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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos.
Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.

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sábado, 3 de septiembre de 2011

Acechados capítulo 9

Capítulo 9
-¡Alto policía! –gritó un policía entrando de repente en la habitación.

            El agresor se puso nervioso, quiso amenazar a Melinda para evitar que le detuvieran pero recibió un disparo en el pecho antes de poder hacer nada. Cayó al suelo de forma brusca, mientras Melinda pegó un gritó por el miedo.

-Señorita ¿Se encuentra bien? –le preguntó sentándose a su lado.

-Creo que el bebé ya viene…

-¿Ha llamado a una ambulancia?

-No pude, pero además es un embarazo de riesgo… -contestó preocupada, llorando cada vez más.

-No se preocupe. Todo va a salir bien.

-Ayude a mi marido, por favor…

-Mi compañero le está ayudando hasta que venga la ambulancia. –explicó.

            Pero Melinda empezó a tener más contracciones, cada vez más seguidas y no podía dejar de gritar a causa del dolor y del miedo que todavía corría por su interior. Dos de los policías la observaban sin saber lo que hacer.

            Pero otro de los policías si que sabía lo que hacer, le había pasado algo similar no hacía mucho tiempo.

-Tranquila, yo sé lo que tengo que hacer. –dijo con calma.

-Estoy asustada...

-Tienes que respirar tranquila, y cuando notes una contracción debes empujar. Pero antes tengo que coger toallas.

            Melinda seguía en la cama, intentando aguantar el dolor por las contracciones que cada vez eran más seguidas. El sudor corría por su frente, y sus manos se sujetaban fuertemente a las sábanas tratando de soportar los pinchazos.

            Cuando el policía regresó con las toallas le dijo que debía empujar para que saliera el bebé. Bastaron unos cuantos empujones para que en la habitación se escuchase un profundo llanto del bebé.

            Melinda suspiró al escucharlo y quiso saber cómo era y si era niño o niña. Vio que el policía cortaba el cordón umbilical y después envolvía al bebé en una toalla.

-¡Enhorabuena, es una niña preciosa! –dijo con entusiasmo.

            Se acercó a ella que estaba tumbada y se la colocó en el pecho para que pudiera tocarla y verla de cerca. Melinda no pudo evitar ponerse a llorar al ver la linda carita que tenía su hija. No podía creer que tuviera una hija con su marido, un pequeño tesoro surgido del amor que se procesaban…

-Es preciosa…

-Si, la verdad es que si.

            Mientras que hablaban, escucharon el sonido de la ambulancia llegar. Los ATS entraron enseguida y atendieron a Cristian, a Melinda y al bebé. El agresor yacía muerto por el disparo y tuvieron que llamar al juez para que autorizase el levantamiento del cadáver.

            Se llevaron al matrimonio y al bebé al hospital, debían curarlos y revisarlos para comprobar que estaban bien. La herida de la pierna de Cristian era bastante grave, pero se la cosieron. Eso sí, le advirtieron que podía haberle afectado y que pudiera ser que necesitase un poco de rehabilitación.

            La niña estaba sana y salva, el policía había hecho muy bien su trabajo, había atendido bien el parto y por eso la nena estaba perfectamente, al igual que Melinda. Ella estaba ya en una habitación con la niña, así que aprovechó para llamar a su hermana y contarle lo ocurrido, pues ese día habían tenido cita con el médico.

-¿Qué ha pasado qué? –preguntó su hermana.

-Estamos bien, pero en el hospital.

-Ahora vamos. Es que en el médico había mucha gente.

-Bueno y ¿para qué ibas al médico?

-Pues porque… ¡Estoy embarazada! –gritó eufórica.

-Me alegro mucho hermanita. –contestó ella. –Y si quieres conocer a tu sobrinita, ven al hospital.

-Claro que si. Además me has dejado muy preocupada con lo que me dijiste.

-Ahora hablamos, hermanita. Te quiero.

-Y yo.

            Melinda se quedó mirando a su pequeña hija, que dormía plácidamente después de haberse alimentado con muchas ansias. Al poco rato, llevaron a Cristian hasta la habitación con ella y la niña

-Hola, cielo…

-Hola, preciosa ¿Y el bebé? No han querido decirme si era niño o niña.

-Mira, mi amor. –dijo cogiendo a la niña de la cuna que estaba a su lado. –Esta es nuestra hija.

            Se la acercó a Cristian para que la cogiera con delicadeza. Él estaba nervioso, pues temía lastimar a la niña con lo pequeña y frágil que parecía entre sus vigorosos brazos.

-Es tan pequeña…

-Lo sé. ¿A qué es preciosa?

-Como su mamá. Así que esta es nuestra pequeña Evelyn…

-Si todavía te sigue gustando el nombre, sí.

-Me encanta.
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