Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 3 de noviembre de 2012

Minirrelato 17

Zaira y yo habíamos ido a pasar el día a la playa. El día estaba estupendo, con un sol que calentaba lo justo para no asfixiarnos de calor.
Estuvimos todo el día tomando el sol, hablando, comimos allí unos bocadillos que habíamos preparado, y tuvimos un precioso día solo de chicas.

Cuando el atardecer ya nos había saludado, recogimos las cosas, nos fuimos hasta mi coche y quisimos regresar a casa. Por el camino, cantábamos la música que sonaba en mi coche, hasta que no vi un socavón y ambas saltamos un poco en el coche a causa de la velocidad del vehículo, y vi como uno de los tapacubos salía rodando por la carretera.

Paré en el arcén para ver lo que le había pasado a mi coche. Me bajé y observé el coche. le faltaba el tapacubos y la rueda estaba medio doblada y vi que la plancha protectora del motor, estaba en el suelo.
Desde luego me había lucido...
Estábamos en mitad de una carretera sin tráfico y no podíamos volver. Si me ponía a llamar a la grúa debía esperar mucho rato. Decidí intentar la rueda con la ayuda de Zaira,  pero nunca habíamos cambiado una rueda, y ninguna de las dos entendíamos demasiado de coches, así que estábamos perdiendo el tiempo de forma absurda.
Entonces vimos como un precioso Audi A8 negro se detuvo junto a mi coche. La puerta se abrió lentamente, de dentro del coche salió un chico guapísimo; era muy alto, de piel bronceada, con los ojos azules y una sonrisa que casi nos dejó sin respiración.

-¿Necesitáis ayuda? -preguntó con una voz angelical.

-Sí, gracias. Es que tuve un problemilla con ese socavón y no sabemos cambiar la rueda -expliqué con un ligero rubor en mis mejillas.

No solo nos ayudó a cambiar la rueda, si no que se ofreció a acompañarnos hasta algún lugar para tomar algo y calmarnos mientras le contábamos lo ocurrido. Él escuchaba con atención sin dejar de observarnos.
 Después nos ofreció a cenar en su casa, que estaba muy cerca de allí. Nosotras accedimos encantadas pues el chico era un auténtico ángel.

Cenamos tranquilamente los tres en una gran y hermosa casa y después bebimos un par de copas. Y casi sin darnos cuenta acabamos los tres en su cama. Ni Zaira ni yo imaginamos nunca hacer algo así, y mucho menos con un desconocido, pero ambas nos entregamos al máximo y fue una noche de auténtico placer desenfrenado, de pura pasión y placer que los tres disfrutamos muchas más veces a partir de ese día. 

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