Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 10 de febrero de 2012

Venganza capítulo 2

Capítulo 2

Entraron en la casa de Cristian y Melinda se quedó asombrada por todo lo que vio. Estaba muy bien decorada, en tonos blancos y negros, era bastante amplia y luminosa.

Después de ver las dos habitaciones libres, el baño y todas las demás estancias de la casa, Cristian la observaba con mucha atención. Y después fue hasta la cocina para servir algo de comer.

Se sentaron en el sofá mientras la tele daba un poco de ambiente a ese silencio que ninguno de los dos sabía cómo romper. Empezaron a hablar de cosas banales y sin importancia.

Poco a poco empezaron a soltarse, hablando más y más. Hasta que se les hizo muy tarde, y Melinda se quedó dormida por el cansancio. Él sonrió al verla así, parecía un hermoso angelito y decidió llevarla en volandas a una de las habitaciones.

Dos días después, Melinda continuaba en la casa de Cristian por expresa petición del joven. Él estaba maravillado con ella, y Melinda no sabía lo que sentir o cómo reaccionar. No sólo por lo guapo que era, si no por lo mucho que le estaba ayudando sin conocerla de nada.

Decidió recompensar al joven, haciendo las tareas del hogar, comprando, y haciendo todo lo que podía. De esa forma no sentía que se estuviera aprovechando de la bondad de Cristian.

-No es necesario que hagas todas las tareas. –dijo él uno de los días al ver lo atareada que estaba la chica.

-Quiero hacerlo, es mi manera de agradecerte que esté en tu casa aprovechándome de tu buena voluntad.

-No digas eso. Además, yo estoy alegre de tenerte aquí. Una casa sola puede llegar a ser muy aburrida. Y no iba a permitir que estuvieras en la calle, y mucho menos después de lo que te hizo ese…

-Creía que era tu amigo.

-Y yo también lo creía… pero un hombre que hace eso me parece un cobarde, y yo no quiero amigos así. –contestó muy serio.

Melinda se quedó callada, la verdad es que veía lo íntegro que era Cristian y se había quedado sin palabras. Además no podía negar que físicamente le atraía. Pero no quería ni acercarse a él en ese sentido. No tan pronto y mucho menos después de lo ocurrido.

Los días pasaban y Melinda continuó en la casa por petición del joven. Ella accedió a cambio de hacer las tareas domésticas como compensación. Empezaron a ser amigos, aunque lo que ella no sabía es que Cristian estaba empezando a enamorarse.
Las conversaciones cada vez eran más largas, sobre temas más íntimos. Cristian estaba cada día más enamorado, pero no era capaz de decírselo. No se sentía con fuerzas porque imaginaba que ella le rechazaría.

Así que optó por lo que le parecía mejor. Fingiría que no sentía nada por ella, que sólo eran amigos. Y tras varias semanas, se convenció de ello hasta tal punto que no solía ser muy afectuoso con ella para evitar que esos sentimientos salieran a la superficie, no podía permitirlo.

Lo que él no sabía es que Melinda trataba de hacer lo mismo. Casi sin darse cuenta, pasó más de un mes. Ambos habían aprendido a esconder y olvidar lo que sentían. Se trataban como amigos, como buenos amigos.

Solían ir alguna que otra vez a cenar o al cine, pues sólo se tenían mutuamente. Eran el apoyo mutuo para cualquier cosa que surgía en la vida diaria. Un sábado, decidieron ir al cine.

Salieron sobre las siete de casa, pues irían a una sesión ya de noche, les gustaba más el ambiente más adulto que se veía por el cine. Fueron en el coche de Cristian, con la música puesta y hablando distendidamente.

Compraron un bol de palomitas grandes para los dos y un par de refrescos, como hacían siempre que iban al cine. Sobre todo era una costumbre de Melinda, que decía que el cine sin palomitas no era lo mismo.

Durante la película, les gustaba comentar en voz baja las cosas que más les llamaban la atención. Después salieron riéndose y hablando sobre lo mucho que les había gustado la película.

Fueron caminando tranquilamente hasta el coche. Lo habían dejado en la parte exterior del centro comercial porque no habían encontrado sitios más cercanos al centro comercial.

Hablaban y se reían juntos, como siempre. Aunque a Melinda le dio un escalofrío. Cristian se dio cuenta de ello y le pasó el brazo por los hombros para darle un poco de calor.

Pero de repente, un chico alto y muy fuerte apareció delante de ellos con una pistola en la mano que les apuntaba directamente. Ambos se quedaron parados y Melinda se apretó contra Cristian buscando protección.

-¡Dadme todo el dinero! –gritó apuntándoles.

-No nos hagas nada. Toma el dinero. –dijo Cristian sacando la cartera del bolsillo.

El chico cogió la cartera de Cristian con nerviosismo pero siguió apuntándolos con la pistola. Quiso coger el bolso de Melinda, pero ella se negó, lo cogió con ambas manos y se puso a tirar para evitar que se lo quitase.

Eso sólo hizo que el atracador se pusiera nervioso y disparó el arma. La bala atravesó el estómago de la joven que gritó de dolor y cayó de espaldas al suelo. Cristian gritó y el atracador aprovechó para salir corriendo con su premio.

Cristian se arrodilló junto a la chica intentando taponar la herida. Cogió el móvil mientras continuaba intentando taponar la herida. La joven temblaba mientras siseaba de dolor.

-Tranquila, te pondrás bien. Ya viene la ambulancia. –dijo con la voz temblorosa para intentar calmarla.

-Quiero decirte… que…

-Sshh… no hables.

-Te quiero… -dijo mientras tosía sangre y temblaba. Su cuerpo se estaba poniendo frío por momentos.

-Te quiero.
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2 rosas :

Eli :D dijo...

dios porfavor no me dejes asi mucho tiempo, tengo ganas del sigiente, ya se an dicho te quiero :D

Alberto dijo...

No me había dado cuenta de que habías publicado más capítulos!!
He de decir que me sigue encantando *-* Ese final... Dios! Tengo que seguir leyendo ;)

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