no paraba de hacerle fotografías a todas horas. Y en su primer día de colegio no podía faltar la foto.
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5 rosas :

Adina dijo...

Meee ennncantaa !!!
Muii simple ii sobre todo muii original.. :D
mee a gustadoo :)
esperoo ell siiGuuiienTee capiituuLo :)
unn beessO

El hombre de Alabama dijo...

Es eso, simple, y creo que muy precipitado... narras cagando leches, hablando mal y pronto. Pero vamos, por imaginación e ideas veo por tu blog que no será.

nyf_270705 dijo...

me encanta!!!jejeje es todo mu real,esta todo en orden!!!jeje me encanta m gusta muxo esta istoria!!!un beso wapa!!!!

Cris dijo...

Sin palabras!! otra nueva historia de una escritora genial!! Sigue así guapisima!! besos

B€!t@ dijo...

me encanta!!! me da penilla por cristian, pork esta solito, pero bueno!!!xD me gustó mucho!!! voy a por el siguiente!!

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