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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos.
Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.

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sábado, 19 de noviembre de 2011

Acechados capítulo 21


Capítulo 21

            De madrugada, el teléfono de la policía que estaba en la casa de Cristian sonó, despertando a todos pues habían conseguido dormir un poco. La policía atendió la llamada y no tardó en llamar a voces a Cristian que se sobresaltó.

            Tuvo la suerte de que la pequeña Evelyn no se despertase. Se la dejó a Delia que también se había despertado y salió rápidamente al comedor.

            -¿Qué ocurre? ¿Ha vuelto a llamar? –preguntó nervioso.

            -Nos han llamado de la central. Parece ser que alguien ha llevado a una joven al hospital hace un rato. No llevaba documentación pero la descripción coincide con la de Melinda. Nos han pasado una fotografía. ¿Es ella, verdad? –preguntó el policía mostrando una fotografía que le había llegado a su teléfono móvil.

            Cristian observó la fotografía. Sí era Melinda pero tenía muy mal aspecto, llena de heridas y golpes. Se puso nervioso pero el policía intento calmar sus nervios.

            -Ya la están examinando, ahora le llevamos. –dijo tranquilamente.

            -¿Y el secuestrador? ¿Y el dinero?

            -Como ya no hay peligro, irás con una bolsa con billetes falsos. La llevarás donde te dijo y así podremos pillarle. No hay peligro ya que Melinda está a salvo y fuera de su alcance. –explicó.

            -Gracias por todo… ¿Puedo ir a verla?

            -Uno de mis hombres le llevará ahora si lo desea.

            Cristian fue a la habitación para vestirse a toda prisa, al igual que hicieron Delia y Kirian. Estaban tan felices por la gran noticia que no podían esperar ni ocultar sus rostros de felicidad.

            Al estar listos, Delia se preocupó ligeramente pues no habían pensado qué harían con la niña.

            -Ella no puede entrar al hospital.

            -Me da igual. Yo entraré con ella, es mi hija y necesita estar con su madre,  y que se les ocurra decirme algo que no respondo…  

            -No te alteres. –le aconsejó su amigo.

            -No me altero, pero es mi mujer. Es la madre de mi hija. Y sé que ella está deseando ver a su mamá. ¿Verdad, princesa? –preguntó con una sonrisa mirando a su hija que sonrió al ver a su padre tan relajado.

            No hubo discusión ninguna, no era el momento. Uno de los policías les instó a que le acompañasen pues les llevaría al hospital en el coche patrulla.

            Por el camino, Cristian no paró de dar las gracias en voz baja mientras abrazaba a su hija con mucho cariño y devoción. Había llegado a pensar que no volvería a ver viva a su mujer. Era cierto que estaba malherida, pero seguía con vida, su princesa seguía viva y volvería a su lado.

            Al llegar, Cristian se bajó del coche con Evelyn como una exhalación. Tenía demasiada prisa por ver a su mujer, no era el momento de tomarse las cosas con calma, ansiaba poder volver a mirarla y sentirla cerca.

            Preguntaron dónde se encontraba y cuando les dijeron la habitación, él no esperó a su cuñada y su amigo. Se marchó escaleras arriba, el esfuerzo no sería nada si tras esos tramos de escaleras volvía a reunirse con su mujer.

            Cuando estuvo frente a la puerta, intentó calmarse un poco, respiró hondo y abrió la puerta con cautela. Allí estaba ella, con un policía y un médico junto a su cama. Ambos con gesto serio.

            -Hola. –dijo Cristian.

            -Usted debe de ser su marido.

            -Sí, así es.

            Mientras respondía se puso a mirar a Melinda, se la veía con peor aspecto que en la fotografía. Muy magullada, con heridas, y rodeada de cables y máquinas, y estaba inconsciente.

            Se acercó a ella y acarició su rostro con la mano que tenía libre, pues con la otra tenía a Evelyn en brazos. No pudo evitar que sus ojos se pusiesen llenos de lágrimas a punto de desbordarse.
           
            Cuando la pequeña Evelyn reconoció a su madre, empezó a hacer sonidos guturales y a intentar acercar las manos a ella. Su padre la ayudó, colocándola al lado y la niña tocó con sus pequeñas manitas a su madre.
           
            -¿Se va a recuperar? –preguntó entonces Cristian cogiendo de nuevo a su hija.

            -Si. Yo sé que tiene mal aspecto, pero todo se curará sin problemas. No tiene que preocuparse por su estado físico. En cuanto al estado psicológico… lo veremos cuando despierte. –explicó el médico con mucha calma.

            -Y… ¿La violaron? –preguntó temeroso de la respuesta.

            -Traía la ropa muy rota, pero la hemos examinado y no hemos visto ningún indicio de violación.  

            -Gracias… de verdad, muchas gracias…
            -Es mi trabajo. Si se despierta avíseme.

            Cristian se quedó a solas con su mujer pues el policía y el médico salieron fuera. Pocos segundos después entraron Delia y Kirian que no habían podido seguir tanta rapidez del joven.

            Al ver a Melinda en ese estado, Delia se puso a llorar y a abrazar a su hermana con mucho cariño. La había añorado tanto… Kirian estuvo apoyándola pues sabía lo mucho que había sufrido por todo lo sucedido.

            Mientras, Cristian les estuvo contando todo lo que le había dicho el médico sobre el estado de salud de Melinda mientras se relajaron ligeramente al ver que todo había terminado bien y que ella estaba de nuevo junto a su familia.
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