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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 30 de enero de 2015

Personaje Entrometido

Hola Dimathian@s!!

Hoy traigo un relato para el reto de Adictos a la Escritura. Espero que os guste.



Kirian y  Delia paseaban tras la cena. Solían ir todos los viernes a cenar al restaurante que estaba junto a su casa y después a bailar. Aquel día no estaban demasiado animados, en especial Delia, que llevaba triste varios días, porque su chico no era el de siempre. Ya no tenía detalles, no decía palabras bonitas… no se sentía amada y tenía una gran lucha interna porque dudaba si debía dejarle o continuar con él.
            Decidió relajarse un poco y dejar de pensar. Bailar siempre despejaba su mente, ya tomaría una decisión por la mañana. Llegaron a una discoteca nueva, llevaba abierta solo dos semanas y todo el mundo estaba yendo para conocerla. Se pidieron unas copas y se pusieron en un lateral donde había una mesita para dejar los vasos. Ninguno de los dos estaba con ganas de hablar, pero bailando se entendían muy bien, se compenetraban tan bien que no tenían ni que ensayar porque los bailes les salían innatos. La manera de bailar de Kirian fue una de las cosas que más le gustó a Delia cuando conoció a aquel moreno de ojos verdes.
Pasadas un par de horas la discoteca estaba muy animada, había muchísima gente y costaba bailar por la falta de espacio.  Como estaban tan distantes los dos, decidieron marcharse, era incómoda una situación así. Caminaron en silencio hasta la casa. Estaban muy cerca de su hogar, delante de ellos apareció un chico de unos dos metros con el pelo largo y enredado. Sostenía una gran navaja en sus manos y su mirada era aterradora.
-Dadme todo el dinero, si no os rajaré el cuello –amenazó con convicción acercándoles la navaja.
-Tranquilo, no queremos problemas –contestó Kirian rodeándola con uno de sus brazos a modo de protección.
            Los dos sacaron la cartera para darle lo que les había pedido. Pero el joven le arrancó del cuello un colgante que llevaba y tiró de las pulseras de su muñeca izquierda. Ella estaba cada vez más asustada, tenía mucho miedo de que aquel hombre les matase. Cuando creyeron que su vida estaba a punto de acabar de una manera horrible, una figura emergió como de la nada. Era alto, casi tan alto como el agresor. No podían verle bien porque ocultaba entre las sombras de la noche, pero pudieron escuchar su voz.
-Vete, déjalos en paz o no volverás a respirar.
            Su voz sonó tan amenazante que el agresor se marchó corriendo como alma que lleva el diablo. Kirian y Delia suspiraron aliviados, aunque ella tenía mucha curiosidad por saber de quién se trataba. Se acercó un poco para que la luz de las farolas le ayudase a ver el rostro del intimidante desconocido. Se quedó boquiabierta cuando se dio cuenta de que era el Capitán América, tan alto, tan fuerte, tan guapo… Desde siempre le había encantado y estaba alucinando de poder verle en persona.
-¡Tú eres el Capitán América! –Gritó emocionada.
-Sí, así es. Escuché que estabais en apuros y por eso vine a ayudaros –dijo esbozando una sonrisa encantadora.
-Sí, sí, gracias por ayudarnos. Nos vamos –contestó Kirian cogiendo a Delia del brazo para llevársela.
-Yo no quiero irme, quiero seguir hablando con él –respondió Delia soltándose del agarre de su novio.
-Me da igual, nos vamos. No voy a quedarme toda la noche aquí con este musculitos. Así que vamos, no me impacientes.
-Que te he dicho que no me voy.
            Kirian se enfureció, estaba cansado de todo. Tenía tanta rabia dentro de ver la sonrisa bobalicona de Delia al observar al Capitán América que su sangre le hirvió por dentro. Levantó la mano para abofetearla, pero el brazo del apuesto superhéroe se interpuso.
-No le vas a hacer daño
-Tú no te metas. Ella es mi novia, es mía y tiene que obedecerme.
-Una novia no es un objeto que poseemos y llevamos de paseo. Además yo estaré encantado de hablar con ella, si es lo que desea.
            Delia observó a los dos hombres con desconcierto sin saber lo que decir. Ella llevaba tiempo con su novio Kirian, pero conocer al Capitán América era algo que no sucedía todos los días, pues era una ocasión única en la vida. Observó a Kirian y con los ojos entristecidos se colocó junto al superhéroe.
-Creo que quiere quedarse hablando conmigo –comentó con una sonrisa triunfante.
            Kirian enloqueció y quiso pelearse con el superhéroe, pero no consiguió nada, tan solo caer al suelo al intentar derribarlo. Se marchó gritándolos e insultándolos, maldiciéndolos a ambos. Delia observó a Kirian con indiferencia, un chico que reaccionaba de manera tan exagerada y violenta no era una buena persona para estar a su lado. El superhéroe se giró para mirar a los ojos a la chica y pudo ver su interior, era una joven sencilla, simpática, cariñosa y adorable; por primera vez en su vida no pensó antes de actuar y se acercó para besar a Delia apasionadamente. Ella se quedó sorprendida pero le devolvió el beso. Cuando se separaron del beso no dejaron de mirarse a los ojos de manera intensa.
-Nunca me había dejado llevar, pero… no lo he podido evitar. Siento la necesidad de protegerte de todos los males del mundo, si tú quieres.  
-Para siempre… -respondió ella abrazándole con fuerza mientras volvió a unir sus labios a los de su salvador.


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DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.