Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 11 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 47

47º- La vida…

En ese momento se le echaron encima los guardias de seguridad inmovilizándola para que no se pudiera escapar. –La policía ya está avisada, vendrán a detenerla muy pronto, mientras reténganla. –dijo Carlisle a los de seguridad.

-De acuerdo. –contestó uno de ellos.

-Melinda, ¿Estás bien? Voy a llevarte a un Box a curarte esos cortes y revisarte. –dijo Carlisle tapándome el corte del cuello.

Llamó a un par de celadores para que llevaran mi camilla al Box y así curarme. Yo todavía no había dicho ni una palabra, estaba conmocionada por lo ocurrido, creía que me iba a matar.

Era cierto eso que decían en todas las películas que un segundo antes de morir, ves pasar toda tu vida como una película, a mi me ocurrió. Sobre todo vi a mis hijos y a Cristian, también a mi hermana y mis padres…

-Melinda… Melinda… -me llamó Carlisle para que saliera de ese estado.

-¿Eh? ¿Qué pasa? –pregunté confusa.

-¿Recuerdas lo que ha pasado ahora mismo? –preguntó intrigado.

-Pues… sí… Elena vino, intentó matarme… -dije comenzando a llorar.

-Tranquila, que ya se la han llevado… -dijo abrazándome para consolarme.

-¿Cómo es que estabas allí? –pregunté secándome las lágrimas.

-Pues pensé en llevarte yo a la habitación y así verte, y por eso estaba allí. Y menos mal… -contestó cogiendo mi mano.

-Y ¿Cómo sabía ella que estaba aquí? –pregunté muy intrigada.

-Por lo que he podido saber, una amiga suya trabaja aquí en el hospital. Y bueno, se enteró y se lo dijo a Elena. La dejó pasar y bueno te encontró. –explicó Carlisle.

-Ah, entiendo… por cierto, ¿la enfermera está bien? –pregunté algo preocupada.

-Sí, tranquila, solo le hizo una brecha y ya la han cosido. –dijo.

-Menos mal… -dije en un suspiro. –Menudo día… solo quiero descansar… y te quería pedir que no le dijeras nada a Cristian.

-Pero Melinda, aunque quisiera callármelo, tienes los cortes, se va a tener que enterar de todas formas. Tranquila yo se lo diré. Vamos a llevarte ahora a la habitación, que esto ya está curado. –contestó con una sonrisa.

-Tienes razón, aunque espero que se controle, ya sabes cómo es. –dije abrazándole.

Para mí él y Esme eran mi familia, no porque fueran mis suegros, sino porque eran como mis padres, me cuidaban y me querían, me sentía protegida por ellos y se preocupaban mucho por mí.

Llevó la camilla a la habitación, le ayudaron los celadores. Entramos y la sonrisa que había puesto Cristian por saber que volvía de la prueba, se desvaneció al verme varios cortes cosidos, sobre todo el del cuello y la cara.

-¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien? ¿Cómo te has hecho eso? –preguntó atropellando sus propias palabras.

-Tranquilízate, hijo. Ahora te lo cuento, pero tienes que estar calmado. –dijo Carlisle con voz serena.

-Bueno, pero dime ya lo que le ha pasado a mi mujer. –contestó Cristian apretando los puños.

-Elena, ha venido y bueno… intentó atacar a Melinda. Por suerte llegué a tiempo. –explicó.

-¿Qué llegaste a tiempo? Mira cómo la dejó. –contestó enfadado.

Parecía que le desagradaba verme, que no quería que estuviera a su lado. Y tal y como dijo “mira cómo la dejó” me dio la impresión de que lo dijo incluso con asco. Inevitablemente me puse a llorar por su actitud.

-¿Por qué lloras? –preguntó intrigado.

-¡Déjame en paz! –dije entre sollozos girándome para no mirarle.

-¿Qué he hecho? –preguntó indignado.

-Cristian, Melinda ha pasado una experiencia traumática, lo que menos necesita ahora es que estés borde con ella. –comentó Carlisle.
-Tienes razón, lo siento. Perdóname Mel, soy un desconsiderado. –dijo rozando mi espalda.

-Déjame… quiero estar sola un rato. –contesté entre sollozos.

-Hijo, mira mejor nos vamos a que pasees un poco, y así Melinda podrá estar un rato a solas. –comentó Carlisle.

-Pero, no quiero dejarla sola, no sea que la pase algo. –dijo Cristian con voz preocupada.

-Bueno, dejaré a un vigilante en la puerta para que no entre nadie que no sea de la familia. –contestó.

-Descansa Mel, te amo. –susurró Cristian.

Yo no respondí, en ese momento estaba saturada, de todo lo ocurrido, el accidente, el hematoma, lo de Elena, los cortes… estaba superada por la situación, no podía más con todo aquello.

Quería pensar, quería estar tranquila, relajada, no pensar en nada, en nada más que en estar tranquila por el bien del bebé que llevaba en mis entrañas, no podía ponerlo en peligro.

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