Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 1 de septiembre de 2011

Acechados capítulo 8

Capítulo 8
            Cristian no obtuvo respuesta pues la comunicación se cortó. En ese momento, el terror y la desesperación se apoderaron de él. No sabía lo que hacer. Salió corriendo hasta su casa de forma acelerada.

            Vio la puerta abierta y eso hizo que el miedo y un gran terror se hicieran con él. Entró de golpe dando un fuerte manotazo. Buscó por toda la casa con desesperación hasta que en la habitación estaba su mujer tumbada en la cama con un hombre desconocido a su lado apuntándola con una navaja en el cuello.

-¿Quién eres? ¿Qué quieres de mi mujer? –preguntó a gritos.

-Ella es para mí… -susurró con malicia.

-¿Por qué? ¿Qué pretende?

-Desde hace más de un año he estado soñando con ella, con poseerla, con tenerla para siempre conmigo… -dijo acariciando el brazo de Melinda que estaba atemorizada en la cama.

-¿Acaso la conoces? –preguntó Cristian.

-La vi un día y… La quiero.

-Pero ¿Qué tonterías dices? –preguntó Cristian sin entender esa extraña fijación por su mujer.

-Digamos que… soy caprichoso. –dijo dibujando una sonrisa en su rostro.

            El agresor estaba con su pelo negro enmarañado, ligera suciedad en el rostro y las ropas bastante mugrientas. Estaba muy cerca de Melinda, ella estaba cada vez más nerviosa y su respiración se agitaba por momentos.

-Cristian, ayúdame… -suplicó su mujer.

-Tranquila, preciosa.

-¡Tanto romanticismo me da asco! –escupió el agresor.

-¡Suéltala!

-¡Cierra el pico!

            Cristian quiso abalanzarse contra el agresor, pero éste se acercó más a Melinda. Colocó la navaja más cerca del cuello de ella, mientras que una de sus manos bajó hasta sus pechos. Eso hizo que Cristian detuviese su ataque.

-¡No la toques! –gritó nervioso.

-No me lo vas a impedir…  

-Si pretendes hacerle daño, tendrás que pasar por encima de mi cadáver… -le amenazó.

-Eso es lo que pretendo hacer. –le amenazó.

            El agresor se abalanzó contra Cristian y empezaron una dura pelea, de golpes, patadas… Melinda estaba en la cama muy angustiada, pero sabía que debía hacer algo. Solo había una cosa que en su estado pudiera hacer.

            Cogió su móvil y llamó a la policía, aprovechando que Cristian peleaba con el agresor. Temía por la vida de su marido, pero ella estaba muy asustada y por el riesgo de su embarazo no podía moverse.

            El agresor se percató de la llamada de Melinda a la policía y trató de llegar a ella para evitarlo.

-¡Maldita zorra! ¿Qué crees que haces? –preguntó a gritos levantando la navaja en su dirección.

-¡No te acerques a ella! –gritó Cristian echándose encima de él.

            Volvieron a golpearse, pero en esa ocasión el agresor acercó la navaja a Cristian que estaba desprevenido y le clavó la navaja en la pierna. Él siseó de dolor mientras que Melinda se sobresaltó más todavía.

-¡No! –gritó ella.

            Su marido cayó al suelo retorciéndose de dolor mientras que la sangre de la pierna salía sin parar. Melinda miraba a su marido sin saber lo que hacer, mientras que el agresor sonrió de forma desmesurada.

-Al fin solos otra vez… -susurró.

-¡No, no la toques! –gritó Cristian tratando de levantarse pero sin conseguirlo.

-¡Aparta! –gritó el agresor dándole una patada en el estómago.

            Él siseó de dolor y se retorció en el suelo, haciendo que la sangre de la pierna saliera más deprisa. Mientras el agresor volvió a su tarea. Se acercó a la cama de Melinda y se sentó a su lado.

-Eres preciosa… -dijo acariciando su rostro.

-No quiero que te acerques a mí…

-Solo quiero pasarlo bien… Aunque reconozco que esto va a complicarlo un poco… -dijo colocando la mano en la enorme barriguita de Melinda.

-Te lo suplico, es un embarazo de riesgo, podría perder al bebé… -sus lágrimas estaban saliendo con desconsuelo.

-Yo quiero follar contigo, que me alivies cuando esté cachondo, pero tu bebé me da igual…

            Se acercó a ella, levantando la camiseta, dejando a la vista no solo la enorme barriguita, si no también un bonito sujetador negro que resaltaba sus pechos. El miembro del agresor se puso erecto, Melinda pudo verlo entre los pantalones.

-Por favor… -volvió a suplicar.

            Pero entonces… Sintió unos pinchazos en la parte baja de la barriguita y que un líquido mojaba sus piernas y sus sábanas. Gritó de dolor a causa de los pinchazos y eso retuvo durante unos segundos al agresor.

1 comentario:

  1. me encnataaaa!! aiiis aiiss pobre melindaaa y pobre cristiaaan x favor k aslga todo bn!1 =( sta geniaal sigue asi guapa

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