Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 20 de octubre de 2009

En el nombre del amor capitulo 27

27º- Felicidad a medias

Ya estaba de 8 meses, y mi barriguita estaba muy abultada, y cada vez me sentía más cansada. Evelyn ya tenía más de un añito y no hacía más que gatear pero había empezado a dar sus primeros pasos, con lo que teníamos que vigilarla para que no se hiciera daño.

Una noche estaba preparando la cena, pues Cristian estaba a punto de llegar de trabajar. Evelyn estaba a mi lado sentada en su manta, jugando con unos juguetes.

-Ti, ti, ti… -decía mientras hacía una montaña con unas piezas. Pero se le cayeron y se enfadó mucho, y le dio un golpe a las piezas, yo no las vi y me resbalé. Me caí de espaldas al suelo.

-¡Ay! Que daño… -dije frotándome la espalda aún en el suelo. –Cariño, ten más cuidado, mamá se ha hecho daño.-

En ese momento, entró Cristian por la puerta. Como siempre que llegaba estaba en la cocina con la cena, fue directamente ahí. Y cuando me vio en el suelo se asustó mucho y vio corriendo.

-Mi vida, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado? –dijo levantándome con tono muy preocupado.

-Pues nada, la niña, que estaba jugando y se le han caído las piezas, se ha enfadado y las ha revuelto todas, no las he visto y he tropezado. –dije frotándome la espalda, me había hecho mucho daño.

-Amor, tienes que tomarte las cosas con calma, ya falta poco para que nazca el bebé, no tienes que hacer esfuerzos. –comenzó a acariciarme la barriguita.

Me llevó en brazos hasta la cama y me besó dulcemente en los labios. –Descansa mi princesa, yo acostaré a Evelyn.-

Al cabo de un rato, cuando acostó a la niña y lo recogió todo, vino a la cama conmigo. -¿Qué tal mi princesa? ¿Te duele menos? Quizás tenía que llamar a mi padre para que te revisara. –

-Tranquilo si no ha sido nada, de todas formas si mañana me sigue doliendo le llamaré para que me vea. –y le di un beso muy intenso, pero estaba tan cansada que enseguida

Eran las 3 de la mañana, y me despertó una contracción muy fuerte, pero intenté no hacer ruido para no molestar a Cristian que estaba tan dormidito. Me incorporé para quedarme sentada sobre la cama, y esperé, pero cada vez tenía más contracciones y más fuertes. Y no pude controlarme -¡Ay! Uf… ¡cómo duele! –con el alboroto, Cristian se despertó.

-¿Qué pasa mi vida? ¿Te encuentras mal? –preguntó algo angustiado.

-Bueno es que estoy teniendo contracciones. Lo siento no quería despertarte. –me disculpé.

-Por eso no te preocupes, el bebé y tú sois lo más importante ahora. Quizás el golpe si ha sido algo, y te lo tenía que haber mirado mi padre. Voy a vestir a Evelyn y nos vamos al hospital. –Dijo levantándose de la cama

Mientras se vestía y vestía a la niña, yo llamé a Carlisle, y le dije que Esme viniera a cuidar de Evelyn. Me dijo que nos fuéramos directos al hospital, que recogería allí a la niña.

Fui como pude hasta el coche, pero Cristian me sujetaba por la cintura y con la otra mano llevaba a la niña. Nos fuimos al hospital todo lo deprisa que pudimos y allí nos esperaban mis suegros y mi cuñada.

-Tranquila amor, mi madre y mi hermana se van a quedar con Evelyn, y todo va a salir bien. –dijo muy nervioso.

-Cariño, me parece que estás más histérico que yo, además todavía me falta un mes. Así que cálmate. –dije muy tranquila.

Carlisle me estuvo revisando y haciendo una ecografía. Le contamos lo de mi caída y su cara se volvió seria. Eso me preocupó bastante, no era buena señal.

Verás Melinda… tu caída a provocado que se desprenda la placenta y el bebé corre un gran riesgo, hay que provocar el parto o puede pasarle algo malo al bebé, pero como solo falta un mes no pasa nada aunque lo adelantemos. –dijo pausadamente.

Empecé a llorar, tenía mucho miedo por el bebé, que le pasara algo. –Yo… lo siento, Cristian me dijo que tenías que revisarme pero creí que no era nada, yo… no sé que decir, perdón, lo siento. –no paraban de caer lágrimas de mis ojos.

-Cálmate Mel, no pasa nada, tranquila, tienes que intentar no alterarte ¿vale? –sin dejar de llorar lo único que pude hacer fue asentir. –Además yo voy a estar contigo, no te voy a dejar sola, así que no te preocupes.

Me llevaron a la sala de partos, pues no faltaba mucho para que naciera el bebé. Yo estaba muy nerviosa, no paraba de llorar y de moverme. Me ponía de los nervios pensar que por mi culpa podía sucederle algo al bebé. Comencé a gritar, estaba tan histérica que mi corazón me golpeaba muy fuerte contra mi pecho, podía sentir dolor, un dolor que no se comparaba con el dolor de haber podido dañar a mi bebé. Me puse a agitarme y seguí gritando. –LO SIENTO…. MI BEBÉ, LO SIENTO… SOY ESPANTOSA, NO QUERÍA… ¡LO SIENTO!-

-Mi princesa cálmate, por favor o será peor para el bebé. –pero al decir eso, me puse más nerviosa porque le seguía haciendo daño a mi bebé. Así que mi ataque fue peor.

Carlisle me estaba viendo y estaba perplejo. –Cristian, tienes que hacer que se calme o si no si que va a perder al bebé, ¡su vida pende de un hilo!, necesito que la calmes, y no la puedo poner nada porque podría dañar al bebé.-

-Mel, mi vida, necesito que me escuches, tú eres maravillosa, nuestra pequeña está llena de vida y es gracias a ti. Pero si no te calmas le harás daño al bebé. Y yo sé que tú no quieres eso, venga respira conmigo, muy despacio. Sabes que te amo con toda mi alma, hazlo por mí…-

Sus palabras me tranquilizaron y dejé de chillar y de moverme, hasta que me quedé relajada. Pero seguía llorando por todo el daño que le había podido causar a mi bebé. No tarde casi nada en dar a luz, y se dieron prisa para que al bebé no le pasara nada.

Carlisle me lo enseñó con una sonrisa en la boca. –Es un niño muy guapo. –lo puso sobre mi pecho, y me quedé contemplándolo. Tenía mi misma cara pero con los ojos azules tan intensos como su padre. – Mi pequeño… siento todo lo que te he hecho…

-Mel, lo has hecho muy bien, cálmate. El niño está sano, solo hay que tenerlo unos días en la incubadora ya que aún es algo pequeño. Pero lo que hay que pensar ahora es en el nombre que le pondremos.- dijo acariciándome la frente.

-Yo… lo siento, seguro que no quieres ni mirarme a la cara… por mi culpa casi le pasa algo malo al bebé. Seguro que me odias. –dije apartando mi cara y comenzando a llorar.

-No te consiento que digas eso, tú para mí eres lo más importante, y nuestra pequeña también. No sabías que iba a pasar eso. Además el niño y tú estáis bien que es lo importante. Y sabes que te amo. –dijo girando mi cara y mirándome a los ojos con una sonrisa.

-Te adoro, mi amor eres estupendo. –Dije devolviéndole el beso.

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