Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 19 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 30

30º- Inesperado

Cristian entendió lo mucho que amaba a Melinda, se compenetraban, se comprendían y lo más importante, se amaban con todo su corazón. Se besaron de forma muy tierna, y la niña ante tanto ruido se espabiló y les daba golpecitos con las manitas.

Ellos sonrieron, la miraron atónitos, era un milagro, que había surgido de un profundo amor. Cristian se dio cuenta de que hacía un rato que tenía que haber dicho a los demás que pasaran a conocer a la niña. –Uy… voy a decirles que pasen. Delia estaba ansiosa por conocer a la niña.

-Claro, que pasen, que estoy deseando verlos a todos. –contestó con una sonrisa. –Pero déjame a la niña que aún no he podido ni cogerla…

Él sonrió y la depositó delicadamente entre los brazos de Melinda, y él mientras fue a decirles que pasaran a verlas. Entraron, las primeras fueron las chicas, aunque Adriana iba despacio pues le costaba caminar, en muy poco ella daría a luz también.

Abrazaron a Melinda y casi se pusieron a llorar de la emoción, pues habían estado muy preocupadas por su salud. Se quedaron embelesadas por la pequeña, no paraban de hacerle carantoñas y fotografías.

-No me hagáis fotos, estoy espantosa… -intentó taparse Melinda.

-Jamás estarás espantosa. –dijo Darío.

-Pues claro que no, mi futura mujer siempre está hermosa. –intervino Cristian.

-Ohhh, ¡qué mono! –dijeron Delia, Adriana y Samanta al unísono.

Cristian se sonrojó e intentó taparse, los demás se rieron desmesuradamente ante su reacción. –Venga, anda casanova, dinos como se llama tu princesita. –intervino Darío.

-Pues se llama Evelyn. –dijo intentando cambiar de tema.

-Es un nombre precioso. Pero me suena de alguna película o algo ¿no? –contestó Adriana. –No era de… Una de esas películas que te gustan tanto… ¿La momia?

-Lo cierto es que sí, pero es que me gusta mucho el nombre. –confesó.

Estuvieron un par de horas hablando muy relajados, aunque habían tenido un pequeño susto, todo se había solucionado bien. Pasado un rato, Adriana empezó a sentir molestias, y cuando quiso decirle algo a Pedro, sintió que un líquido salía entre sus piernas empapándola.

-Oh, oh… creo que viene el bebé. –dijo mirando tocando su barriguita.

-¿Cómo? ¿Ahora? –preguntó Pedro poniéndose histérico.

-Calma. Estamos en un hospital soy médico y Kirian también, así que no hay que ponerse nerviosos. –comentó Dennis muy relajado. –Voy a examinarte. Ayudadme a tumbarla en la otra cama.

Darío y Pedro la cogieron con delicadeza depositándola en la cama con sumo cuidado. Entre Dennis y Kirian la estuvieron revisando. –Pues sí, el bebé ya viene. –afirmó Dennis.

-Y parece que tiene prisa, está dilatando rápidamente. –añadió Kirian.

-¿Qué hacemos? ¿Qué hago? ¿Qué hacemos? –repetía sin pensar y dando paseos por la habitación.

-Cálmate, que te va a dar un ataque, tío. –comentó Darío al ver su reacción.

-Nos llevamos a Adriana a la sala de partos, ¿tú vas a querer estar en el parto?

-Sí, si, yo quiero entrar. –estaba eufórico.

-Bueno pero te tranquilizas o no entras. –contestó Kirian.

-Está bien. –dijo respirando hondo.

Fueron a la sala de partos Kirian y Dennis llevando la cama y Pedro los seguía. Los demás se quedaron en la habitación a esperar, aunque por lo que habían dicho, no tardaría mucho en dar a luz si estaba dilatando tanto.

Mientras estuvieron con la niña, hablando, haciéndose fotos, aunque la niña no tardó en dormirse a pesar del jaleo de la habitación. Melinda estaba exhausta y también cayó en un profundo sueño.
Cristian no paraba de mirarla, estaba tan ensimismado que no se estaba dando cuenta de que le estaban hablando. –Cristian, que si quieres venir a la cafetería a tomar algo, te lo he dicho 3 veces. –dijo muy bajito.

-Perdona, estaba distraído…

-Ya sé en qué estabas distraído… se te caía la baba. –dijo riéndose a carcajadas.

Cristian se había sonrojado, pero en seguida empezó a reírse también, se fue contagiando la risa a los demás. Con tanto reír y reír, terminó despertándose Melinda. –Mm… ¿De qué os reís?

-Nada, tu futuro marido, que se le estaba cayendo la baba. –contestó Darío muy divertido.

-No te metas con él, que sabes cómo soy. –dijo muy seria.

-Uy sí… una furia como la de los titanes… -se burló.

Se fueron a picar algo mientras esperaban a que terminara el parto de Adriana, aunque Cristian no quiso entretenerse mucho, pues no quería separarse ni cinco minutos de sus dos chicas.

Además no paraba de pensar en lo ocurrido con Walter, le preocupaba que al vivir en el barrio de Melinda, pudiera hacerle algún daño, y no solo a ella, a la niña también. –Estás pensando en lo que ha pasado con Walter ¿Verdad?

No paro de darle vueltas. Pero no quiero volver a perderla, no podría soportarlo. –contestó abatido.

-Pues en eso llevas razón. Sabes que ella es muy independiente, pero también te entiendo a ti. Yo creo que debes denunciarle.

-Pero ¿con qué motivo? No llegó a hacer nada a Melinda.

-Bueno, lo del chantaje ya es suficiente motivo. –respondió Darío.

-Eso es verdad. Tienes razón, le pondré una denuncia y si hace falta una orden de alejamiento.

-¿Vas a ir ahora? –preguntó con curiosidad.

-Mejor espero a que nazca el bebé, y le veo y luego ya voy.

Subieron a la habitación, y Cristian sonrió desmesuradamente al ver a su querida Melinda con su pequeña princesita en brazos, eran las dos personitas más lindas del mundo.

-Ya ha nacido. Ha sido un niño, le van a llamar Marcos. –comentó Melinda.

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