Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 13 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 12

12º- Instintos…

-Pues tal vez… menudo manotazo me llevé. –comentó Cristian.

-Con mis lacasitos no se juega, son míos…. –dijo apretando la bolsa ya vacía con más fuerza.

-¿Ya te acabaste una bolsa? –preguntó asombrado.

-Jeje te dije que era de record. –contestó Darío.

Darío y Cristian habían hecho buenas migas. Darío estaba algo triste por no ser él quien ocupara el corazón de su querida Melinda. Pero había comprobado que Cristian no era mal tío y que la quería de verdad. Así que quiso irse para dejarles a solas, pues aunque lo viera con buenos ojos, ver cómo se besaban o se daban muestras de cariño, de momento era demasiado.

-Bueno, yo me voy, ahí os quedáis. Yo que tú Cristian, cogía otra cosa de comer, porque si pretendes comer lacasitos lo llevas claro… -dijo riéndose.

-Me parece que tienes razón. Bueno tío, nos vemos. –comentó dándole la mano.

Melinda se levantó y le dio un abrazo, tal como hacía siempre, él tan solo sonrió. –Mañana hablamos.

-Eso espero, como no llames te pego una colleja de las que dejan marca. –dijo fingiendo estar enfadada.

-Uy… ¡qué miedo!.... –temblaba de broma.

-Si, si… tú ríete, que verás…

-Bueno, que eso, que te cuides ¿eh? Mañana te llamo. –le dio un beso en la mejilla y se marchó.

Melinda volvió al sofá y buscó su bolsa de lacasitos, pero no la encontraba. -¿Buscabas esto? –preguntó Cristian con la bolsa en la mano.

-Dámelos.

-Mm… creo que no, tengo hambre.

-Oye, dámelos o te pego una colleja pero en serio. –dijo Melinda.

-¿Ah si? A ver, lo estoy deseando. –dijo con cara divertida.

Melinda se acercó a él, Cristian la atrapó entre sus brazos, levantándose del sofá y comenzó a besarla por el cuello. Ella no estaba preparada para esa respuesta, no la había previsto, y su beso… le estaba nublando el juicio.

Ella se dejó llevar, olvidando todo, se pegaron a la pared y comenzaron a besarse de forma intensa, sus alientos se mezclaban, jugueteaban con sus lenguas… y Melinda sentía que un fuego se encendía en su interior.

Cristian metió la mano por debajo de su camiseta y empezó a acariciarla muy lentamente, estaban muy cerca, acariciándose, dándose amor, intentando sofocar ese fuego que estaba ardiendo en su interior.

Pero escucharon las llaves en la puerta de casa, y se asustaron de golpe, se separaron y se sentaron en el sofá, intentando disimular. Aunque les resultaba difícil pues aún estaban agitadas sus respiraciones.

-Hola, estamos aquí. –dijo Dennis.

Entró en el comedor con Annette. Melinda y Cristian habían vuelto a mirar la película para intentar disimular, y Marcos estaba en el sofá. –Hola, ¿Qué tal el día?

-Bien, muy tranquilo. Marcos se porta genial. –comentó Melinda.

-Yo en el conservatorio, bien, como siempre. –dijo Cristian.

Annette se acercó a Marcos, y con mucha delicadeza lo cogió en brazos. –Mi pequeño, te extrañaba…

-Mami, manito y la pofe guapa se dan besitos. –comentó riéndose.

Melinda y Cristian abrieron los ojos como platos y se pusieron rojos como tomates, Melinda, agachó la cabeza, estaba pensando en eso de “tierra trágame”. Dennis empezó a reírse.

-Bueno, está claro que no os aburrís…

-Yo… -empezó a decir Cristian.

-Tranquilo, si no pasa nada, es normal. Sois jóvenes. Me parece estupendo, además se ve que Melinda es encantadora.

-Gracias…

-¿Te quedas a cenar? –preguntó Annette.

-No puedo, llevo 2 días sin ver a mis padres, y tengo ganas de poder usar mi ropa. –comentó ella sonriendo tímidamente.

-Bueno, entonces te llevo. –se ofreció Cristian.

-Vale.

Melinda se despidió de Marcos, Annette y Dennis y se marchó con Cristian hacia el coche, su precioso Honda Cívic plateado. Se montaron y Cristian se puso en marcha, Melinda le indicó por dónde ir para llegar a su casa.

Llegaron y Melinda fue a sacar la llave, pero se extrañó al ver la puerta abierta. –¡Qué raro! La puerta está abierta… -comentó Melinda muy extrañada.

-La cerradura está forzada, tiene arañazos… -dijo Cristian muy serio. –Espera aquí.

Melinda se estaba poniendo muy nerviosa… -No, yo entró contigo, no quiero quedarme aquí fuera…

-Está bien, pero pégate a mí y no te separes por nada del mundo. –contestó muy serio Cristian.

Cruzaron el umbral de la puerta muy lentamente, daban pasos lentos y observaban toda la casa, todo estaba desordenado, todo estaba tirado por el suelo y roto. A Melinda se le empezaron a poner los ojos llorosos, le cogió la mano a Cristian, que le dio un apretón para intentar transmitirle fuerzas.

Entraron al comedor y ambos se horrorizaron ante la imagen, Melinda se puso a chillar y llorar como una desesperada. Cristian la cogió por la cintura y la abrazó fuerte, ambos estaban impresionados por lo que estaban viendo…

1 comentario:

  1. ooooohhhh.... que suspense... me gusta mucho la historia!

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