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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 21 de agosto de 2011

Acechados capítulo 1

Capítulo 1
            Los siguientes días la actitud de Cristian fue más paranoica todavía, estaba muy preocupado por Melinda y el bebé. Intentaba no mostrarse tan inseguro delante de su mujer, pues eso la tenía muy angustiada y no podía tener disgustos estando en su estado.

            Seguía teniendo ese sueño tan extraño, solo que ya no veía a la muchacha, si no que escuchaba su voz, el mensaje había cambiado, ya no pedía ayuda, si no que pedía ayuda para Melinda. Él no comprendía en qué tenía que ayudar a su mujer, pero tenía muy claro que no dejaría que nada malo le pasara a Melinda.

                                                                  ****

            Las cosas continuaron así durante los dos siguientes meses, Melinda estaba preocupada pero no quería angustiar más a Cristian. Se le estaba haciendo muy cuesta arriba todo el tema del sueño, del ascenso…

            Melinda ya estaba de seis meses, el embarazo estaba muy avanzado y ella se movía con dificultad. Caminaba de camino a casa, había ido a comprar un poco de chocolate y no pudo evitar abrirlo mientras regresaba.

            De repente sintió un tirón del bolso y que alguien la sujetó por el brazo. La arrastro dejándola atrapada contra una pared. Melinda pudo ver que delante tenía un chico alto, moreno, de ojos marrones y con el aspecto un tanto descuidado.

-No me haga nada por favor… -dijo ella llorando.

-Eres preciosa…

-Por favor… -pidió llorando.

-Solo quiero divertirme…

-Estoy embarazada, por favor, déjame tranquila…

Seguro que así disfrutas más… -respondió acariciando su cuerpo por encima de la ropa.

¡No, déjame! –gritó con desesperación.

            El chico no escuchó sus gritos, comenzó a besarla y a meter las manos por debajo de la ropa. Bajó las manos hasta los pantalones de Melinda y metió la mano por dentro, acariciando por la fuerza la intimidad de ella. Eso solo hizo que Melinda gritase más y llorase con mayor desesperación.

            Pero un chico de pelo castaño, ojos verdes y cara de niño lo vio y se acercó corriendo para ayudarla. Cogió al agresor y de un empujón lo apartó de Melinda. Ella se quedó apoyada en la pared con un ataque de ansiedad.

-¿Qué haces? ¡Me estaba divirtiendo! –protestó el agresor.

-¡No te acerques a ella!

            Empezaron una pelea en la que ambos daban y recibían fuertes golpes. Pero el chico ganó terreno y pudo tumbar al agresor. Cuando le dejó noqueado con otro puñetazo, cogió el móvil y llamó a la policía.

-¿Estás bien? –preguntó mirando

            Pero Melinda estaba sufriendo un ataque de ansiedad y no era capaz de articular palabra.

-Me llamo Kirian, ¿Quieres que llame a alguien?

            Ella no era capaz de hablar, bastante tenía con tratar de respirar o al menos de intentarlo. Le ofreció el móvil y le dio a la tecla de la rellamada donde apareció el número de Cristian.

            Kirian cogió el móvil y esperó mientras la señal sonaba. Descolgaron el teléfono y la voz de un chico sonó al otro lado.

-Hola preciosa, ya voy a casa. –dijo.  

-Eh… Hola… -contestó Kirian dubitativo.

-¿Quién eres y qué haces con el móvil de mi mujer? –preguntó casi a gritos.

-Pues… verás yo iba por la calle y… Un hombre trataba de violar a tu mujer, yo la he ayudado.

-¿Qué? Pero ¿Está bien? ¿Qué la hizo ese desgraciado? –preguntó atropellando sus palabras.

-Pues creo que nada, pero no lo sé.

-¿Puede hablar?

-Tiene un ataque de ansiedad. Voy a llevarla al hospital.

-Voy ahora mismo. –contestó Cristian colgando.

            Kirian le devolvió el móvil a Melinda. Y trató de encontrar las palabras adecuadas para no asustar más a la pobre muchacha.

-Creo que… debería llevarte al hospital. Tú marido va a ir al hospital.

            Ella no respondió, se limitó a mirar con miedo a su agresor que continuaba en el suelo inconsciente.

-Tranquila, nos vamos al hospital.

            Empezó a caminar con ella al lado, quería cogerla pues la veía a punto de derrumbarse, pero pensó que eso podría asustarla más en esos instantes. Caminó hasta su coche que no estaba demasiado lejos aparcado y ayudó a Melinda a montarse en el coche.

-No me has dicho tu nombre.

-Melinda.

            Puso el coche en marcha directo al hospital, no tardaron en llegar pues Kirian fue todo lo deprisa que podía sin saltarse los límites de velocidad. Cuando llegaron al hospital fue el que pidió ayuda para que la atendieran.

-Vamos a examinarla. ¿Es un familiar? –preguntó el médico.

-No, yo la ayudé con su agresor.

-Espere aquí.
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