Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 25 de abril de 2010

Ardiente pasión capitulo 9

9º- Depresión casi mortal

Los días pasaban y Melinda veía por las escaleras o el ascensor a Darío que no le miraba ni decía una palabra. Como mucho la miraba con cara de desprecio y se giraba para evitarla todo lo posible.

Melinda se sentía una persona horrible, Darío estaba sufriendo por su culpa. Además con Cristian no había podido verse demasiados días, ya que, había tenido mucho trabajo y poco tiempo libre.

Adriana estaba muy deprimida por sus quemaduras, le habían empezado a hacer los injertos pero su estado anímico no era demasiado bueno, pues iban a quedarle unas cicatrices considerables.

Sin embargo, Delia estaba muy bien con Kirian, se entendían a la perfección a pesar de ser algo mayor que ella. Melinda se alegraba por Delia y estaba triste por Adriana tenía el corazón dividido. No solo tenía el corazón dividido entre sus hermanas, sino también por el amor que empezaba a fraguar en su interior por Cristian.

Todos los días iba a ver a Adriana al hospital, y cuando la dieron el alta estaba siempre que podía a su lado, al igual que Delia. Pero las hermanas veían que Adriana iba de mal en peor, estaba muy deprimida y cada vez era insufrible.

Siempre que podían iban a cenar a casa Cristian, Kirian y Pedro para estar con ellas. Pero Adriana estaba sumida en una depresión tan grande que nada la animaba. Hacía semanas que no salía a la calle, se veía incapaz.

Una tarde, Delia había quedado con Kirian para pasar juntos la tarde. Melinda tuvo que salir a comprar y Adriana como cada día se quedó viendo la televisión. No tardó demasiado en volver. –Hermanita, vengo muy cargada, ¿me ayudas?

Adriana no respondió, Melinda no se sorprendió demasiado, pues no hablaba mucho. Dejó la comida en la nevera y se dirigió al comedor para ver a Adriana. Empezó a preocuparse cuando no la vio. Buscó por las habitaciones y en el último lugar que podía mirar era el baño.

Abrió lentamente la puerta del baño, y comenzó a gritar ante lo que estaba viendo. Adriana estaba en la bañera, con las muñecas cortadas y toda el agua estaba teñida de sangre.

¡ADRIANA! NO, ¿Qué has hecho? -gritó con lágrimas de dolor.

Corrió a la bañera para intentar sacarla, y taparle las muñecas. Buscó en su bolso su móvil. Llamó a Pedro. – ¡AYÚDAME!

-¿Mel? ¿Qué te pasa?

-Es Adriana, se ha cortado las venas… -dijo llorando.

-Voy ahora mismo.

Melinda intentaba tapar los cortes para evitar que saliera más sangre. No paraba de llorar abrazando a su hermana. Hasta que se oyó un golpe sordo en la puerta de entrada. Pedro había roto el cierre para poder entrar, no se había molestado en usar las llaves para abrir.

-¡Adriana! –la voz de Pedro sonó desgarrada.

-La he encontrado así, no sé cuanto rato llevaba en la bañera. He intentado tapar las heridas. –contestó Melinda llorando.

Pedro la estuvo taponando los cortes con dos toallas, apretándolas bien. –Vamos, hay que llevarla ya al hospital.

La cogió en brazos y la bajó al coche. Melinda se montó atrás para sujetarla, no había conseguido calmarse. Pedro condujo hasta el hospital como un loco, casi se saltó un semáforo por intentar llegar lo antes posible.

Una vez llegaron pidió ayuda a un celador y la pusieron en una camilla. Se la llevaron y Melinda tuvo que esperar fuera sin poder pasar. Estaba muy alterada pero llamó a los demás para que fueran, a la primera que llamó fue a Delia.

Llegaron lo antes que pudieron y Delia se abrazó fuertemente a Melinda. Las dos hermanas estaban a punto de un ataque de histeria, sin parar de llorar ni gritar por los nervios.

Se abrazó a Cristian para intentar coger fuerzas y contar lo ocurrido con Adriana. –Llegué de comprar y la vi en la bañera. Inten… intenté tapar los cortes pero no paraba de salir sangre… –se miró la ropa que estaba cubierta de la sangre de su hermana.

-Cálmate, seguro que se pone bien. –intentó tranquilizarla.

Tras unos insufribles minutos, vieron salir a Kirian. –He estado ayudando a Pedro. Se ha quedado con ella.

-¿Cómo está? –preguntó Delia abrazándose a él.

-Le hemos hecho unas transfusiones de sangre y parece que se está reponiendo. Ahora mismo está sedada y por precaución la tenemos inmovilizada.

-¿Podemos verla?

-Ahora mismo tardará un rato en despertar, pero quedaros con ella si queréis.

Pasaron a la habitación. Pedro estaba a su lado, cogiéndole la mano. Ella tenía las manos atadas a la cama, las muñecas con dos grandes vendas y se veía el suero y la medicación en el brazo.

……………………

Kirian y Cristian esperaron fuera, no les parecía el momento para estar allí dentro. Pero ambos estaban muy preocupados. –Por si no habían tenido bastante con la muerte de sus padres, ahora esto…

-Pues ha tenido suerte, de que Melinda tapara las heridas hasta que llegó Pedro, si no ya la hubieran perdido también. –explicó a su hermano.

-¿Qué pasará con su hermana ahora?

-Seguramente la llevarán al psiquiatra para que la evalúe. Pero mucho me temo que, tendrá que estar interna en un psiquiátrico, al menos un tiempo. –contestó.

-Esto las va a destrozar. A Delia la conozco menos, pero Melinda al ser la mayor siente que debe cuidarlas, que al no estar sus padres son su responsabilidad aunque sean mayores de edad. –dijo Cristian.

La puerta de la habitación se abrió de golpe, las dos hermanas salieron llorando a abrazar a sus respectivos novios. Ellos las abrazaron en silencio, no sabían qué podían decir en ese instante para intentar animarlas.

-Calmaos, ¿Cómo la habéis encontrado?

-No se despertó. Pero no sé… verla con las vendas y atada a la cama… -dijo Delia entre sollozos.

-Yo no puedo quitarme de la cabeza la imagen de cuando me la encontré en la bañera. –contestó Melinda escondiendo la cabeza en el pecho de Cristian.

-¿Os quedaréis con ella esta noche? –Preguntó Kirian.

-Dice Pedro que no, que se queda él. Que nosotras descansemos, pero no nos gusta la idea de estar solas con toda la casa como está con su sangre… -dijo Melinda intentando calmarse.

-Bueno, si queréis, podemos ir a mi casa. –ofreció Cristian. –Así no estáis solas y no tenéis que estar en la casa, hasta que estéis más tranquilas.

-Me parece bien. –contestó Melinda. –Pero necesito ropa para quitarme esta y yo no quiero pasar por casa.

-Nuestra hermana Samanta te puede prestar algo. Y a ti Delia también.

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