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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos.
Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.

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jueves, 6 de octubre de 2011

Acechados capítulo 15

Capítulo 15
            Jaime esperó fuera como siempre. Quería comprobar cuándo llegaban a casa. Después se marcharía a su coche donde tenía el receptor y así poder ver lo que hacían todos y cada uno de los miembros de esa familia.

            Sabía que la espera sería aburrida, aunque no tanto como lo había sido hasta ahora. Pues estaría bajo el cobijo de su coche, cómodamente sentado y levantaría menos sospechas.

            La verdad es que estaba muy extrañado, pues ni Kirian ni Cristian habían vuelto a estar tan curiosos como para querer pillarle. Eso era algo bueno, pero no sabía cuánto, pues tal vez podría ser una maniobra de distracción, así que debía estar atento.  

                                               ****

            Días después todo era calma, alegría, tranquilidad… No había nada que no estuviera bien, al menos para Delia y Melinda. Los chicos seguían con su misterio, que trataban de ocultar lo mejor que podían. Así hicieron siempre que pudieron.

            Melinda seguía con su tiempo de descanso en casa para estar con Evelyn durante los meses de lactancia. Así no solo estaría más tiempo con su hija, si no que además podría descansar un tiempo del trabajo.

Una tarde, Melinda estaba tranquilamente en casa, los demás no habían llegado todavía así que tenía un rato para disfrutar de su hija. Le hacía carantoñas, caricias, besaba sus pequeñas mejillas mientras ella sonreía.

Entonces llamaron a la puerta. Era raro a esas horas, pero tras dejar a la niña en la sillita que tenía en el comedor, se fue hasta la puerta para abrir. Junto al umbral de la puerta se encontró con un chico moreno, un desconocido que estaba delante de ella.

-Hola ¿Quién eres? ¿Querías algo? –preguntó ella con curiosidad.

-Hola, no me conoces, pero yo a ti si.

-¿Y de qué me conoces? ¿Qué quieres?

-A ti… -susurró antes de empujarla fuera de la casa.

            La arrastró por la fuerza hasta su coche,  intentando tapar su boca para evitar que gritase. Afortunadamente para él, no estaba pasando nadie por la calle en ese momento pues era un día muy tranquilo. Consiguió meter a Melinda por la fuerza en su coche, a pesar de que ella intentaba resistirse todo lo que podía.

            Finalmente, sus intentos de resistirse fueron en vano y Jaime le dio un golpe en la cabeza que hizo que perdiera el sentido. Después se montó en el coche y arrancó para marcharse a su apartamento con ella.

                                                        ****

            Cristian había quedado esa tarde con Kirian para mirar anillos. Habían quedado a solas y no le habían dicho nada a Delia para evitar que pudiera escapársele algo sobre la sorpresa que querían preparar.

            Estuvieron en cinco joyerías, pues Cristian no encontraba un anillo que le gustase. Algunos eran excesivamente caros, otros demasiado baratos, otros muy pomposos, otros demasiado simples… Tenía claro cómo debía ser el anillo para Melinda, pero no lo encontraba.

            Hasta que en la quinta joyería dio con él. Era un anillo de oro fino, con un pequeño diamante en forma de corazón. Era sencillo pero elegante y bonito. Era el anillo perfecto, el que había estado buscando…

-Este es el anillo perfecto…

-Es muy bonito, seguro que le encanta. –contestó su amigo con una sonrisa de felicidad.

-Ahora solo falta escoger un bonito restaurante y hacer algo con mis nervios…

-Sé de un compañero de trabajo que conoce un restaurante que es impresionante. Si quieres mañana le pido el teléfono. Eso sí, te aviso que es bastante caro. –comentó Kirian.

-No me importa, daría todo lo que tengo por ella.

-Bueno… qué empalagoso te estás poniendo… -dijo su amigo bromeando.

-Como te pondrás tú cuando vayas a pedírselo a Delia.

            Kirian no se esperaba una respuesta así y se puso colorado ante la idea de imaginarse casado con Delia. Él la idolatraba, pero lo cierto es que le daba miedo que ella le rechazase, por eso todavía no se había decidido a dar el paso, como sí que había hecho su amigo.

            Una vez que metieron el precioso anillo en una delicada cajita de terciopelo azul, a petición de Cristian, lo envolvieron y después él pagó el anillo. Salieron de la tienda, charlando distendidamente mientras caminaban hasta el coche.

            La música sonaba dentro del coche de Cristian a un bajo volumen pues el par de amigos iban hablando. El camino no era largo con lo que llegaron en muy poco rato a casa. Se bajaron del coche y entraron en el portal.

            Pero cuando llegaron al piso, vieron la puerta abierta. Eso les alarmó, y mucho más cuando escucharon llorar a Evelyn dentro del piso. Cristian entró acelerado buscando a su hija y a su novia.

            La niña estaba en la sillita del comedor, llorando a pleno pulmón y muy nerviosa. Él la cogió tratando de calmar ese llanto tan profundo. Kirian al ver el nerviosismo de la niña, entró a todas las habitaciones en busca de Melinda, pero no dio con ella.

-Melinda no está.

-¿Qué dices? –preguntó Cristian sobresaltándose. -¿Cómo que no está? Pero… ¿Dónde está?

-Pues que la he buscado por las habitaciones y no está por ninguna parte.

-Pero ¿Dónde va a estar si la niña está aquí? Ella jamás la dejaría sola…

            La niña se alteró ante el nerviosismo, pero él intentó mantener la compostura para al menos no poner más nerviosa a su hija que no había parado de llorar. Cristian cada vez estaba más nervioso, y se había bloqueado, no sabía lo que hacer, pues su mente sólo podía pensar en Melinda y en dónde estaría…
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1 rosas :

Cristina dijo...

diooss me encantaaa! pobre melinda aiiss espero k cristian la encuentre prontoo x favoorr y k no la pase nada aiiss sigue asi k lo has dejado interesantisimo :) bss

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