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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 4 de noviembre de 2011

Acechados capítulo 19

Capítulo 19
            Cristian se quedó con el móvil en la mano aún cuando ya se había cortado la comunicación. Las últimas palabras del secuestrador realmente le habían asustado. ¿Sería capaz de hacer algo así? O incluso empezó a pensar en si… ¿Ya lo habría intentando?

            No le quedó más remedio que aguantar y ver cómo pasaban las horas. Era muy tarde y Kirian quiso que su amigo descansase, le hacía falta, sobre todo porque el día siguiente sería muy duro para él.

            -Vamos, es mejor que vayas a dormir. –dijo él.

            -No quiero. No puedo dormir sabiendo que ese loco puede estar haciéndole de todo a mi mujer…

            -Vamos, es mejor que duermas un poco. –volvió a aconsejarle.

            -¡No, no quiero! –gritó malhumorado.

            Cristian se apartó de su amigo y fue hasta la cocina. Buscó por los muebles de la cocina hasta que encontró una botella de Whisky. Se sirvió una copa y se la bebió de golpe.

            Mientras se servía otra copa, su amigo entró en la cocina para intentar detenerle. No era bueno que bebiese en un momento así. Pero cuando intentó arrebatarle la botella y el vaso, Cristian se resistió.

            -¡No, déjame!

            Cristian estampó el vaso contra el suelo expresando su furia. Después cogió la botella y se fue hasta su habitación cerrando la puerta con un sonoro portazo que asustó a todos e hizo que la niña se pusiese a llorar.

            Pero él no estaba en ese momento para atender a su hija. Era su princesita, pero la idea de perder a su mujer, a la luz que le guiaba… era imposible, no podía aceptarlo. Se dedicó a beber y beber para tratar de ahogar sus penas. Ese sufrimiento que le estaba recorriendo por dentro, quemándole como si fuera una gran fogata que estaba a punto de hacer explotar su cuerpo.

            Bebía y bebía tumbado en la cama mirando al techo, sin poder evitar que las lágrimas empezasen a caer por su rostro pensando en su preciosa esposa que estaba lejos de su lado.

            -Mel… te necesito… te amo… -dijo entre susurros.

            Siguió bebiendo y bebiendo, tratando de ahogar las penas y el dolor que por más alcohol que entraba en su cuerpo no era capaz de borrar. Cuanto más alcohol bebía, más miserable se sentía. No estaba haciendo nada por recuperar a su esposa y eso le hizo sentirse rastrero y mal marido.

            Decidió que tenía que hacer algo. No podía quedarse de brazos cruzados mientras ella estaba sufriendo Dios sabe qué torturas. Se levantó como pudo con la botella en la mano, mientras se secó las lágrimas del rostro.

            Caminó por el pasillo tambaleándose con el objetivo de intentar encontrar a su mujer, al amor de su vida, a la madre de su hija. Pero de camino a la puerta, Kirian le sujetó por el brazo para impedir su avance.

            -¿Dónde se supone que vas con semejante pedo? –preguntó su amigo de forma autoritaria.

            -Voy a buscar a Mel…

            -Lo primero, es que no creo que puedas hacer nada. Y lo segundo, es que aunque pudieras hacer algo, no creo que pudieras hacerlo con semejante borrachera.

            -¡Déjame, estoy bien!

            -¡No, no lo estás! –gritó Kirian.

            Ambos se enzarzaron en una pelea. Pero Cristian llevaba una borrachera tan grande que hacía que se moviera de forma torpe y lenta, y su amigo no tuvo problemas en derribarle con unos cuantos puñetazos.

            Cayó al suelo derrotado, con varios golpes y el labio partido. Su amigo no se sentía bien haciendo eso, pero debía evitar que pudiera hacer alguna locura en su estado de embriaguez.

            Pensaba que su amigo se enfadaría, que arremetería contra él intentando irse para buscar a Melinda, pero no lo hizo. En lugar de eso, se quedó en el suelo llorando de forma desconsolada, como cuando un bebé es abandonado por su madre.

            -Cristian… -suspiró su amigo.

            -¡Mira, cómo le has puesto! –dijo Delia bastante alterada.

            -Quería evitar que hiciera una locura estando con ese pedo. –intentó justificarse.

            -Es mejor que se de una ducha fría. Tal vez así se despeje.

            Kirian asintió con la cabeza. Levantó a su amigo que estaba muy mareado por el alcohol y cargó la mayoría de su peso para poder llevarle hasta el cuarto de baño. Los policías que estaban con ellos habían observado la escena en silencio. Comprendían el dolor que debía estar sintiendo Cristian.

            Caminaron hasta el baño por el pasillo con bastante dificultad debido al estado de embriaguez de Cristian. Al llegar allí, le apoyó en el retrete. Se acercó a la bañera y abrió el grifo, controlando la temperatura del agua para que saliese templada, tampoco quería que su amigo cogiese una gripe.

            -Vamos, seguro que te despejas con esto. –comentó Kirian amablemente.

            -No quiero… -dijo casi haciendo un puchero.

            -Venga...

            Kirian le empezó a quitar la ropa a su amigo. Le dejó con los boxers y le ayudó a meterse en la bañera. Con la alcachofa le empezó a mojar suavemente la cabeza, quería que se despejase poco a poco.

            Su amigo pareció relajarse al contacto con el agua. Y aunque todavía caían algunas lágrimas de dolor por su rostro, al menos estaba un poco más tranquilo y sereno. Pues todavía faltaban horas para resolver todo el tema.
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