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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 16 de abril de 2012

Venganza capítulo 4


Capítulo 4

            Aunque Cristian había decidido ser una especie de “ángel salvador”, tenía muy claro que era algo peligroso. Pues si la policía daba con él, iría derecho a prisión. Pero lo cierto es que le daba igual, él ya estaba en una prisión al no poder estar con su amor perdido.

            Debía ocultarse, que nadie supiera quién era ni cómo dar con él cuando hiciera su justicia personal en ese mal lugar que era el mundo. Se puso a buscar por la casa alguna prenda oscura, y un pasamontañas. Pero… si se ocultaba tras un pasamontañas, la gente pensaría que era un ladrón.

            Así que esa idea estaba descartada, pues quería pasar desapercibido pero que no tuvieran una idea equivocada sobre su misión cada vez que saliera a la calle. Él sabía que podía ponerse en plan peliculero y hacerse un traje.

            ¿En qué estaba pensando? ¿En Batman, en Spiderman? Tal vez se le había ido la cabeza desde la pérdida de Melinda, pero… lo cierto es que sería lo más seguro para evitar que pudieran reconocerle y atraparle.

            Eso sí, no iría con mayas por la calle y los calzoncillos por fuera. Ya de por si le tomarían por un friki, como para encima ir llamando la atención más de lo debido. Estuvo mirando los viejos cómics que todavía conservaba de cuando era niño. Tras varios vistazos a esos viejos y corroídos cómics, decidió que lo más discreto era algo similar a Batman.

            Un traje negro, no demasiado llamativo. Eso sí, nada de máscaras con orejitas de murciélago, no estaba tan demente para ir vestido como si fueran carnavales. Estuvo rebuscando y logró dar con una gorra negra y con una pequeña máscara negra que tapaba los ojos.

            Ese sería el traje elegido. Había cogido una camiseta negra de manga corta, unos pantalones deportivos negros ajustados, la gorra y la máscara. Se lo puso y se miró al espejo. Dentro de la escala de lo ridículo, él se puso un seis. Con la ropa disimulaba bastante, pues parecía que era un deportista, incluso la gorra. Lo que más desentonaba era la máscara, pero tampoco tenía muchas más opciones.

            Como había decidido volver al trabajo, sólo tenía tiempo por las noches para hacer ese nuevo “trabajo”. Pero casi era mejor así. No era muy recomendable que por la tarde le vieran con semejante atuendo, ya que no quería llamar demasiado la atención.

            -Vaya pinta… -se dijo a si mismo esbozando una pequeña sonrisa.

            Pero no podía distraerse, tenía que tener muy clara su misión. Pero entonces fue cuando recordó algo… Necesitaba prepararse físicamente o no podría impartir esa justicia que tanto ansiaba.

            Lo más rápido sería hacer deporte en casa. Además no quería salir demasiado a la calle, que le vieran en demasiados lugares podría ser peligroso. Así que lo más seguro era no arriesgarse. Haría una vida de ermitaño, sólo para poder estar más aislado y evitar que pudieran descubrir su plan justiciero.

            Las semanas siguientes empezó a entrenarse muy duro en casa para poder tener la fuerza suficiente como para impartir la justicia que tanto ansiaba. Sólo se dedicaba a ir de casa al trabajo y a comprar cuando lo necesitaba.

            Trataba de pasar desapercibido en todos los lugares a los que iba, era la manera de que no levantase sospechas ni llamase la atención. No quería que nadie se fijara en él, que fuera la clase de persona de la que no te acuerdas cuando haces memoria de a quién has visto en un lugar.
           
            Aunque claro, el estar haciendo deporte estaba consiguiendo que aumentase su musculatura y su fuerza, y eso provocaba un efecto en las mujeres. Cuando estaba en el trabajo o iba por la calle, siempre había alguna que le miraba con lascivia al notar ese cuerpo tan musculoso y esculpido. Eso le levantaba la moral, y le daba más fuerzas para poder conseguir su propósito.

            Intentaba no poner las noticias, pues todavía no estaba listo para empezar con su misión. Tenía que planificar bien sus “lecciones” de justicia. Tenía que salvar a la gente, que es lo que quería, pero no quería ir a la cárcel por nada del mundo. Además él ya tenía su propia cárcel al no tener a su amor a su lado.

            Un amigo suyo del trabajo, Kirian intentó hablar con él. Estaba muy preocupado por él, ya que casi no hablaba, ya no salía… parecía un fantasma, un alma en pena sin objetivo en la vida, incapaz de sonreír ni volver a ser feliz.

            -¿Te quieres venir esta noche a tomar unas cañas? –preguntó tratando de animar a su amigo a salir.

            -No tengo ganas. Voy a quedarme en casa haciendo deporte.

            -No puedes seguir así, no es bueno para ti que estés tan solo…

            -Estoy bien. No necesito que nadie se preocupe por mí. –respondió de forma cortante.

            -Vamos, necesitas despejarte. Tienes que intentar superarlo…

            -¡Qué me dejes en paz, joder!

            Kirian se fue muy preocupado por su amigo. No quería verle así de deprimido y ofuscado, pero sabía que con lo cabezota que era, no le convencería de lo contrario. Pero le dolía mucho verle así y pensaría en algo para que esa situación cambiase.

            Cristian tenía cosas que hacer, pues pronto quería empezar a hacer su ansiada justicia. Así que quería terminar de prepararse para poder empezar esa misma noche. Pero… estaba nervioso, no sabía muy bien cómo empezar con esa justicia.

            Cuando dieron las doce de la noche, Cristian se enfundó su peculiar traje de “superhéroe” y se miró en el espejo antes de salir, no sin esbozar una expresión de vergüenza por semejante apariencia.

            Caminó por las calles menos transitadas de la ciudad. Intentaba pasar por una sombra para las pocas personas que todavía caminaban por las calles. Intentó buscar a personas a las que “juzgar” por sus actos.

            Y pronto dio con lo que estaba buscando…
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1 rosas :

Mari dijo...

Guapa un capitulo muy interesante, me ha gustado mucho.

Buen martes y besicos

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