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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 23 de febrero de 2012

Venganza Capítulo 3

Capítulo 3

            En ese momento, ambos sonrieron por haberse confesado sus sentimientos, esos que llevaban tanto tiempo guardando en lo más profundo de sus corazones. Cristian besó a Melinda que permanecía entre sus brazos.

            Pero la joven empezó a convulsionarse, tiritaba de frío y la herida cada vez sangraba más y más. Cristian pudo ver cómo la vida se le apagaba de esos ojos verdes tan especiales que le habían enamorado.

            -¡No, no, no te mueras, princesa mía! –gritó él con desesperación.

            Pero Melinda ya no pudo decirle nada a su amado porque la vida se le había escapado hasta que había soltado la última exhalación.

            Cristian gritó para intentar sofocar ese dolor por haber perdido a su amor sin tan siquiera haber podido disfrutarlo. No era justo, habían tenido muchos días para conocerse y disfrutar de algo precioso, pero por miedo se había quedado sin la oportunidad de poder hacerlo.

            Abrazó con más fuerza a su preciosa chica que yacía sin vida entre sus brazos. Todavía le costaba creerse que se hubiera marchado, no era posible, tal vez se trataba de una mala pesadilla. Pero para su desgracia era de lo más real…

            Cuando se calmó lo suficiente como para dejar de llorar, cogió su móvil y llamó a una ambulancia y a la policía. Mientras tanto esperó inmóvil, con la joven entre sus brazos. La observaba y parecía dormir, estaba tan hermosa como siempre.

            Todavía recordaba la primera vez que la había visto. La había salvado cuando su “amigo” la estaba pegando para tratar de forzarla.  Desde entonces habían estado los dos juntos en su casa, pero por miedo no se habían atrevido a vivir un amor que seguramente habría sido muy especial e intenso.

            La policía y la ambulancia llegaron pero ya era tarde para atender a la joven muchacha. Había fallecido y la policía debía interrogarle para averiguar lo que había sucedido.

            Los hechos eran claros y sencillos, un robo que se había complicado por los nervios del ladrón. Cristian estaba destrozado, no sabía cómo continuar, cómo seguir su vida sin ella, sin la joven a la que le había entregado su corazón.

            Seguir con su vida iba a ser muy complicado, sobre todo seguir sólo y sin nadie con quien compartirla. Su casa se le hacía pequeña, como si fuese una cárcel. Sentía como si le faltase el aire, como si a su corazón le costase realizar los latidos que involuntariamente hacía constantemente.

            Pidió la baja por depresión en el trabajo. Necesitaba unos días para reponerse, para intentar superar la pérdida de Melinda, para volver a tener ganas de vivir. Pero lo cierto es que estar en casa le estaba hundiendo más. Cada rincón de la casa le recordaba a su amor perdido.
            Tras varios días, decidió poner la televisión, tal vez distraerse le haría bien. Encendió la televisión pero eso sólo sirvió para ponerle más triste todavía. Todo lo que veía eran malas noticias, de tragedias, robos, catástrofes, violaciones, palizas…

            El mundo era un mal lugar, con malas personas que pegaban, robaban, mataban y violaban… En ese momento, recordó su infancia, cuando leía Comics de superhéroes. Pensó en que deberían existir los superhéroes, que pudieran cambiar el mundo y hacerlo un lugar mejor. Y entonces supo lo que debía hacer…

                                                 ****

            Unas semanas más tarde, paseaba por la calle. Había ido a uno de los barrios marginales de la ciudad. Tenía muy claro lo que buscaba. Pronto dio con ello.

            Escuchó quejidos y ruidos de cosas cayendo. Se acercó al callejón desde donde provenían los ruidos. Y allí estaban… Un hombre alto, muy fuerte y con la ropa mugrienta estaba intentando forzar a una joven.

            La muchacha trataba de escapar, de marcharse de allí, de evitar que ese hombre pudiera conseguir su propósito. Gritaba y lloraba sin éxito ninguno. El hombre se regodeaba mientras sonreía al tocarla y disfrutar de su piel.

            -¡No, por favor! ¡Basta! –gritó ella con desesperación.

            El joven Cristian miró a la chica y no pudo evitar recordar a su querida Melinda. Se imaginó que era ella, que era su chica, a la que no había podido salvar. Tal vez sería la forma de resarcirse, para no sentirse tan culpable.

            Cristian caminó hasta ellos con decisión y con la seguridad de que era eso lo que tenía que hacer. Cogió un palo que había en el suelo y se lanzó contra el agresor. Empezó a golpearle fuertemente y con furia, quería salvar a la chica.

            Le golpeó hasta que el cuerpo de aquel hombre dejó de moverse en el suelo. La muchacha estaba llorando todavía a causa del intento de violación. Miró desconcertada a Cristian, pues pensó que tal vez ella correría la misma suerte que su agresor.

            Pero Cristian se limitó a observar a la muchacha de forma intensa. Se acercó lentamente a ella, mientras la chica se arrinconó contra la pared por miedo a que pudiera hacerle daño.

            -Vete a casa. –dijo Cristian con tono amable.

            -¿Cómo?

            -Vete a casa, ponte a salvo.

            La muchacha miró una última vez más a Cristian antes de salir corriendo para refugiarse en la seguridad de su casa. Cristian se quedó en aquel callejón parado durante unos segundos junto al cadáver del agresor.

            Había matado a una persona pero…era una mala persona. Era un hombre que pretendía violar a una chica inocente. Así que no se arrepentía de lo que había hecho. Se sentía bien por haber sido el salvador de aquella jovencita.

            Miró el cadáver una última vez antes de marcharse a casa caminando mientras pensaba en lo que había ocurrido. Llegó a su casa y se quitó la ropa con la vista perdida. Después se metió en la ducha y dejó que el agua empapase lentamente su cuerpo.

            El agua caía poco a poco mientras el joven estaba con los ojos cerrados. Recordaba lo ocurrido, el asesinato, y lo cierto es que aunque no le había gustado matar a una persona, pero el hecho de haber hecho justicia le había hecho sentirse bien.

            Tenía clara su misión a partir de ese momento. Haría justicia. Defendería a las personas indefensas y que se vieran amenazadas por las malas personas que poblaban las ciudades como si de plagas se tratase.
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1 rosas :

Alberto dijo...

Me está encantando. Ojalá haya nuevo capítulo pronto, porque me tiene enganchado :D

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