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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 9 de septiembre de 2010

Ambición de poder capitulo 3

3º- ¿Nueva amistad?

Pasado un largo mes y medio, Melinda estaba recuperada de los puntos. No esperó demasiado. En cuanto pudo cogió a su marido por banda y le reclamó una buena dosis de amor, que tanto tiempo llevaba esperando.

Y Cristian ni mucho menos se opuso, pues ese mes fue tremendamente duro para él. Complacía cada noche a su mujer porque quería verla saciada de amor, pero controlarse sin llegar a hacer nada más profundo era una tortura.

Cada mañana se tenía que darse una ducha con agua completamente fría para no volverse loco. Su hermano empezó a preocuparse por él. –Hermanito, al final vas a caer enfermo. –dijo. –Si es que, retener tanto tiempo tiene que ser malo para la salud.

-¿Crees que no me muero de ganas de ello? –preguntó.

-Bueno, tranquilo.

La noche que por fin pudieron estar juntos, fue una experiencia de lo más satisfactoria para ambos. En todos los años que llevaban juntos jamás habían tenido una experiencia semejante.

Fue tal placer el que sintieron, que Cristian hizo que se movieran todos los muebles de la habitación de forma inconsciente. Cuando llegaron al clímax y se relajaron, lo vieron todo patas arriba.

-Jamás habías hecho algo así. –dijo asombrada.

-Quizás tenía razón mi hermano, y contenerse tanto tiempo era malo para la salud. –contestó en tono divertido.

-¡Qué gracioso! –dijo Melinda. –Pues entonces recoges tú todo lo que descolocaste.

-Claro, mi niña. –respondió muy relajado y sonriente.

Lo cierto es que le daba igual. Llevaba tanto tiempo conteniéndose que estuvo a punto de enloquecer. Así que estaba tremendamente feliz de estar junto a su mujer. Por haberse entregado de nuevo después de tantos días.

Aunque estaban algo asustados, un nuevo hijo era más trabajo, pero también más preocupaciones de que les descubrieran. No podían permitir que nadie se enterara de sus poderes.

A los pocos que se los habían descubierto, los tenían en laboratorios haciéndolos miles de pruebas. Estaban encerrados como si tuvieran una enfermedad contagiosa. Y eso era lo que más aterraba a esta familia, en la que todos sus miembros habían desarrollado poderes.

Debían tener mucho cuidado, nunca mostrar sus poderes en público, y si lo hacían, tenían que evitar que les vieran y reconocieran. Pero a veces no era tarea fácil, pues a Evelyn cuando jugaba a veces le apetecía usar sus poderes.

Una de las tardes que salieron al parque, estaban sentados, con Marcos entre los brazos de Melinda. Cristian miraba a su hija, cómo jugaba con otros niños en los columpios.

Hasta que uno de los niños se escurrió, estaba a punto de caer al suelo y darse un golpe en la cabeza, cuando vio a Evelyn hacer un escudo para depositarlo con cuidado en el suelo.

Cuando vieron eso se levantaron corriendo y fueron hasta su hija. – ¿Qué has hecho?

-Papi, es que Dani se iba a caer y hacerse pupa. –se justificó.

-¿Qué te tengo dicho de los poderes? –preguntó.

Pero Evelyn no pudo contestar, pues una chica bastante joven se acercó a ellos. –Gracias por salvar a Dani de un gran golpe en la cabeza. –dijo. – ¿Pero cómo lo habéis hecho?

-Verás es que… es que… -no sabían ni lo que decir.

-Tenemos poderes y la niña los usó para ayudarle. –contestó Melinda.

-¿En serio? –preguntó asombrada. –Bueno pues gracias por usarlos para salvar a mi pequeño.

-Eh… de nada. –estaban bastante descolocados.

-Bueno me llamo Adriana. –dijo presentándose.

-Yo soy Melinda y él es mi marido Cristian. –dijo. –Y ella es nuestra hija Evelyn.

-Encantada, él es mi hijo Dani. –contestó amablemente. – ¿Y el pequeño? -Preguntó señalando al bebé que llevaba Melinda en brazos.

-Es nuestro hijo Marcos, ha nacido hace muy poco.

-Es una ricura de niño. –dijo sonriéndole.

-Oye Adriana mira, tenemos que hablar de una cosa. –interrumpió Cristian bastante serio. –No puedes decirle a nadie que tenemos poderes, ya sabes que no está demasiado bien visto.

-Tranquilos, yo jamás diría nada. Además habéis salvado a mi hijo. –contestó. –Podéis calmaros que conmigo vuestro secreto está a salvo.

-Gracias de verdad. –dijo Melinda. –Nosotros solo queremos vivir tranquilos y en paz, sin hacer mal a nadie.

-Es normal. –contestó con una sonrisa. – ¿Oye queréis que mañana quedemos aquí? –preguntó. –Así los niños podrán jugar juntos.

-Claro, mañana nos vemos a esta hora aquí. –dijeron despidiéndose.

Se marcharon a casa, y Cristian iba muy callado. Melinda le conocía muy bien y sabía que le ocurría algo. –Mi amor, ¿Qué te pasa?

-Evelyn, no debiste usar tus poderes. –dijo Cristian bastante seco.

-Pero papi, se iba a hacer pupa.

-Ya pero aún así. No debiste hacerlo. –contestó. –No vuelvas a hacerlo delante de nadie.

-Vale… -dijo haciendo un puchero.

-Cariño, no la regañes, lo hizo por una buena causa. –dijo Melinda intentando razonar con él. –Además Adriana parece encantadora.

-Ya bueno… todo el mundo lo parece al principio, pero no me fío.

-Bueno pues yo sí, y es el primer amigo que tiene tu hija, así que alégrate un poco. O al final me terminaré enfadando yo contigo.

-Perdona, mi niña. –contestó acercándola a él. –Intentaré no ponerme así.

Dijo eso para no discutir con su mujer, pero algo en su interior le decía que Adriana les traería problemas. Por si acaso, él estaría alerta, pues no permitiría que su familia sufriera ningún daño.
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3 rosas :

B€!t@ dijo...

Me encanta!!!! espero el siguiente impaciente!!! besitos!!!!

Cristina dijo...

alaa!! que pasadaa!! yo quiero poderes!! xDD jajaja bss guapa espero el proximo =)

la_ninia_eli dijo...

k encanto :)
esta muy bien la historia jejej

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