Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 17 de noviembre de 2010

Juegos del destino capitulo 1

1º- Ayuda de unos desconocidos

Los dos hermanos, salieron fuera para dejarla descansar un rato. Un poco más tarde llegó su padre con su hermana.

–hola papá. -Dijeron los dos.

-Hola hijos, ¿Qué tal? –preguntó él.

Dennis era un hombre muy apuesto y atractivo, tenía también los ojos azules como el océano, y hacía dos años que se había quedado viudo, perdió a su esposa por un ataque al corazón.

-Tenemos que hablar contigo. –dijo Cristian.

-¿Qué es lo que habéis hecho? –preguntó la voz de su hermana.

Ella se aproximó a sus hermanos. Adriana era una chica, rubia, alta, muy estilizada… una belleza, y tenía los ojos marrones claritos. Les saludó con un abrazo como siempre hacía.

Adriana era la pequeña de la familia y la única chica, así que era la mimada de la casa. Les miró impaciente, pues creía que habían roto algo o rayado el coche de su padre.

-Estábamos volviendo a casa y una chica embarazada perdió el sentido a nuestro lado. De no ser porque la cogí a tiempo, habría caído. –explicó Cristian. –Está en mi habitación descansando.

-¿Se encuentra bien? –preguntó su padre.

-Si, solo fue fruto del cansancio. –explicó Kirian.

-¿La llevaréis luego a su casa no? –preguntó Adriana.

-Se ha ido de casa, ha dejado a su novio y no tenía a dónde ir. No podemos dejarla en la calle.

-¡Pero es una desconocida! ¡A lo mejor está pirada! –protestó en voz alta Adriana.

-¿Qué dices? –preguntó Cristian. –La pobre está sola y embarazada, ¿Crees que la dejaría sola y en su estado?

-¿Qué más te da? ¡SI NO LA CONOCES DE NADA! –gritó su hermana.

-¿Y qué? ¡Solo con mirarla a los ojos veo que es una chica maravillosa! Y no merece sufrir de ese modo. –dijo ligeramente ruborizado.

Entonces, entre tanto grito y alboroto, se escuchó un portazo de la puerta de la casa.

-¡Ha debido escuchar la discusión! –dijo Dennis.

-¡Hay que buscarla! Podría pasarle algo. –dijo Cristian con angustia.

-¡Pero si no la conoces de nada! ¡Así es mejor, ya no tenemos que preocuparnos por ella! –dijo su hermana.

Cristian estaba muy alterado, no pensó en lo que hacía y abofeteó a su hermana. Ella se quedó muy sorprendida ante la reacción de su hermano y se encerró en su habitación.

-¿Se te cruzaron los cables? –preguntó Kirian. – ¿Por qué la diste un bofetón?

-Estaba diciendo cosas espantosas de Melinda.

-Bueno ¡vale ya! -interrumpió su padre. –Tenemos que buscar a Melinda, estando débil y embarazada puede pasarle algo.

Salieron de casa los tres a toda prisa. Cada uno siguió una dirección pero fue Cristian quien dio con ella. La encontró caminando con bastante dificultad, además iba cargada con la bolsa. Él la sujetó del brazo.

– ¿Por qué te has ido? ¡No sabes el susto que me llevé cuando oí que te marchaste!

-Solo soy una molestia y una desconocida, no debiste discutir con tu familia. Yo no soy nada ni nadie. –contestó abatida intentando que las lágrimas no se desbordaran por su rostro.

Cristian la miró nervioso y actuó sin pensar. Cogió el rostro de Melinda entre sus manos y la besó con urgencia. A los pocos segundos reaccionó y se separó un poco de ella.

-Vamos a casa antes de que enfermes. –dijo nervioso cambiando de tema.

Cargó con la bolsa de Melinda y caminó a su lado. Estaba nervioso, no debía haberla besado tan de repente, pero no pudo controlarse. Ella le miraba de reojo, todavía estaba sonrojada.

Tuvo frío y no pudo evitar sentir un escalofrío. Cristian se dio cuenta y pasó el brazo por sus hombros para transmitirla calor. Melinda sonrió ante su ofrecimiento. Llegaron a los pocos minutos a casa.

Llamó a su padre y a su hermano para que regresaran. Él dejó la bolsa en su habitación y regresó con Melinda al comedor. Se sentaron en el sofá sin saber lo que decir, mientras ella jugueteaba con los dedos de sus manos.

Unos minutos después, regresaron Dennis y Kirian. Estaban tranquilos de ver de regreso a Melinda.
–Como médico que soy, fue una imprudencia que salieras así de la casa. Te pudo haber pasado algo en tu estado. –dijo Kirian.

-Yo… no quiero molestar. Ya me habéis ayudado mucho, pero no puedo quedarme. –contestó.

-¿Pero dónde vas a ir? –preguntó Cristian preocupado.

-No lo sé, me buscaré un motel o algo. –dijo. –Aunque no demasiado lejos pues trabajo aquí cerca.

-¿En qué trabajas? –preguntó Cristian.

-Soy maestra de Educación Infantil en el colegio que hay a tres calles de aquí.

-Estando embarazada ya debías estar de baja. –comentó Kirian.

-Todavía estoy bien, además mis niños son muy buenos. Desde que se enteraron de lo del embarazo me tratan como a una princesa, son adorables. –dijo mientras el rostro se le iluminó al hablar de sus alumnos.

-Pero como mucho dentro de un par de meses deberías darte la baja. Cuando más avance el embarazo más ayuda vas a necesitar, y si estás sola no podrás apañarte bien. –aconsejó Kirian.

-No tengo a nadie, solo tenía a mi novio y ya no lo quiero conmigo.

3 comentarios:

  1. ya sabes mi opinion!!=P me encanta al igual que todos!!un besazoo!!

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  2. Me encanta!!!! Se ve que tiene enganche la historia!!! A ver que va a pasar!!!! Espero ansiosa el siguiente!!!!! Tus relatos son muy entretenidos e interesantes!!! Un beso wapa!!

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  3. me encanta tia esta perfecta la historia y k bonito el moemnto beso :)
    yo ubiera exo lo mismo esk diooos me encanta jejeje
    yo kiero un cristian en mi vidaaaa jajaj
    sige asi epsero el sigiente

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