Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 27 de agosto de 2010

Pequeño milagro de amor capitulo 20

20º- Sufrimiento compartido

-Porque nunca he soportado que los chicos guapos se fijaran más en ti que en mi. –contestó.

-Pero si yo en el instituto no ligaba con ningún chico. –dijo.

-Porque eras una estrecha y una vergonzosa, pero todos y cada uno de los chicos de nuestro curso estaban colados por ti. –contestó. –Pero eran tan patéticos, que no te decían nada por si les rechazabas.

-Yo no lo sabía, además ya ha pasado mucho tiempo. –respondió Melinda, que seguía con los ojos tapados.

Marta se acercó a ella y le destapó los ojos. Estaba furiosa pero a la vez sonreía triunfante por ver a Melinda así. -A mi solo se acercaban si me dejaba toquetear. ¿Sabes lo que es que te utilicen como si fueras un juguete? –preguntó.

La miró de arriba a abajo. –Bueno creo que Javier ya te ha estado tratando como un juguete. ¿Acaso te sentiste bien?

-Pero yo no tengo la culpa de que los chicos te hicieran eso… -intentó explicarse.

-Ahora ya sabes como me sentía y me siento yo. –dijo seriamente. –Pero ¿sabes qué? –preguntó y siguió hablando sin esperar una respuesta. –Ahora seré yo la que tenga un juguete, tendré a tu novio para mi solita.

-¿Cómo? –preguntó incrédula.

-El muy patético se ha intercambiado por ti…

Melinda se quedó callada, no volvió a pronunciar palabra, mientras veía como Marta se reía de ella. Media hora después, Javier cogió a Melinda y Marta iba delante. Salieron al patio. Era una casa apartada, estaba sola por lo que se podía ver, rodeada de frondosos árboles.

Entonces Melinda reconoció el coche de Cristian justo aparcado delante. Se bajó del coche y vio horrorizado el aspecto de su novia. – ¿Qué le hicisteis?

-Yo, nada. –contestó Marta.

-Nos divertimos juntos, ¿verdad? –preguntó mirando a Melinda que seguía maniatada entre sus brazos.

Melinda no paraba de llorar, mirando a Cristian con desesperación, como si con la mirada pudiera sacarla de allí. Pero Javier continuó hablando. –Es una preciosidad, y esos gemidos… um… me volvían loco…

-¿Qué? –la voz de Cristian se quebró.

Melinda ocultó su rostro entre sus cabellos despeinados. Marta se acercó a Javier y le susurró algo al oído. Después tiró a Melinda al suelo unos metros por delante. Entonces Marta miró a Cristian. –Ya está libre, ahora vendrás conmigo.

Cristian caminó lentamente hasta que se puso al lado de Melinda. Que seguía en el suelo, medio cubierta por los andrajos de ropa que le quedaban y llorando desconsoladamente.

– ¿Por qué? –preguntó Cristian.

-Cariño, de verdad que intenté impedirlo, me daba asco…

-¿Y por eso gemías? –preguntó furioso.

-Yo no quería. De verdad, intenté impedirlo… -contestó aumentando su llanto.

-Me cuesta creerlo… -dijo apartando la mirada.

Iba a continuar caminando, pero Melinda le cogió del pie. –Por favor… eres lo único que me importa en esta vida.

Cristian se agachó hasta su altura, la miró a los ojos que seguían desbordados de lágrimas. –Debes cuidar de Evelyn por mí. –dijo con gesto inexpresivo.

Se levantó y continuó caminando. Marta se acercó a él para pegarse lo más que pudo. Él permanecía serio. Marta miró a Javier. –Cógela y vuelve a meterla dentro.

-¿Qué? –preguntó Cristian atónito. – ¡quedamos en que la soltarías!

-Ya, pero cambié de opinión. –contestó. –Así Javier podrá seguir divirtiéndose.

Cristian intentó pegar a Marta, pero Javier le golpeó en la cabeza y se quedó sin conocimiento. –Mételos a los dos en la casa. –ordenó ella.

Javier cogió a Melinda que había empezado a arrastrarse por el suelo para intentar escapar, la metió en una de las habitaciones y la ató para que no escapara. Después cogió a Cristian y lo metió con ella.

También le ató. Al cabo de un rato empezó a recuperar la conciencia. Abrió los ojos y se vio las manos atrapadas. Miró a su alrededor y distinguió a Melinda, también estaba maniatada como él.

-Dijo que te soltaría… -se lamentó. –Pero ya nada importa…

-Por favor… perdóname… -suplicó Melinda, su desconsuelo y dolor hacían que cada segundo que Cristian la miraba de esa forma, fuera como una amarga puñalada. –De verdad que intentaba luchar…

-No sé si voy a poder… -contestó. –Tú eras mi princesa…

-Y sigo siendo yo… -dijo entre sollozos. –Por favor… sin tu amor no quiero vivir en este mundo…

Cristian no se veía con fuerzas para responder. En su interior sentimientos opuestos se enfrentaban por ganar. Él amaba con todo su corazón a Melinda, pero saber que había disfrutado mientras un hombre había estado aprovechándose de ella, era tan doloroso… que era incapaz de quitárselo de la mente.

4 comentarios:

  1. DIOS COMO ME GUSTAAA :DDD

    Putaaa martaa :@ ... Suubee otrooo jejejej

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  2. sube otro tia
    esk dios pobre cristian y pobre melinda
    k hija dep uta es marta
    la mataba

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  3. dioooos!!!! tiene k komprenderlooo!!!!! tiene k perdonarlaaa!!!! SUBE OTROOO!!!!! me encantó!!!! besos wapaaa!!!!

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  4. IM-PRE-SIONAN-TE...me as dejao sin palabras!!!!!!me encanta espero k cristian comprenda k melinda lo hizo inconcientemente,porque el cuerpo no la respondia..espero que se arreglen entre ellos dos y que logren salir de ese agujero..a marta la ponia yo con la soga al cuello.. y entonces sabra de verdad como se sienten..

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