Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 3 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 22

22º- Celos y descubrimientos

-Anda no digas tonterías. Melinda no es esa clase de chicas, y lo sabes de sobra. –respondió Kirian.

-Ya pero… todas las tardes dice que se va con Samanta, habla a todas horas no sé con quien, y los dichosos mensajitos al móvil con los que se ríe a escondidas.

-Estás exagerando, además ¿por qué te iba a mentir? –le preguntó. –Si dice que está con Samanta, pues lo estará. Si no te fías, llámala y lo compruebas.

Dicho y hecho, Cristian estaba demasiado celoso como para dudar si llamarlas o no, la frase de su hermano había sido el empujoncito adecuado. Cogió el móvil y llamó a su hermana. –Dime, hermanito.

-¿Está Melinda contigo?

-Sí ¿No te había dicho que habíamos quedado?

-Si, si, es que… quería preguntarle una cosa.-contestó.

-¿Y por qué no la llamaste a su móvil? –preguntó extrañada Samanta.

-Pues… porque… -intentó buscar una excusa creíble. –porque así hablaba también contigo, hermanita.

-Es que justo ahora… está en… el baño. Ahora cuando salga le digo que te llame. Un beso hermanito. –dijo antes de colgar.

Cristian se quedó con la palabra en la boca, su hermana le había dado largas sobre Melinda. Kirian estaba a su lado impaciente por saber lo que había dicho su hermana.

-Bueno ¿Qué te ha dicho?

-Que está en el baño, y que le diría que me llamase ahora.

-Pues entonces ya está. –contestó tranquilo.

-No, no está. –respondió levantándose.

-¿Dónde vas? –preguntó siguiéndole.

-A buscarlas. Si Samanta está con Melinda en el bar, no diré nada, pero todo esto no me da buena espina.

-No digas tonterías, hermanito. –contestó intentando frenarle. – ¿Es que no puede ser cierto que está en el baño?

-No me fío, y déjame ir porque si no te aparto por las malas. –su voz era sombría, eran los celos que hablaban en su lugar.

Kirian le dejó pasar pero se fue con él, no quería que hiciera alguna estupidez, a parte de la que haría al presentarse en el bar. Por el camino se le ocurrió probar llamando a Melinda, por si Kirian tenía razón y estaba en el baño.

-Mel ¿Dónde estás?

-Pues… con tu hermana tomando un café. –contestó algo dubitativa.

-¿Me la puedes pasar?

-¿Pasa algo, mi amor? –preguntó extrañada.

-Tengo que hablar con ella, un momento. No es nada. –intentó calmarse para que no se le notara lo que pretendía.

-Es que… está en el baño. Ahora le diré que te llame. Adiós. –dijo colgando rápidamente.

-¡Me ha colgado! Me ha puesto la misma excusa barata. ¡Me está engañando! –decía cada vez más enfadado y nervioso.

-Cálmate que te va a dar un infarto. Seguro que todo tiene una explicación lógica. No hace falta que te pongas así. –intentó calmarlo.

Llegaron al bar y Cristian entró como un energúmeno. Pero le sorprendió ver a Samanta, a su lado no estaba Melinda, sino un chico rubio, que tenía cogida la mano de su hermana. -¿Y tú quién eres? ¿Cómo es que le estás cogiendo la mano a mi hermana?

-Hermanito, ¿Qué haces aquí? –preguntó nerviosa.

-¿Quién es ese? ¿Y dónde está Melinda?

-Pues es que… es que… -no sabía lo que decir. – Este es mi novio… no quería que os enterarais así, pensaba invitarlo a cenar este fin de semana. –contestó.

-¿Y Melinda? ¿Dónde está? No me trago la excusa del baño. –dijo muy furioso, estaba enfadándose por momentos.

-Pues… yo… no lo sé. –confesó sin mirarle.

-¡LO SABÍA, es que lo sabía! me está engañando, y mi hermana la encubre. –su enfado iba en aumento, la rabia podía verse en sus ojos, como un virus que lo estaba infectando todo.

No pudieron detenerle, echó a correr y llegó a casa. Su querida Melinda, le estaba engañando con alguien, no podía ser cierto, pero todo apuntaba a lo mismo. Necesitaba descargar su rabia, así que cogió una figurita, de las que adornaban el mueble del comedor y la rompió bruscamente contra el suelo.

Mientras se estaba volviendo loco intentando pensar lo que hacer o lo que sentir, oyó que la puerta de la casa se abría. Se asomó y vio a Melinda entrar con una amplia sonrisa.

Eso pudo más con él, se acercó a ella muy enfadado y la cogió por la muñeca. – ¿DÓNDE ESTABAS?

- ¡Ay! me haces daño en la muñeca. –se quejó intentando zafarse de él.

-Que te dejes de excusas. –dijo zarandeándola. – ¿Dónde estabas y con quién? –preguntó histérico.

-Con… tu hermana. –contestó con la voz temblorosa.

-¡No seas embustera! Acabo de estar en el bar, y no solo tú no estabas con ella, sino que ella estaba con “su novio”. –replicó enfadado.

-Era un secreto. Os lo quería presentar este fin de semana.

-¿Y dónde estabas tú? ¿Dónde vas cada tarde que me mientes y me dices que estás con Samanta?

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